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Índice cronológico

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1 Carta / A ti que sufres

Domingo, 2 de mayo de 2.010

A ti que sufres:

Hijo de Dios, a ti que sufres, hoy que es domingo, voy a cumplir contigo mi deber, impuesto por la Santa Madre Iglesia, de dedicar el domingo a Dios, al descanso del trabajo ordinario y a la voluntad de Dios Padre de aliviar al necesitado, a ti.

Hermano mío, hijo del mismo Padre, Dios, y la misma Madre, María, ¡un abrazo! Un abrazo fuerte y cálido, que traspase tu cuerpo enfermo y se pose en tu corazón, que tiene que estar, que debe de estar lleno de Dios. No dejes, hermano mío, hermana mía, que el dolor supla a Dios. No hagas de tu dolor, de tu sufrimiento, el dios que rija tu vida. Tu vida debe ser regida por Dios y no por nada que te pase, aunque sea el dolor, este sufrimiento, la enfermedad. Hermano, hermana, amado por la más bella mujer del mundo: María Virgen; ven conmigo, juntas nuestras manos, y vayamos a María, siempre María, la maravillosa María, y pidámosle perdón por los que no la respetan ni la aman, y pidámosle que, de nuestra parte, pida perdón a Dios, por los enfermos del alma, que ni respetan a Dios ni le aman y, lo más doloroso de todo, que no aceptan su Amor, Amor de todo un Dios que cuida de sus hijos. Mientras tú sufres, Dios te cuida, te mima de continuo, te trata como a un buen hijo, una buena hija; y quiere, Dios Padre, quiere que con tu dolor, y por tu dolor, te unas más a Él, que sufrió tanto al darnos a su único Hijo, Dios mismo, para que matándolo, el mundo se salve sólo con creer en Él, en Jesús de Nazaret, y nombrarlo con total fe.

Vamos, tú y yo, hermano, hermana mía, vamos a confiar el uno en el otro y, teniendo nuestra confianza viva, podremos confiar más y mejor en Dios.

Te voy a pedir un favor antes de despedirme por hoy, te voy a pedir, que confíes en Dios a pesar de lo mal que te lo estás pasando, a pesar de todo tu gran sufrimiento; te ruego encarecidamente que des un voto de confianza a Dios, y creas en su Palabra: “Bienaventurados los que sufren porque ellos verán a Dios”.

Quiero también pedirte algo más, quiero, que a pesar de tu sufrimiento, hagas un propósito, por amor a Dios, por Caridad: y es que durante esta semana hagas cinco actos buenos que por ti mismo, por tu natural, no los harías; quiero, pero quiero que los hagas por Dios, por Caridad. Medita que cosas o palabras son estas que puedes ofrecer a Dios esta semana, junto a tu dolor; cuanto más heroicas sean, más santo te hará Dios, y podrás vivir toda una Eternidad feliz en el Cielo. De eso va la vida, de sufrir, de hacer actos voluntarios de Caridad.

Un abrazo, una sonrisa y una palabra de aliento: ¡Jesús vive! ¡Viva Jesucristo!

Con afecto sincero.

P. Jesús

© copyright

Para quien quiera contestar a la carta, CLICAR AQUÍ, aunque el P. Jesús no podrá responder a cada uno, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por esta persona y sus intenciones. EXPLICACIÓN.

2 Carta / A ti que lloras

Domingo, 9 de mayo de 2.010

A ti que lloras:

¡Hijo, hija!, lloremos… por la pérdida de este ser amado que ha muerto…

Recemos juntos tú y yo; recemos unidos a la Madre de Dios, para que nos alivie de tanto dolor, para que podamos afrontar tan triste pérdida, para que… esté en el Cielo. Amén.

Amados del Padre, yo, como Jesús, tengo predilección por ti, por los que sufren; y tú sufres tanto, tanto…

Cuando uno decide ser sacerdote, tiene miedo, porque es como si el mundo se muriera un poco, porque vivir para Dios, es olvidarse de uno mismo, y la vida en el mundo es muy placentera para los egoístas. Un sacerdote no es jamás egoísta, puede ser un pecador, pero difícilmente será egoísta un sacerdote, porque decide dar su vida para dar vida a Dios mismo en cada Eucaristía.

Los sacerdotes estamos dispuestos a enfrentarnos con la muerte ajena, estamos preparados para administrar los últimos sacramentos y ayudar a bien morir. Tú, tendrías que tener un corazón de sacerdote, aun siendo laico. Te iría bien, dejarías el egoísmo y podrías enfrentarte a la muerte ajena con el corazón atravesado por la certeza de la fe, de que la vida continúa después de la muerte.

Sé que no eres sacerdote, por eso te escribo, porque sé que me necesitas, que necesitas de un sacerdote amigo, yo mismo, que te consuele y te diga que la muerte es vida y que, allí donde está… allí hay la alegría. Eres tú quien sufre, pero no sufren los que van al Cielo, esos son felices para siempre y te esperan, porque nadie deja de pasar por la muerte. Permíteme acompañarte, hijo mío, hija mía, permíteme acompañarte en la vida y en la muerte y en el Más Allá. Por eso soy sacerdote, para acompañarte, para consolarte, para que aceptes la santa Misericordia de Dios Padre, que, fíjate si nos lo puso fácil, que sólo por creer en que Jesús es Dios, tienes vida Eterna.

Cojámonos de las manos y recordemos a esta maravillosa persona que ha partido y nos espera en la Dicha Sin Fin de los hombres de fe, de los discípulos de Cristo, de los hijos de María, tu Madre y la mía.

Cree, cree que está bien…

Tú sí que estás mal, porque sufres mucho, pero… está bien. Muy bien están, los que están con Dios. Y la Misericordia de Dios es infinita; eso también tenlo en cuenta y recemos, recemos con fe, esperanza y caridad.

Un abrazo fuerte que te anime a seguir viviendo con tu fe. Dios vive…

… vive.

Esta semana, por favor, ofrece una Misa por esta persona que partió y te espera, feliz y confiando, en que vivirás con fe, esperanza y caridad. Amén.!

Con afecto sincero.

P. Jesús

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3 Carta / A ti que tienes miedo

Domingo, 16 de mayo de 2.010

A ti que tienes miedo:

Cuando no sabes qué hacer, cuando los acontecimientos inesperados te parten el corazón y sufres de impotencia, tienes miedo.

Miedo a no saber qué pasa, a no saber qué pasará, a no saber qué pasó.

Hijo, hija, no sabrás jamás la verdad de todo ni de todos, ¡quítate de la cabeza el pretender saberlo todo! Dios lo sabe todo, tú confía en Dios y acógete a su Santa Misericordia. Él, Dios, puede hacer cualquier cosa. Puede y quiere ayudarte, pero no preguntes, ¡déjate llevar por el Espíritu Santo, por tus buenas acciones, y confía en Jesús! Sé este niño, esta niña que vive en tu corazón y ten tu mundo personal con Dios. Reza a la Reina de la Paz y, déjame decírtelo nuevamente: confía en Jesús, dale un voto de confianza a Dios. Todo se arreglará, ¡todo! Pero… dale tiempo a Dios a hacer las cosas a su manera; no pretendas hacerlas a la tuya, porque tu manera es limitada; como te he dicho tú no sabes la verdad, tú sólo ves las consecuencias del pecado en el mundo, en todos, pero no ves los corazones. Y… hay corazones grandes en voluntades pequeñas que además tienen muchas limitaciones, ya sea por enfermedad o por debilidad espiritual.

No tengas miedo. Nadie puede hacerte nada malo, si Dios no lo permite; y si lo permite Dios, tú, ¡a callar! Porque debes obedecer, y se obedece confiando en Dios.

Unos ejercicios para quitar el miedo y tener más confianza en Dios:

1 – Después de rezar, dí siempre, ¡siempre!: “…pero que se haga Tu voluntad y no la mía. Amén”.

2 – Perdona a todos, sencillamente porque a ti Dios te lo perdona todo. Se justo. ¡No te escabullas de eso!

3 – Haz penitencia por tus pecados y por los pecados de los demás que te duelen, ¿cómo? ¡Canta un Ave María! Sí, porque quien reza de corazón y cantando, deja de odiar, deja el rencor, y las lágrimas se van.

4 – Escribe de lo que tienes miedo; lo escribes y lo lees al revés, es decir, comenzando desde el punto y aparte último, hasta llegar al principio, ¿por qué te pido ésto? Tú házlo y díme si te ha desaparecido o no el miedo.

5 – Arrodíllate, túmbate totalmente en el suelo, en tu dormitorio, en presencia de Dios, y llora y pide perdón por tus faltas, errores y pecados, y dile a Dios; “¡Padre! ¡¡Papá!!” Dios ama la humildad.

Es doloroso tener miedo, y Dios no quiere, no desea que sufras por algo que no puedes controlar: a los demás. Acepta que Dios te ayuda en todo y te protege de todo, y sólo tienes que ocuparte de no pecar, de perdonar, de aceptar, de sufrir, de rezar y de esperar a que Dios venga a solucionarlo todo, ¡que viene!, ¡que ya está en camino! Mientras no llega, reza el Santo Rosario a la Reina de la Paz, a la Virgen María, Madre de Dios.

Otra cosa más, disfruta de una vida tranquila de paz, procura vivir el silencio y la meditación, sobre todo medita sobre la esperanza y espera, espera y espera. ¡Dios viene!

Rezo por ti. Te llevo en mi pensamiento, y la Santa Misa va también para ti. Amén.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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4 Carta / A ti que sueñas

Domingo, 23 de mayo de 2.010

A ti que sueñas:

Amigo, amiga, dile, cuéntale a Dios tus sueños; haz planes con Dios, que los planes que se hacen con Dios, son que tus sueños sean siempre cumpliendo los diez mandamientos de su Ley, la Ley de Dios, y todo, todo es conseguible en esta vida si se sueña con Dios, si en tus sueños tienes en cuenta la voluntad de Dios; y le expones delante del Sagrario tus sueños, tus planes y proyectos. ¡Bendito seas por contar con el Todopoderoso!

No hay sueños imposibles, sino que hay sueños que, más que sueños, son pesadillas; cuando no se tiene en cuenta a Dios, no son sueños, son pesadillas. Recordemos esto.

Con los sueños que tenemos, hay que pedir en oración a Dios, que nos ayude a planificarlos, a cumplirlos, a llevarlos a cabo, a tener en cuenta que hay que empezarlos con lo que dispongamos, con lo que tenemos a mano; y siempre hay la oración, y ella nos trae, por la Divina Providencia, lo necesario para hacer realidad lo que soñamos.

Sea lo que sea con que sueñes: con salud, con amor, con trabajo, con amistad, con virtudes… todo lo que sueñes tener, díselo a tu Madre, a la Virgen María, Madre de Dios, y Ella, intercederá por ti al Todopoderoso, al que la hizo Madre de Dios siendo Virgen, al que creó todo lo que ves y lo que no ves, a Dios, que la tiene por Madre, por Esposa, por Hija. Confía en Ella, Ella confió en Dios y Dios la tiene por Reina de Cielos y tierra. Es tu Madre, es tu Reina, es la bendita Madre de Jesús, el Dios Amigo, que está en el Sagrario esperando que vayas a contarle tus sueños, y empezar con Él tus proyectos.

Sueña hijo, sueña hija, ¡lo que quieras!, y todo es posible con Cristo. ¡Haz la prueba!

Te regalo un sueño que tengo: La salvación del mundo entero.

Gracias por soñar, por creer en tus sueños y en quien puede hacértelos realidad: Dios de Cielos y tierra.

Sueña. Amén.

Y si estás cansado, cansada de derrotas, de que te digan y te digas  que no sirves para nada, que sepas que hay alguien que cree en ti: Jesús de Nazaret, que hizo realidad el sueño de Dios, de salvar a la humanidad, y que siendo hombre y Dios verdadero, te quiere ayudar para que de ahora en adelante tú puedas, como Él, realizar tus sueños, los sueños que Dios te inspira para que, deseándolos con fe, puedas, de ahora en adelante, dejar tus derrotas y tener victorias en estos sueños que deseas que Dios haga realidad.

Confía en Dios, y Dios hará en ti, si le dejas. Dios es un Dios exitoso, triunfó al crear el mundo y al dar a su Hijo para salvarnos. Pues… entonces… ya sabes en quién confiar tus sueños, sólo en el que puede hacerlos realidad, digan lo que digan los demás. De Cristo dijeron y dicen… pero lo cierto es que Él, Jesús, el Cristo, cumplió con su sueño, con el sueño de Dios: darnos la salvación. Lo estuvo planeando desde el principio, desde que Adán y Eva pecaron; y pasaron siglos y siglos, y los Profetas iban transmitiéndonos sus designios, que se cumplieron en Jesucristo.

Dios hará tus sueños realidad.

Os deseo que soñéis y dispongáis de Dios para todo lo bueno.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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5 Carta / A ti que no sabes perdonar

Domingo, 30 de mayo de 2.010

A ti que no sabes perdonar:

Hijo, hija, amada de Dios, ¿Por qué Dios pide que perdonemos primero si queremos recibir su perdón? ¿No estaría bien primero recibir su perdón y luego perdonar? ¿Es que Dios no puede perdonarnos si no perdonamos? ¿Qué ocurre con todo esto del perdón?…

Nosotros, todos unidos a Cristo formamos su Cuerpo Místico, eso quiere decir que estamos unidos unos a otros en Cristo y con Cristo. Eso quiere decir que nos salvamos por Cristo y nos ayudamos y podemos ayudarnos a salvarnos en Cristo. Eso quiere decir que vamos a una, que juntos vamos a llenar el Cielo Eterno, que juntos vamos a vivir para siempre en la Eterna felicidad sin fin, en el Reino de Dios en el Cielo, eso quiere decir que sí, que somos hermanos realmente, verdaderamente, y más que hermanos, que juntos todos formamos el Cuerpo Místico de Cristo, nuestro Salvador y Redentor, nuestro Dios, el Dios Hijo que es de Dios; y Dios es de María, la llena de Gracia, mujer perfecta por la Gracia de Dios.

Cuando no sabemos perdonar, que no es lo mismo hacer justicia que perdonar, porque se puede y se debe perdonar y, a la vez, hacer justicia por el mal hecho por la persona a la que se debe perdonar y se la perdona.

A veces se cree que no perdonando se hace justicia, que es una manera de hacer justicia por nuestra parte, pero Dios dice también que Él hará nuestra justicia; mas alguno, si no hace él algo, le parece que no habrá justicia, como también piensan algunos que si no hacen ellos algo, “esa persona”, la que sea, no se va a salvar, y luego se agrede la intimidad con motivo de querer salvar a una persona, y más si es una persona amada. Y es más fácil que se quiera evangelizar a la fuerza que perdonar, porque cuando hay algo que perdonar, puede ser que ya no haya amor, y Dios, Jesús nos pidió que nos amemos los unos a los otros.

Dios quiere que Su Cuerpo Místico esté entero, por eso nos pidió que nos amemos los unos a los otros, que nos sirvamos los unos a los otros.

El perdón es necesario darlo, aparte de hacer justicia, que la justicia tiene que ser justa. Un padre a un hijo, si se ha portado mal, lo perdona y lo castiga; así debería ir el orden, primero perdonar y luego hacer justicia, castigar. Muchos creen que, cuando se perdona, hay que olvidarlo, y esto es antinatural; nadie puede olvidar un mal recibido, nadie que esté en sus cabales puede olvidar su historia; por eso perdonar y, para perdonar, hay que querer hacerlo, querer perdonar; y todo lo que se quiere hacer se necesita de un aprendizaje: hay que aprender a perdonar.

Para todo lo que queremos hacer necesitamos de la voluntad, y la voluntad está compuesta de inteligencia, fe, caridad, bondad. Por eso para aprender a perdonar, primero hay que ser bueno, perdonar por amor a Dios, porque amamos tanto a Dios que nos perdona tantas cosas que por este amor a Dios que tenemos, perdonamos, ¡porque si!, porque Dios quiere, y nosotros queremos darle a Dios lo que quiere, aunque nos duela y nos duela mucho, pero la fe nos dice que Dios hará su justicia, que Dios se merece todo nuestro amor y nuestra inteligencia, porque Él nos creó. Saber perdonar es conocer a Dios. Quien no conoce a Dios no sabe perdonar y necesita que tú y yo, que formamos parte del mismo Cuerpo Místico de Cristo, le enseñemos a perdonar. ¿Cómo?… Perdonando y castigando. ¿Cómo es esto? Pues es la forma sana de perdonar, es perdonar por amor a Dios, y por este amor no separarnos jamás de Jesús, y en esto está el castigo, en ser buenos siempre, pase lo que pase, digan lo que digan, porque el castigo para los que nos dañan, si somos inocentes, es no devolver el mal con ningún daño por el que deberían de perdonarnos, porque por amor a Dios, podemos usar de la voluntad y servirnos de ella para que siendo fieles a Dios sigamos fieles a Dios. El castigo mejor es dar buen ejemplo; es usar de la ley civil, si hace falta, y dar siempre el bien. Ser veraces y verídicos, y no querer venganza sino justicia, que la justicia es que todos caminemos el sendero de la santidad.

Hijos de Dios, hermanos míos: paz.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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6 Carta / A ti que buscas vengarte

Domingo, 6 de junio de 2.010

A ti que buscas vengarte:

Hijo, hija, ¡Dios te libre de hacer mal! ¿Quién sería más culpable, la maldad de otro-os que te llevó a vengarte, o tu venganza?

¿Quién vengó a Cristo?

La venganza no es buena, la venganza es el dolor hecho odio. La venganza es el amor perdido. Y… ¿Qué haces sin amor?

Una cosa es la justicia, otra la venganza. La justicia es necesaria. Si te roban, es justo que la justicia se ocupe de que te devuelvan lo tuyo, sea dinero u honra. Pero no te es lícito robar a quién te ha robado, ni calumniar a quién te ha injuriado.

Duele todo daño recibido y duele tener que dominarse. Muchas veces, Dios permite a los santos, que les hagan mucho daño para que, en este dolor, aceptado y redimido por Dios, puedan, sufriendo, mejorar sus condiciones humanas y, de imperfectos, Dios los haga más perfectos.

Hay dos alternativas frente al dolor, o que te haga santo, o que te lleve al infierno, en vida y después de morir.

La persona elije. Tú elijes.

El tiempo que se dedica a las venganzas, es tiempo perdido, es tiempo de Dios, para Dios y su gloria, y no para el orgullo de la persona. Por muy herido que esté el orgullo, hay que acudir a Dios y limpiar el corazón de todo dolor, con la bondad de su Amor. Te debe de interesar más, tener el Amor de Dios que hacer tu venganza. Se puede, se puede si pones tus ojos fijos en la Cruz; allí, donde Jesús murió perdonando, y donde tú y yo tenemos que unirnos a Cristo y, con María, rezar y encomendarnos a Dios, que puede sanar y sana.

No hay amor más grande ni más deseado que el Amor de Dios, y se nos es dado a todos totalmente, infinitamente, porque cada uno es amado en el perdón.

Dios podría vengarse de nosotros y de todo el daño que le hicimos, pero Dios calla y Ama, y es su Amor el único que nos cura de todo dolor. Es su Amor aceptado, el que consigue de nosotros que demos amor a todos, aunque nos duela.

Dios tenga compasión del odio y lo transforme en Amor para Él, el único que no peca, el único que no miente, el único que te Ama de verdad y con total intensidad. Dios. Uno y Trino, y con Él, con Dios, su bendita Madre y Madre tuya, la Virgen del Amor, la Virgen del Perdón.

Reconcíliate con Dios. No odies a nadie y ama a todos porque sí, porque es lo que Dios quiere de ti, y de ti, y de mí.

Amor.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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7 Carta / A ti que deseas morirte

Domingo, 20 de junio de 2.010

A ti que deseas morirte:

 Hija, hijo, bendito seas por siempre, te mando una sonrisa de este sacerdote que a veces ha estado muy cansado de la vida, sin desear jamás mi muerte, sino que como Jesús, Dios, que pasase de mí este cáliz.

 Acabo de leerte, me has escrito así:

 En 13.06.2010 17:33 escribió O. de México

Hace mucho que Dios me abandonó… sólo vivo por vivir y con una gran necesidad de vengarme por el gran dolor y rencor que tengo… ya me cansé de rezar, de ver que nada de lo que más deseo llega… y darme cuenta que cada día me cuesta más trabajo vivir… ¡odio la vida! Quisiera que Dios ya me llevara de este mundo…. En verdad, P. Jesús ¡ya me cansé de rezar y de vivir!

 ¡Ven a mis brazos! Hijo, hija, ¡ven! Que yo también a veces he pensado que Dios parecía que me abandonaba, porque me he sentido solo, sin una mano amiga, sin un rostro amado, y no era porque no los tuviera, sino que no estaban a mi lado, velando conmigo. Hay días, momentos, tiempos, que parece que todos están lejos, porque el dolor y la amargura aprietan el corazón y hacen añicos las ganas de vivir. Te lo digo: necesitas descansar más y mejor; me vives estresado, obsesionado en un punto determinado y te has olvidado de ver todo el paisaje de tu vida. ¡Debes de coger los pinceles y, armándote de valor, tienes que valorar la vida, que por algo te la dio Dios!

 Sigamos un rato más abrazados. Noto tu corazón vencido, te siento derrotado por la humillación que padeces, y no quiero que sientas eso, no quiero que estés tan triste, porque Dios venció a la muerte. ¡¡Vive!!

 ¿Sabes qué? Quiero decirte que Dios te ha llevado a mí para que te consuele, y lo estoy haciendo y lo estoy consiguiendo, te estoy amando en silencio, como tu hermano mayor, con la fe por la que vivo y por la que me dejaría matar algún día.

 Hijo, hija, sigamos aún así unidos en este abrazo de hermanos en Cristo, en esta unión que es la comunión de los santos. Tú vas a ser santa, vas a ser santo. ¡Claro que sí! ¿Quién lo impide? Nadie, nadie puede impedir tu fe.

 Acepta que estás muy triste y te sientes desamparado. Acepta que te estoy consolando, que sólo con mis palabras te basta para que desees volver a pintar tu cuadro.

 A mi me tendrás siempre, porque los sacerdotes estamos unidos a Dios; si no soy yo será otro que te de ánimos y esperanzas. Pero… ¿Por qué no vienes a Casa? ¿Por qué no vienes a la Iglesia? Allí está Dios mismo en persona y puede y quiere abrazarte cuando vayas a comulgar. ¡Pasa antes por el confesonario! Cuéntale al mismo Dios tus penas, tus deseos de morirte, tu falta de fe. De la misma manera que has tenido la valentía de escribirme a mí, vé, ¡vé a la Iglesia y confiésate! Vendrá Dios Espíritu Santo a consolarte, a darte todo el Amor de un Dios que Ama. Y, ¡vé a Jesús!, vé a comulgar y deja que te abrace Dios mismo, porque la fe es creer la verdad, que Dios Jesús vive, vive en la Eucaristía, que realmente cuando comulgas, lo recibes en Cuerpo y Alma, y por 10 -15 minutos, realmente Dios te abraza. Y vé cada día a dejarte abrazar por el mismo Dios en la Eucaristía. ¡No ves que necesitas amor! Hijo, hija, deja que sea Dios mismo quien te abrace. Dame un voto de confianza, cree en mí, cree en mí, que no te miento y que tanto te quiero y por eso me hice sacerdote, para darte el aliento de un sacerdote que cree y te lleva a la fe.

 ¡Ya basta de estar sola-o! ¡Ya basta de sufrir tanto! Y te diré más, a parte de yo, de Dios y la Virgen María, hay quien espera darte su amor, pero estás tan triste que no te has dado ni cuenta. ¡No pierdas la ocasión! Porque además también, hay otras personas que como tú, viven llenas de dolor, y quieren morir, porque no saben que existes, no saben que tú puedes comprenderlas y aceptarlas tal y como son, y empezar juntos una vida de relación de hermanos en la fe, todos imperfectos y llenos de necesidades de afecto. Cree, cree que Dios quiere que vayas a consolarlos, a aliviarlos, a darles tu ejemplo de fe, para que dejen de desear la muerte, para que dejen de morir y vivan para pintar de colores nuevos paisajes en sus corazones. Dáles tu fe, porque sólo la fe puede rescatarte de tus ganas de morir, sólo la fe que te pide: SÉ UTIL A LOS DEMÁS. Sírvelos con todo tu corazón. Mira lo que puedes hacer por otros, además de rezar por ellos, puedes darles tu afecto sincero, con tu educación al hablarles, con tu ternura al comprenderles. ¡Sí! Comprende también a esos que te han dañado y que se han portado tan mal contigo; comprende que NO SABEN LO QUE HACEN, porque viven en pecado. Tú vé a confesarte y sé su ejemplo. ¡Aunque te duela!, y doliéndote y todo perdónalos, porque van a morir, ya que nadie vive para siempre, así que tendrán que vérselas cara a cara con Dios, y Dios hará tu justicia, la de perdonarlos si tu los perdonas de todo corazón; ¡no quieras para ellos el Infierno Eterno! Perdónalos como Dios te perdona siempre. ¡Ve a confesarte! Y sal confortada, confortado, porque Dios te ama y hay un sacerdote, yo mismo, que rezo por ti mientras te estoy abrazando y consolando. Te quiero tanto.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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8 Carta / A ti que deseas ser feliz

Domingo, 27 de junio de 2.010

A ti que deseas ser feliz.

 El hombre, la persona, ¡tú! has sido creado por Dios para ser feliz. El mundo está preparado para hacer feliz al hombre, a la persona, ¡a ti!

 Ser feliz se puede, se puede y se debe ser feliz. La felicidad reside en que uno mismo hace lo correcto, hace lo justo, cumple con su deber sin dañar a nadie. Y, ¡se puede! Se puede ser feliz, se puede cumplir con el deber de cada uno, se puede hacer lo justo y lo correcto, todo eso se puede hacer si se es libre, si no se está atado a nada ni a nadie que nos obligue a hacer lo incorrecto, lo injusto, lo malo, lo cruel.

 Hay personas que quieren que hagamos lo malo, lo injusto…; en nombre del amor que dicen que nos tienen, nos lo piden, nos lo suplican, lloran desesperadamente para que cedamos, o nos insultan y nos humillan para que cedamos a su libertad que decide y usurpa nuestra libertad.

 El poder. Hay quien disfruta teniendo poder sobre los demás, y ver que se les obedece. Incluso van más allá de lo humano, quieren algunos tener poder sobre nuestro espíritu, sobre nuestra vida espiritual. Quieren, en nombre de Dios, que hagamos lo que quieren, y aunque sea algo justo y bueno, pero que va contra nuestros planes justos y buenos también, en nombre de una obediencia, que parece más ley que la propia Ley de Dios, quieren y piden y humillan para tener el poder de controlarnos. San Pedro le dijo a Jesús, a Dios, su opinión sobre el comentario de Jesús, y no era nada malo lo que pedía San Pedro, el primer Papa, pero Jesús le contestó: “Apártate de mí Satanás”. Porque Dios tenía otros planes, planes de dolor, de sufrimiento, de redención.

 Martillean en mi mente estas palabras a San Pedro de Jesús: ¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es de Dios, sino de los hombres”. (Mt. 16,23)

 La felicidad en la tierra no es por la manera de pensar de los hombres sino por el modo de pensar de Dios. Sí, de Dios, porque es Dios quien hizo el mundo para los hombres y no fue el mundo creado por los hombres. Ningún hombre ha creado el mundo; Dios creó el mundo, y lo creó para los hombres, para ti.

 Dios sabe de qué va tu felicidad, porque te creó y te puso en el mundo de los vivos para que viviendo echases en falta su Amor y te dedicases a buscarlo y pudieras hallarlo. Y esa es la felicidad del hombre, ¡tú felicidad es hallar el Amor de Dios mientras vivas!, para sentirlo y, después de sentirlo, aceptarlo y “venderlo todo” para comprar esta felicidad. ¡Haz la prueba! ¡Hazla por unos días! Prueba estas vacaciones a vivir aceptando el Amor de Dios. 15 días. Prueba 15 días a vivir haciendo la voluntad de Dios. Las llamaremos Vacaciones de Amor. Pónte a bien con Dios, haz examen de conciencia y ve a confesar; estúdiate bien los mandamientos, apréndetelos de memoria, no sólo los diez sino los matices de cada uno. Coge el Catecismo de la Iglesia Católica y allí lee y estudia. Te doy el link:

http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2_sp.html

Después de saber lo que Dios espera de ti, que es lo que te hará feliz, y que es el cumplimiento fiel de los 10 mandamientos, eso te dará la felicidad y la libertad de ser lo que Dios espera de ti, porque lo que Dios espera de ti, es lo que eres, que quiere que seas, y hasta que no lo seas, no serás feliz. Te lo diré claramente: tu misión es que cumplas con los mandamientos, con todos y cada uno de ellos; y en hacer esto y viviendo esto, vives la misión que Dios quiere de ti, con el trabajo que te guste y todo lo que te agrade, porque la felicidad tuya es tuya, no es la de otra persona, por mucho que pueda quererte y que jamás ¡jamás! ¡te querrá como Dios!

 Algunas personas viven preocupadas, obsesionadas pensando en cual es su misión en la vida, y tienen un lío mental con esto, cuando es la cosa más fácil de saber, y se sabe viviendo en Gracia de Dios, en onda con Dios, en la misma frecuencia de Dios. Y siendo así, Dios, que es Dios, y siempre hace de Dios, se lo monta, para que te des de bruces con sus designios, y esto lo hace mientras vas viviendo y cumpliendo los mandamientos. Si Él, Dios, está interesado en que seas carpintero, posiblemente nacerás en una familia de carpinteros, como hizo Jesús, Dios, que Dios fue carpintero, repito, Dios Creador y Todopoderoso, fue carpintero en Jesús, Dios Hijo. ¿Por qué quiso Dios ser carpintero? Esto es otro aparte, nos alargaríamos demasiado. Pero es cierto, es verdad, Dios quiso ser carpintero y por eso lo fue en Jesús. Estaría bien como título de una novela: “Dios quiso ser carpintero”. Si tuviera tiempo la podría escribir. (Perdonad el inciso) Dios sabe lo que quiere de ti, y tú sabes lo que y quién ha influido en querer ser lo que quieres ser, si es que sabes lo que quieres ser. Pero a veces son voces como las de San Pedro a Jesús, las que te han llevado a pensar y a decidir lo que quieres ser, y no la voluntad de Dios. Incluso a veces, alguno puede llegar a decirte que lo que más te duele, es lo que tienes que hacer. ¡No te lo creas! ¡Dios quiere que seas feliz! Si Dios quiere que hagas algo, te da lo necesario para que lo desarrolles y llegues a hacer esta vocación personal, profesional, espiritual. Sí, espiritual. Porque a los buenos sacerdotes los elige Dios, y no se hacen sacerdotes para tener una paga segura y un techo y comida y prestigio social entre las personas de su parroquia o congregación. Dios elige a los sacerdotes, pero muchos se han hecho sacerdotes por intereses, por Pedros que se lo han dicho, con buena intención pero no por voluntad de Dios. Dios no es tan complicado, amigos míos, Dios es sencillo, nació en un pesebre, sin complicaciones vino al mundo y fue carpintero, porque su padre adoptivo era carpintero, así de fácil y sencillo es Dios. Todo lo que te da congoja, todo lo que te da frustración y mal humor, no es de Dios. Dios no es complicado; cuando quiere una cosa la hace, así que tú no eres un error, por muchos errores que hayas cometido, tú eres lo que Dios quiere que seas mientras no peques. ¡Eso que te quede claro! A veces, para seguir una vocación y si no hay dinero para los estudios, se malvive para ello, y no, Dios no es así; si quiere algo te ayudará: se ayudará a Sí mismo, ¡es Dios! Y ese negocio fabuloso que has pensado hacer, si no tienes dinero y lo necesitas para empezar, es otro Pedro que te habla, pero no es la voluntad de Dios. Sí que en todo tiene que haber un esfuerzo, y que de los errores cometidos siguiendo a Pedros, Dios saca bien siempre, ¡es Dios!, pero te da cada paliza la vida, ay hijo, ay hija, muchos sufrimientos son por no saber esperar a ver la voluntad de Dios. ¡Y Dios se mete en todo lo tuyo! ¡ya lo creo! Dios es Dios y controla toda su creación. Si Dios dejara de pensar en ti, tú dejarías de existir, por eso si existes es que Dios piensa en ti, pues ¡vive! ¡Alégrate de vivir! Algo bueno sacará Dios de tu vida. Déjalo actuar viviendo en Gracia de Dios.

 La vida va de ti y Dios. Te lo repito porque quiero que te enteres bien y no sufras más para agradar a nadie más que a Dios. La vida va de ti y Dios. ¡Qué descanso! ¡Qué paz saber esto! Deléitate en esta única verdad. Y es fácil agradar a Dios, no va cambiando cada dos por tres de idea, ni te insulta, ni te desprecia si cometes errores, Él te manda confesarte, para que recibiendo Su Amor, que ir a confesarse es recibir su Amor, el amor de Dios, es volver a estar en su onda, la onda del bien, de lo bueno y verdadero.

La felicidad es fácil, ya ves.

 Sólo otra cosa más, que esto os hace perder mucho la paz y con ella se va la felicidad. ¡Vive la pobreza! Aunque tengas dinero, vive la pobreza y da al que le falta. Y da sin que lo sepa nadie, a menos que tengas una fundación y es bueno que los que en ti confían sepan qué das y a quien des. Eso es otra cosa. Sí que puedes darte un extra: visita más a menudo la Iglesia; el extra es ir al Sagrario. Tienes demasiadas cosas y lo sabes; si no lo necesitas no lo compres, no es bueno consumir por consumir, tener por tener. Si puedes permitírtelo, cómprate cosas de buena calidad, antes que muchas baratillas, porque el trabajo es bueno que se haga por y para Dios y tiene que hacerse bien para agradarle más y mejor; y los productos deficientes no es que no sean agradables a Dios, que sí que lo son, pero el mundo tiene que evolucionar a la perfección, por esto el trabajo tiene también que ser una expresión de lo que somos. ¿Te imaginas a Jesús, Dios, haciendo una mesa que se rompe al poco tiempo? Yo no me imagino esto, no puedo, mi visión de Dios no me lo permite. Antes de comprar, piensa, medita, primero si lo necesitas y después que sea de la mejor calidad que puedas permitirte. Sé que me has comprendido.

 ¡Vaya! ¡Cómo me he alargado hoy! Y aún no estoy. Lo que haremos será dejarlo para la próxima carta que también será sobre cómo conseguir la felicidad que Dios nos da.

 Amigos míos, compañeros de viaje, unidos en la oración al Padre, ¡me voy! Pero volveré para daros más fe.

 A ver quien se apunta a las “Vacaciones de Amor”. Estaría bien que el Staff de CatholicosOnLine preparara un lugar para quien se quisiera apuntar con nick, no hace falta el nombre verdadero, si no quiere, pero estaría bien que nos contase su experiencia personal. ¡Vayámonos de Vacaciones de Amor! Yo me apunto, tú también, y ese, y el otro, uuuyyyy seremos muchos, ya lo veo, y vamos a estar unidos vía Comunión de los Santos. ¿Quién dijo que estaba sólo? Prohibido estar sólo-a; aquí vamos a hacer una piña, todos unidos en Dios y por la Comunión de los Santos. ¡Qué gozada! ¡Qué alegría! ¡Qué felicidad! Veis lo que es ser feliz. Sí, lo sé, sé que lo sabes.

 Nos volveremos a encontrar el domingo que viene, no te olvides. ¡Ven! Que seremos muchos, y trae a más. Todos pueden venir. Os espero a todos y más. La Virgen María, no creáis que hoy me había olvidado de Ella, no, eso ¡jamás! Ella está conmigo siempre, es mi Mamá, por eso soy tan feliz, porque tengo una madre fantástica, la que Dios dio a todos, a ti también; acéptala como tal y deja que ella te haga feliz en su felicidad de ser plena de Gracia. Eso os da la felicidad: vivir en Gracia de Dios… Ya os hablaré de ello. Sí, sí, sí. ¡Hasta pronto amigos! Este sacerdote acaba por hoy pero sigue, sigue…

 Con afecto sincero.

P. Jesús

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9 Carta / A ti que deseas ser feliz

Domingo, 4 de julio de 2.010

A ti que deseas ser feliz:

¡Hola amigos míos, tan amados en Dios y por Dios! La verdad, es que continuo la carta seguidamente de terminar la otra, pero  no quería alargarme mucho, porque sé que todos tenemos muchas cosas que hacer. Dios trabaja siempre y es feliz. El trabajo da la felicidad, nos ayuda a ser felices. No es un castigo el tener que trabajar, es al contrarío una alegría ser útil y servir a los demás. Yo no quiero jubilarme nunca, pero… Siempre habrá algo que podré hacer para el bien de todos. Es difícil ser sacerdote porque todos esperáis tanto de nosotros, también Dios espera mucho de nosotros. Dios espera tanto de todos y tiene cada decepción, incluso de los buenos, sí, también de ti. Y es que tienes tanta prisa por vivir, por hallar un lugar en tu vida laboral y social, que no quieres ni ser por unos años carpintero. En cuanto a ti mujer, que te parece hacerte primero una hija de María, una buena hija de Dios Padre y de tus padres y hermanos. Los hogares necesitan mujeres santas, que sonrían al necesitado, al fracasado, al que tiene penas escondidas; que los hombres suelen esconderlas. Cuando veas un hombre con mal humor, es que tiene penas escondidas, es que sufre y necesita afecto. Cuida a los de tu casa, no a los de fuera, digo de hombres, porque los hombres que sufren también hacen sufrir, y sufrir por los de casa bien, pero por los de afuera, mejor reza por ellos. ¿Es que no puede haber amistad entre hombre y mujer? Sí, Jesús, Dios, tenía buenas amigas. Recordad a Marta y María, hermanas de Lázaro, el amigo de Dios. María lo escuchaba y le preguntaba muchas cosas, Marta lo servía y lo agasajaba; ¿Quizás Marta estaba enamorada de Jesús? Ella no sabía que era Dios, un profeta sí, pero el Mesías, sólo Pedro, sólo él tuvo la valentía de creerlo, y al creerlo se lo dijo. Pero volvamos a Marta, porque cuando una mujer ama con amor humano cuida del amado, quiere hacerse la imprescindible para él, por eso algunas secretarias acaban enamorándose del jefe y viceversa, porque se acostumbran a servirlo, y de la costumbre, si no hay voluntad puede peligrar la santa y sana amistad. Si tienes amigos y eres mujer, trátalos como María y no como Marta. Ya hablaremos otro día de este tema. Ahora regresemos al tema de la felicidad. Pero antes, déjame decirte a ti hombre, que si tienes una buena amiga que hace como Marta, la hermana de Lázaro hacia con Dios, que además de servirlo se enfadaba con María que lo escuchaba y aprendía de Él, entonces no le hagas daño, y si no te interesa, dile como hizo Jesús, que se ocupara de aprender de Él, como hacia María, su hermana. Y pensar que todos, que muchos, creen que es el revés, que era María la que estaba enamorada de Jesús. Y ya puestos en esto, te quiero avisar a ti amiga, a ti que tienes una amiga, una hermana que siempre que viene a tu casa quiere servir a tu esposo, os trae comida y quiere serle útil a tu marido, ¡¡cuidado!! Queriendo o sin querer se está enamorando de él, más que esta que le escucha para aprender, y le pregunta para saber. No te enfades con ella, porque puede ser que ni se dé cuenta, como le pasaba a Marta, pero ayúdala a poner distancias con tu esposo, ¿cómo? Pues no aceptando sus agasajos y siendo tú quien cuidas a tu esposo, porque puede que ya no lo cuides tanto, puede que dejes que otra lo cuide, y eso no está bien. Y cuando una mujer ve a otra que cuida de su esposo, ¡ni se le acerca! Así que no hace falta ni que nadie se entere de esto, y mucho menos tu esposo, que empezará a pensar en la otra, agasajado de que esté pendiente de él. ¡Guárdalo como un secreto entre tú y Dios! Y piensa que posiblemente tú te despistaste de tus obligaciones y permitiste que otra empezara, despacio, muy despacio, a servir a tu marido, y ¡te toca a ti! Posiblemente tengas algo de “culpa” de todo esto. Pero ya hablaremos otro día del tema, hoy, ahora, estamos hablando de felicidad. Aunque es cierto que un hombre es feliz siendo servido por la mujer que ama, no para tenerla como una esclava sino para poder agradecerle con sus cuidados, su servicio. El hombre quiere agradecer que lo sirvan, por eso primero tiene que ser servido para poder agradecerlo con sentido.

 Prosigamos con el tema de la felicidad. La felicidad está también en el amor humano, en el amor de amigos y en la alegría del compañerismo al trabajar todos por una empresa.

 Las personas estamos creadas por Dios para ser sociales, para relacionarnos las unas con las otras, porque todas formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo, entonces la soledad, el estar sólo no da felicidad a la persona, pero tampoco da felicidad unirse a personas que no quieran ser parte del Cuerpo Místico de Cristo, ya que sabemos que hemos venido a este mundo para hallar el Amor con que Dios nos Ama. Y el Amor de Dios, está por aquí, por allí, en todo lugar que hay vida, allí vive y se mueve Dios Espíritu Santo, que quiere hablarnos por todos nuestros sentidos, que nos hace el romance y nos quiere sacudir a su Amor verdadero. Pero, pero… los Pedros, también nos hablan y nos cuentan cosas lindas y buenas, que nos interesan, y son planes fantásticos de cosas terrenas y algunas para la vida Eterna. Y Dios Espíritu Santo sufre -si es que Dios pudiera sufrir- quiere que le encontremos, nos hace muecas y nos guiña un ojo, nos busca desesperadamente, ansiosamente, diligentemente, perseverantemente… y estamos ocupados en nuestra vocación, en buscar un sentido a nuestra vida.

 No somos felices porque estamos llenos de rencor de los malos consejos que nos han dado los Pedros, de los pecados que han cometido con nosotros contra Dios. De los pecados cometidos por nosotros dañando a los demás y yendo contra Dios. ¡Los diez mandamientos! Necesitamos urgentemente saberlos, pero de verdad. Y aplicar nuestra voluntad para no pecar.

 Las cosas de Dios son sencillas y dan alegría, porque Dios vino al mundo a darnos la alegría de la Salvación.

 Sabernos salvados es la alegría máxima, todo lo demás es vanidad. Saber que hagas lo que hagas, si amas a Dios, a Jesús, que es Dios, y tienes fe en Él, y cumples con sus enseñanzas, y comes su Cuerpo y bebes su Sangre y dejas que la Iglesia Católica, apostólica y Romana, ate en la tierra tu ida al Cielo Eterno. Si pides a Dios Padre en nombre de Su Hijo Jesús, Dios mismo, sabes que Dios te lo concede, (si es un bien para salvarte y aunque tengas que esperar) si necesitando consuelo acudes a la Confesión frecuente y recibes por el perdón de tus pecados y faltas todo el Amor de un Dios que te Ama y te Consuela y te Guía con Su Santo Espíritu, si sabes que tienes una Madre buena que está pendiente de ti las 24 horas del día e intercede por ti a Dios para todo lo que quieras y le pidas su intercesión, y sabiendo que San José, hombre como tú, pudo ser fiel a Dios, te pregunto: ¿Crees posible que puedas ser feliz en este mundo? ¡¡¡Di!!!

 No estás solo, no estás sola, tienes un Ángel de la Guarda que espera le pidas ¡cualquier cosa buena!, para que con el permiso de Dios pueda ayudarte.

 No me digas que aun no sientes en ti la dicha.

 Sí, sé que sufres, sé que quisieras que alguien que no te ama y tú amas, te amara. Sé que quisieras no sufrir tanto en tu trabajo, en tu labor de apostolado, en tu Misión, que quizás aun no sabes cual es y estás trabajando de carpintero. Sé que estás enfermo-a, que tu cuerpo no está bien, que necesitas ayuda y consuelo y unos cuantos milagros más, sé que no estás contenta-o de tu físico, sé que lloras por no ser feliz, por la gente que te hace sufrir y por los que sufren, pero… pero… Todos estamos salvados, ¡todos! A pesar de la soledad, del sufrimiento, del dolor, de la angustia, PUEDES SER FELIZ PORQUE ESTÁS SALVADO-A, Dios murió por tus pecados y por los pecados de todos, y resucitó de entre los muertos. Lo repito alto y claro: ¡¡Jesús RESUCITÓ de ente los muertos!! Y la fe nos lleva a resucitar con Él. Oh amigos-as, todo es cuestión de tiempo, no vamos a vivir para siempre, dentro de poco, cuando muramos, podemos ir al Cielo Eternamente, por la Sangre del Cordero degollado: Jesús, ¡el Mesías! Oh, hermanos, tan amados en la misma Madre y Madre de Dios, te lo digo, te lo digo: ¡¡Puedes ser feliz!! Ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 Con afecto sincero.

P. Jesús

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