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21 de Febrero / San Pedro Damian, Cardenal y Obispo de Ostia

Nació en Ravena y fue una de esas figuras severas que, como San Juan Bautista, surgen en las épocas de relajamiento para apartar a los hombres del error y traerles de nuevo al estrecho sendero de la virtud. Debido a la prematura muerte de sus padres, el santo fue criado por su hermano, convirtiéndose en un excelente discípulo, y más tarde en un profundo servidor de Cristo. Pedro decidió abandonar el mundo exterior y abrazar la vida religiosa en otra región, entrando al convento de Fonte Avellana, comunidad de ermitaños que gozaba de gran reputación. Allí se dedicó a la oración, lectura espiritual y estudios sagrados, viviendo con gran austeridad. Pese a su negativa, Pedro asumió la dirección de la abadía en 1043 gobernando con gran prudencia y piedad. Fundó otras cinco comunidades de ermitaños, donde fomentó entre los monjes el espíritu de retiro, caridad y humildad y además estuvo al servicio de la Iglesia, siendo nombrado Cardenal y Obispo de Ostia en 1057. San Pedro escribió varios documentos que ayudaron a mantener la observancia de la moral y de la disciplina, particularmente en lo que se refiere a los deberes de los clérigos y monjes. A pesar de su severidad, el santo sabía tratar a los pecadores con bondad e indulgencia, cuando la caridad y la prudencia lo pedían. Murió el 22 de febrero de 1072.

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Pedro Damian, Cardenal y Obispo de Ostia

Los santos como san Pedro Damián, cardenal y obispo de Ostia, saben que los pecadores no saben lo que hacen, y saben que muchos que se dedican a la vida cristiana, no hacen lo que deben sabiendo su deber. Santos así hacen falta siempre porque en la Santa Madre Iglesia Católica, algunos, inducidos por Satanás, se mezclan con las personas piadosas y tuercen sus voluntades y las inducen a pecar. ¡Vigila con quién te juntas; puede que sólo quiera tu prestigio y el dinero que le das! Porque hay quien sigue comercializando en el Templo, en la Iglesia de Cristo. A ver si los futuros santos se llenan de piedad y no de hacer un circo, un evento espectacular para cobrar dinero por su mal entendida piedad. Recemos por la Iglesia, por todos los bautizados; eso es la verdadera caridad: la oración; pero hay poca fe; muchos piensan que son sus palabras que tocan los corazones de las almas y no se dan cuenta de que Dios no necesita de nadie; que si Dios quiere puede entrar en un corazón duro y mostrarle su Amor, el Amor de todo un Dios que, más que hablar, se dejó matar, y por esta muerte, Dios Espíritu Santo es quien da la fe y no las muchas palabras muy bien pronunciadas, sino la voz de Dios que clama en el desierto. No juguéis a predicadores y vivid haciendo muchas oraciones al que puede volver blanco lo que es negro; sólo Él: Dios… Porque muchos se ponen eufóricos pero llegan a sus casas y el pecado sigue arraigado en sus almas. Tocar las almas no es sólo que lloren o se entusiasmen o tengan deseos e intenciones de arrepentirse en los momentos de oratoria de la predicación, sino que es realmente cambiar de vida, y sólo se cambia por efecto de Dios Espíritu Santo y no por las palabras, aunque sean de un futuro santo. Sólo Dios habla y cuando Él habla, las almas cambian.

P. Jesús

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