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Enamorarse

12 Carta / A ti que estás enamorado

Domingo, 25 de julio de 2.010

A ti que estás enamorado

No quieres vivir sin ella, no lo habías pensado antes, pero, la necesitas a tu lado, para compartir lo bueno y lo malo que os traiga la vida y ser uno para el otro un punto de apoyo para llegar santos a la Vida Celestial en la eternidad. Y ¿ahora qué, muchacho? Tendrás que acercarte a ella, de manera distinta, tendrás que ser sincero y dejarte conocer bien. ¡Estás asustado! Lo sé, lo sé. Porque el amor verdadero asusta, porque peligra tu vida, si ella, si ella no te acepta.

No pensaste jamás que tu corazón podía palpitar de una forma y manera tan especial. Esa mujer te ha “robado” el corazón, con la condición de devolvértelo junto al suyo.

Esto es el amor.

Chicas, hay que dejar que el hombre se enamore primero, porque si no lo hace: vais a sufrir los dos. Así que, hija de Dios, no hagas tú planes de futuro, no pongas rostro a tu “príncipe azul”, deja que él primero encuentre en ti a su princesa.

Entonces, ¿qué debe hacer una chica que crea tener vocación al matrimonio? Ser soltera y esperar sin desesperar. Rezar y comunicarte con personas, puedes también apuntarte en Catholicos Online, en la sección de Solteros con vocación al santo matrimonio; te apuntas y esperas; rezas y confías, pero no te fíes de las primeras palabras que te digan; escucha, lee, analiza, y si te interesa, contestas; si no te interesa, mejor un silencio digno, eso no hace daño a nadie; es peor contestar: “¡no me interesas!” Si no contestas ya se supone que no te interesa, y si te interesa conocerlo más, pues le contestas, pero sé prudente, porque hay personas que engañan, sí, aunque sea en un Portal Católico. Hay que ser buenas y discretas.

Y a ti hijo, a ti te digo igual pero distinto. Tú también te puedes apuntar. Aquí que pongan los de Catholicos Online el link:

 http://www.catholicosonline.com/Familia/jovenes/catholicamigos/index.asp

Y tú sí, te vas a dar una “vuelta” por los perfiles que hay, los lees, los analizas, meditas, rezas y puedes escribir, diciendo que después de leer su perfil, has decidido escribirla por si quiere entablar una amistad. Algo así, está bien. Tampoco puedes fiarte de nadie, tienes que ser listo e investigar mediante el trato, y las conversaciones a que se den lugar.

Todo llevadlo con paz.

Y llegará la oportunidad para todos, porque Dios está también interesado en continuar la vida del hombre en la tierra, por eso mismo y porque te Ama, Dios puede disponer de su Providencia Divina para que os encontréis, en este valle de lágrimas, y que uno al otro, unidos por el Santo Matrimonio Canónico, os sequéis mutuamente las lágrimas, y por ese amor en los dos, haya alegría en vuestros corazones y en vuestro hogar, santuario de la Iglesia Doméstica. Amén.

 Con afecto sincero.

P. Jesús

© copyright

Para quien quiera contestar a la carta, CLICAR AQUÍ, aunque el P. Jesús no podrá responder a cada uno, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por esta persona y sus intenciones. EXPLICACIÓN.

52 Carta / A ti, que dudas de si amas o no a la persona con quien vas a casarte

Domingo, 31 de julio de 2.011

A ti, que dudas de si amas o no a la persona con quien vas a casarte::

¡No te cases mientras dudes!

Puedes dudar de la fe, es lógica esta duda, pero no puedes dudar de entregar tu vida entera de fidelidad y para siempre a otra persona en santo matrimonio, y recibir de ella su vida entera de fidelidad y para siempre. Si dudas, NO TE CASES.

El matrimonio no es para dejar la soledad, ni para prosperar económicamente en la vida, o socialmente, ni para hacer feliz a la otra persona, ni a tus padres, o uno de ellos, o por venganza de la persona que amabas y te dejó.

No haces nada de lo anterior, cuando te decepciona un empleo, no vas adrede a ocuparte de un trabajo que no quieres, entonces, tampoco lo hagas, tampoco te cases si dudas, o si ves que la otra persona duda.

El matrimonio es un sacramento y no una oportunidad social, ni una condición humana para evadirte de tu realidad, ¡al contrario!, el matrimonio es para hacer una realidad social entre dos personas que se aman y aman a Dios sobre todas las cosas; este es el matrimonio por la Iglesia, el matrimonio canónico, el matrimonio sacramental.

No hace falta que te cases por soledad. ¡Hazte de un club!, de un grupo religioso o social.

¡Cásate sólo por amor a la otra persona!

Cásate para dedicarte a hacer feliz a la otra persona, y para aceptar la felicidad que la otra persona te dará a ti.

Si es una persona que no te hace feliz, ¡no te cases!, porque en el matrimonio la felicidad que tendrás será la que la otra persona te dará, ¡ninguna otra felicidad vas a tener!

Y la otra persona únicamente va a ser feliz con la felicidad que tú le vas a proporcionar, y si tú no la amas tanto como para vivir SOLAMENTE PARA HACERLA FELIZ, ¡¡NO TE CASES!!

Ves que es fácil dejar de dudar si amas o no a esta persona con la que te vas a casar.

Espera, ¡no tengas prisa en las cosas del amor humano, aunque sientas pasión y ganas de tener sexo!, ¡no vas a ser feliz si no vives para hacer feliz! ¡No te hará feliz si no la amas hasta el punto de vivir para hacerla feliz y aceptar que tu felicidad sea lo que esa persona te dará!

¿Cómo es esta persona?

¿Qué te da?

¿Qué recibes directamente de ella?

No confundas lo que recibes de ti mismo-a por lo que ella te proporciona. Una prostituta puede también proporcionar goce sexual y no es normal pensar en entregarle toda tu vida casándote con ella. Sé que me has comprendido.

Un Banco puede prestarte dinero, y no por ello te vas a casar con el director del mismo, sino que vas a pagar con dinero (los intereses acordados), por el dinero recibido, pero no te vas a casar con ningún banquero. Sé que me has comprendido.

Cásate pensando en tus posibles futuros hijos, pensando en el padre o la madre que quisieras para ellos. Seguro que no quieres que pasen por la vejación de tener una madre prostituta, o un padre que es padre de muchos otros hijos.

Es serio casarse. ¡Te la juegas!

Es más serio casarse que intentar vivir la fe católica. Uno puede arriesgarse a vivir la fe aunque dude, pero dudando no puede casarse. El amor humano no es lo mismo que el Amor de Dios. Dios no falla, ¡JAMAS!, lo tenemos comprobado por los santos. Y casarse con una prostituta o un mal padre, eso también está comprobado por tantos infiernos que viven los mal casados. Que te sirva de experiencia la experiencia de los santos y la de los que sufren por haberse casado mal.

Tú, sé listo: sé santo, y cásate con alguien que quiera ser santa, y ya por sus obras, veas que vive las obras de la fe. No te dejes hipotecar tu vida, que es distinto a hipotecar tu casa; una casa la puedes dejar, e ir a vivir a otra distinta, pero si dejas a tu cónyuge, a menos que el matrimonio no sea declarado nulo, no vas a poder recibir los sacramentos NUNCA MÁS, si por necesitar amor, que es por lo que te casas, te juntas luego con otra persona. Y, difícilmente, tu matrimonio puede ser declarado nulo sabiendo todo lo que te he enseñado hoy sobre el mismo, porque sabes de qué va el amor humano, de casarse por amor, para VIVIR pensando, después de Dios, en hacer feliz a tu cónyuge, renunciando a tu propia felicidad; que sólo serás feliz con la felicidad que tu cónyuge te da, y como católicos, deberéis vivir la fe, deberéis obedecer a Dios Padre, que si quiere daros hijos, y posiblemente querrá, no le atéis las manos utilizando medios anticonceptivos naturales sin tener motivos graves; y si eres hombre, piensa en esta mujer que has elegido, si dejará que en su cuerpo se desarrolle la maternidad las veces que Dios quiera, y normalmente no son dos ni tres, ni una, sino que son más. ¿Querrá? Y, ¿querrá el varón con quien te cases, cuidarte y alimentar con el trabajo que realice él, tener hijos de los dos? ¿Trabajará lo suficiente?, porque al igual que la madre está pendiente de sus hijos 24 horas al día, el padre debe pensar en su labor, en su profesión, y dedicarse a ella, muchas horas. Y ambos, ¿seréis capaces de vivir la templanza en las cosas de este mundo?

Casarse, como ves, NO ES UNA LOTERIA, sino se basa en programación, en visión de futuro, en vivir la fe viva, en darse totalmente al otro, por amor a Dios.

No todos tienen vocación al matrimonio. Muchos lo confunden con los deseos lascivos del cuerpo físico.

La vocación al matrimonio lleva a la santidad, porque es un camino MUY DIFICIL, que desemboca a la vida Celestial en el Reino de los Cielos, donde se cumplen todas las promesas de Dios, para los bienaventurados. Y los casados, como buenos discípulos de Cristo, van a vivir todo lo que Dios vivió, no se les dará ninguna ventaja, porque el siervo no es menos que el Señor, como no lo es al Amo.

Si estás solo-a, antes de mal casarte, mejor que te hagas de un club social, porque el matrimonio sacramental es para los futuros santos. Los que, al igual que los sacerdotes y los religiosos y laicos consagrados, saben vivir sin sexo por amor a Dios, y se casan, no por el sexo que tendrán, que es lo que da validez al santo matrimonio, el consumarlo uniéndose los dos en un sólo cuerpo para tener hijos, que este es el oficio del matrimonio: usar, por amor y con amor, del acto sexual, para dejar que Dios, si quiere, y normalmente quiere, tenga el matrimonio familia súper numerosa, es decir: ¡más de tres y de cinco!, todos los que Dios conceda a una vida de placer sexual, que no puede negarse, uno al otro, ni por caprichos, ni por venganzas, ni por miedo a la maternidad, a la paternidad, a perder el físico, el dinero o el egoísmo. ¡No te cases con nadie egoísta, aunque sea muy lindo-a!, cásate con alguien sincero, que no diga que hay causas graves para tener otro hijo, sin tenerlas. Y que sepa vivir la pobreza, porque el matrimonio es un llamado a la santidad. Y ya hay demasiada mediocridad en algunos que se llaman católicos, y que en sus alcobas son como los ateos y agnósticos, sólo se tienen en cuenta a ellos mismos y pasan de Dios, lo dejan para cuando salen de la habitación para irse a Misa. Sí, por desgracia, la piedad en muchos es sólo rezar, pero no tienen obras de fe. 

Hazme caso hijo mío, hija mía, que soy sacerdote y he visto y veo lo mal que acaban los que se casan mal. Tú cásate sólo por vocación a la santidad con una persona que como tú tenga vocación a ser santo-a, y entonces aun y viviendo una y mil tentaciones, que el Demonio se ocupará de tentaros utilizando las caídas de las personas que amáis, sobre todo padres, hijos, hermanos, amigos, jefes o compañeros de trabajo, podréis ser felices en los momentos íntimos de vuestro amor y en los de lucha, porque unidos venceréis siempre, ya que donde hay dos que piden a Dios, Dios los escucha, y por su fe se lo concede.

Nadie puede destruir la vida de un matrimonio verdaderamente canónico, ¡NADIE!, porque son indestructibles los que unidos viven para vivir la santidad.

Os deseo una vida santa, un matrimonio santo. ¡¡¡Felicidades!!!

Oh mis amados hijos casados, Dios os bendice con las dos manos.

Dios confía en vosotros, sabe que el amor lo puede todo.

Con afecto sincero.

 P. Jesús

© copyright

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81 Carta / A ti, que tienes una madre

Domingo, 4 de marzo de 2.012

A ti, que tienes una madre:

¡Hablemos de ella!

Pero empezaré el tema mal para terminarlo bien, así no sufriréis tanto, hijos amados. Tengo unas palabras de un buen amigo mío y de Dios, que me ha escrito, y nos servirán de introducción al tema de las madres.

Estas son sus palabras:

“Cuantas madres escandalizan hoy a sus hijos, poniéndolos en contra del padre, jugando con la Ley, que las ampara gracias a un Gobierno de Género, denunciando falsamente para que se le retire al padre el régimen de visitas, como forma de venganza por la relación rota. Cuantas madres usan de cobaya a los hijos para pedir más alimentos, usan las órdenes de protección legales para mujeres maltratadas y que el padre se marche de casa por Resolución Judicial quitándole al hombre el uso de la vivienda, al padre, y luego meten al amante en casa, con los propios hijos. ESTO, debe ser denunciado desde la Iglesia. Esas madres, SI que escandalizan a los hijos. Mirad a las mujeres de una Sociedad y veréis su moral. Cristo vino a salvarnos, pero, la Ley no ayuda a ello, por eso, desde la Iglesia se debe denunciar, como lo hacía la Iglesia de antes, los abusos que genera la Ley de Violencia de Género y sus cómplices: Políticos destruye familias. 
A. J. G. Abogado.”

Hijo, sufre con humildad, acepta con paciencia y espera la RECOMPENSA de Dios, que te llegará vía Divina Providencia. Y no des mal por mal. ¡Difícil para ti!, pero posible si Dios vive en ti, si comprendes lo que ahora te diré, para ti y para todos.

El cónyuge, siendo contigo uno los dos, es libre de pecar, de condenarse o de salvarse. Por eso nunca hablaré poco sobre el asunto del matrimonio, porque hay que protegerse de los malos católicos, de los esposos que son bautizados y no cumplen con la Ley de Dios.

Hijo, ¡llora conmigo!, lloremos juntos por esta mujer que elegiste por esposa y te ha traicionado, a la que tú seguramente decepcionaste en algunas cosas, y las amigas y compañeras, ¡chismosas ellas!, echaron leña al fuego para deshacer las cosas que Dios unió con el sacramento del santo matrimonio.

Posiblemente tu esposa trabajaba fuera de casa, y allí conoció a un hombre distinto, sea en su trabajo, sea en el trato social, y la mujer es débil. Se habla mucho de la debilidad del varón, ¡antes más!, de que las “malas mujeres”, pueden hacerlo caer, pero todos sabemos que es mucho más fácil que caiga en el pecado de adulterio una mujer que no un hombre. El hombre tiene claro lo que quiere, y cuando fornica, es porque quiere. La mujer es indecisa por naturaleza; quiere, antes de hacer algo, cerciorarse del después; al hombre, cuando está muy apasionado sexualmente, le es difícil pensar en el después, pero consuma el acto en el ahora, abandona y se va; porque, pasada la necesidad biológica, tiene otros asuntos importantes para él, que resolver, y a ello se dedica. La mujer es distinta, planea, discute, pide y otorga, haciendo siempre castillos en el aire. Y, regresando al tema de las palabras de mí amigo, dime tú, abogado, ¿cuánto tiempo crees que este otro hombre querrá vivir en tu casa y atender a tus hijos?; no será mucho tiempo, porque no hay santidad en la relación de tu esposa con él, y sin santidad todo acaba, y esto acabará. Claro que ya será tarde para algunas cosas, porque hay que perdonar y recordar; si no se recuerda, no se perdona; se perdona cuando, recordando el daño recibido, decide uno que todo y así lo perdona, no va a vengarse y comprende que la gente peca. Otra cosa es volver, regresar a tener relaciones de amistad o de sociedad, o de matrimonio con esa persona que te ha humillado de tal modo, que incluso has odiado ese amor, ese afecto que sentiste alguna vez por ella. La punzada del odio, no quiere decir que aceptes odiar, sino que ha habido una reacción instantánea a una mala acción que te han dado, y que has luchado contra ella, contra esta reacción de odio, para vivir como Cristo vivió, HACIENDO EL BIEN.

Cuando las madres se portan mal, es cuando los padres deben ser aún más otro Cristo, porque HAY NIÑOS, y Dios, Jesús, pidió que dejaran que los niños se acercaran a Él; y tus hijos, padre despreciado, maltratado, abandonado, exiliado, deben poder venir a ti siempre que te necesiten. Claro que te parece que poco puedes ofrecerles ahora, porque otros disfrutan del beneficio de tu trabajo, de tu salario, y de tantas cosas importantes en la persona, en el hombre. Te comprendo hijo mío, hijo bueno, pero la vida es también mañana, y mañana será un nuevo día. Claro que ahora estás ofuscado por ideas y sentimientos derrotados, ¡que te han ganado!, te han sacado de casa, han dicho de tí mentiras, ¡y encima pagas! Busca si hay la posibilidad de que tu matrimonio no fuera válido ante la Iglesia, porque, de ser nulo, te espera una nueva y maravillosa vida, ¡tengas la edad que tengas!, tengas el dinero que te dejen quedar, pero habrá para ti, por la Gracia de Dios, una nueva y brillante oportunidad con una mujer verdaderamente cristiana católica, de esas que comprenden que los hombres tienen defectos y cree que el matrimonio es para ayudarse mutuamente a la santidad, ¡a ir al Cielo juntos y unidos con los hijos!

La madre buena, es abogada de la familia, a todos defiende de las injusticias del pecado, de las tentaciones y la maldad, y busca, para cada uno, la alegría que está en amar a Dios sobre todas las cosas.

La madre buena, esté delgada o tenga sobrepeso, sea joven o menos joven, sea hermosa o poco agraciada, la madre es la abogada que intercede a Dios y defiende de los hombres a la familia.

La madre cristiana católica, es valiente y discreta en sus cosas, pero jamás guarda para sí sola, en su corazón, el amor al esposo y a los hijos de los dos.

Si tú, hombre, encuentras a una mujer muy realizada, ¡no será buena esposa!, porque sus condiciones de vida van a cambiar con el matrimonio, porque sólo ella, ¡jamás tú!, traerá consigo el fruto de vuestro amor: ¡los hijos!, y si su profesión la absorbe, la hace feliz, entonces, esa mujer ¡no sirve para ti!.

¡Jamás una mujer es igual en funciones humanas a un hombre!, ¡¡jamás!!, y por lo que se es, se hace; y cambiando las funciones en la mujer cuando se casa, porque ES MADRE, entonces, no será igual que antes, será diferente su vida, y ella cambiará de carácter; normalmente siempre es para mejor, cuando una esposa es amada y es madre, cuando se ha dado libremente, en y con el sacramento matrimonial, que ayuda SIEMPRE, y suple siempre, todas esas flaquezas que las personas tienen.

Para madre de tus hijos, hijo mío, busca una mujer que quiera darte hijos, y no solo unos pocos, sino MUCHOS, si Dios quisiere, ¡que a veces no quiere!, otras sí.

Para esposa y madre, busca una mujer que ame a Dios sobre todas las cosas, y tendrás una esposa comprensiva y tranquila, vivirás en paz y armonía; y su trabajo “profesional”, además de todo lo que hace, será rezar para que tú te ganes muy bien la vida, para que el dinero que lleves a casa, abarque para todo lo más importante y necesario. Y CONFÍA EN DIOS, porque Dios, junto a una esposa así, regala imprevistos y gracias en abundancia, bendice a vuestros hijos, que no provocan escándalo, sino que son siempre un apoyo, una ayuda, ¡una luz en el hogar!

La madre, que sea abogada; que siempre defienda a la familia y una a la misma en el amor a la eucaristía.

La madre, tu esposa, por la Gracia de Dios, y con su voluntad en la libertad de amarlo sobre todas las cosas, SERA MARAVILLOSA.

Pero algunos se casan con una socia capitalista, y eso es la ruina. Te pueden sacar de tu casa y quitarte todo lo que más amas, hijos incluidos, en el “pack”. No seas necio, y busca una mujer cristiana católica para esposa y madre bondadosa. Y si no la hallas, mientras no la consigas como tiene que ser, ¡no te cases!; ¿para qué?… ¿para que te saquen de tu casa?… ¿para que tus hijos digan papá a otro?…

Pero hay mujeres maravillosas que esperan, llorando muchas veces, para que el hombre honesto, decente y cristiano, las encuentre. Ocurre pero, que la quieren “artista”, guapa y sexual; y te digo a ti, hombre actual (en general): ¿qué piensas hacer con una mujer así en casa?, ni a los millonarios les duran mujeres así; ese tipo de mujer te hará sufrir, te seducirá por las plazas, estando ella al acecho; llorará, si es preciso, para que la consueles, porque sabe que los hombres sucumben ante las desgracias de las mujeres, desgracias que muchas veces otros hombres les han dado por ellas dejarse querer por quien no era de fiar. Y la próxima semana hablaré de los padres, que hay cada uno, uuuuuuuuyyyyyyyyyy.

Con afecto sincero.

 P. Jesús

© copyright

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82 Carta / A ti, que tienes necesidad de un buen padre

Domingo, 18 de marzo de 2.012

A ti, que tienes necesidad de un buen padre:

El matrimonio es cosa de dos, porque por la unión de dos personas de distinto sexo, en el acto sexual, se hacen los hijos, ¡se crea una NUEVA VIDA!; ¡así fuiste creado tú, por tu padre y por tu madre, unidos cuerpo con cuerpo; y ojalá hubieran estado unidos corazón con corazón y enlazados ambos juntos en la misma fe de amar y servir a Dios sobre todas las cosas, porque así es como debería de ser el que te hubieran creado, en las óptimas condiciones que necesita todo ser humano, ser amado como Dios manda.

No hay labor en equipo más maravillosa y satisfactoria que casarse y tener hijos, si Dios quiere dároslos.

Los hijos, el hijo, al ser de los dos, del padre y de la madre, puede sentirse libre, porque si sólo fuera de uno, este uno lo necesitaría demasiado y podría tornarse en su verdugo, en nombre de un amor. 

Casarse es asociarse para amarse, para dar fruto a este amor, que son los hijos de los dos. Y no hay más bella razón de vivir que estar dispuesto a dar vida a un semejante tuyo, ¡a un alma para Dios!, ¡una persona única e irrepetible!. Los esposos tienen el don de Dios de transformar su amor en vida física de otra persona a la que servirán y serán servidos por ella, en el amor familiar, en la dicha de pertenecer a una misma familia.

Casarse, es para dar fruto de este amor. ¡No es la persona una bestia!, ¡no es un animal irracional!, ¡¡es hijo de Dios!!, ¡¡¡de Dios!!!, y muchos no tienen asumido esto, el que son hijos de Dios, de verdad, y van alma en pena por esta vida, aceptando las lisonjas de lo que la vida les ofrece, sin PEDIR a Dios, a través de la oración, lo que quieren, lo que necesitan, lo que desean; o lo piden y luego no esperan. Hay tantos y tantas que piden casarse, hacer un buen matrimonio por vocación a la santidad, y luego se casan con el primero que les llega, o con la que creen más bonita físicamente, y ¡fracasan!; no dejan tiempo a Dios a que les ayude en esto. Rezan y se las apañan solos. ¡Eso no es así!; sin estar seguros de amar para siempre al otro, no puede nadie casarse, ¡miente! y engaña, ¡aunque haya mucho deseo sexual de por medio!, que algún@s sólo lo que desean es tener sexo, sea con quien sea, y se encuentran luego en que las relaciones sexuales no son satisfactorias; ¿cómo pueden ser satisfactorias sin amor verdadero y exclusivo?; allí siempre hay egoísmo, y uno se cansa de recibir, porque lo que hace feliz a la persona es dar; y ¿cómo puede dar al otro, si sólo se casó para recibir?… Hay mucha ignorancia del amor verdadero, mucha falsedad, y todo ello atrae lo peor, que es PECAR.

Os iré contando, con el tiempo, todo eso que no sabéis. Y aunque podéis pensar: “¿qué puede saber un sacerdote de todo esto?”. Os digo que lo sé, precisamente por oíros, por sentir vuestras quejas de continuo, vuestros lloros y desgracias. Os consuelo, porque tengo misericordia. Aprendo tanto de vosotros, ¡tanto!; todo lo que ya sabía, me lo decís con detalles, buscando el consuelo de Dios, que os alcanzo con la Palabra. No os acuso, mi destino no es otro que serviros, por eso me hice sacerdote, por eso soy sacerdote.

Volvamos al tema del padre.

Tú, padre, eres más, mucho más que el esposo, que el hombre de la casa; eres ¡el padre!, y tu hijo te necesita, para que lo sustentes, lo alimentes, le permitas con tu trabajo tener los cuidados de su madre, que jamás puede ser sustituída por otra persona o institución, porque el Buen Dios dispuso así las cosas: el que la mujer tenga en su vientre al hijo de los dos, y le dé el alimento de sus pechos, eso quiere decir y dice que debe estar cerca de él, atenderlo, cuidarlo, AMARLO. El hombre da al hijo suyo una madre, y ¡esto es maravilloso!; tú, tú, varón, puedes decidir y decides qué madre le vas a dar a tu-s hijo-s. ¡Tú decides el destino de tu estirpe!

Decide bien y que sea por amor. ¡Enamórate de ella!, vive para servirla, para que sea tu reina, para que en tu corazón siempre halles una disculpa a sus defectos y en tu mente recuerdes siempre lo bueno que ella posee. Ámala tanto, ¡tanto!, que sueñes con llegar a casa y verla, porque a ella debes dedicarle la vida entera, porque ella llevará el fruto de tu amor, sellado en la pasión y el goce pasional del sexo esponsal.

Hombre, cásate, pero con una mujer que puedas sentirte feliz, tú, ¡tú!, de tenerla. Algunos se casan con la que creen más bonita o “sexi” del círculo social, para que otros lo admiren, y ¿qué pasa?, que quien manda es ella, y ¡se va!, tantas veces se va del hogar la mujer objeto, porque también desea ser amada; aunque sea bonita, “sexi”, quiere ser amada, pero pocos la aman, porque muchos la desean, y el deseo siempre se pasa. Es para la mujer una lacra enorme, el ser sólo deseada. Las mujeres guapas aun tendrían que tener más virtudes que las menos agraciadas, porque, os lo diré: ¡la belleza cansa!, la belleza física cansa al hombre; sólo desea poseerla, pero cuando la tiene, le cansa. ¿Por qué cansa una mujer sin virtudes y bonita?, porque ¡es necia!, una mujer sin virtudes, ¡es necia!, se cree que por ser bonita se lo merece todo, y no da nada, ¡ni quiere tener hijos para no marchitar su belleza tan admirada!. Sí, hay mujeres que temen a la maternidad, por miedo a engordar, o sólo tienen uno o dos hijos, ¡por lo mismo!, para no perder su silueta. Si supieran ellas cuánto ama el hombre a la madre de sus amados hijos, ¡si lo supiera!. Si las mujeres supieran esto, tendrían muchos hijos. Y es al contrarío, no quieren tener hijos porque piensan que no serán amadas. Mirad, el hombre en su manera de ser, es tan realista, que quiere conservar la especie, quiere continuar con su apellido, y para esto necesita hijos, ¡quiere hijos!, ¡ama a sus hijos!, ¡adora a su descendencia!, y si hay esa mujer buena, guapa y con virtudes, que apoyó su decisión de dejar huella de su paso por el mundo, ¡que son los frutos de sí mismo!, y en estos frutos, además del trabajo, están los hijos, entonces, esa mujer, para él, es la que le ha ayudado a realizarse, porque el hombre se realiza con los hijos, ¡con su descendencia!, porque, ¿para qué trabaja tanto y se esfuerza?, para que el mundo sea mejor en cada generación; esto es lo que pretende un buen hijo de Dios. Dios Padre quiso un Hijo y eligió la mejor madre, a la Virgen María, y así hacen los hombres de Dios; este es su sello. Todo aquel que diga que es de Dios y se case por sexo, para lucir de mujer ante los demás, ¡se ha equivocado!, y no será feliz en su matrimonio, porque ella, la mujer, lo dominará, y un hombre dominado, es un perdedor. Una mujer nunca es dominada por un hombre, porque al ser madre, sabe que tiene el PODER, ese poder que jamás hombre alguno podrá quitarle, el poder de la creación, de dar vida a los hijos de los dos, de amamantar al hijo y sentirlo apoyado, feliz, en su corazón, mientras es alimentado. Y ella, la mujer, puede dedicarse a ello, a realizarse como persona, a ello, porque el esposo la mantiene; la cuida y la alimenta, para que ella pueda dar vida y tener ambos EL FRUTO DE SU AMOR, el hijo de los dos, que cambiará el mundo, que hará un mundo mejor, por las enseñanzas de ambos, sobre todo en el amor que los padres sienten el uno para con el otro, y los dos, al hijo-s de su bello amor, vivido en la pasión de los sentidos sexuales lícitos y maravillosos, que Dios ha querido conceder a los esposos.

El amor matrimonial es santo.

El padre, ¡tú!, hombre de Dios, te casas, no para secar las lágrimas de una mujer traumatizada por la desdicha que la vida le otorgó, porque hay quien se casa para sentirse “muy hombre”, y ¡no!, tampoco es válido un matrimonio así, a los ojos del Buen Dios; uno debe casarse amando locamente, siendo amado de igual manera, y DAR ambos, juntos y unidos para siempre, FRUTO A ESTE AMOR MATRIMONIAL, ¡LOS HIJOS!

Y te llamarán “papá”, y tendrás fuerzas y ganas de pelear con la vida por esa palabra, “abba”, porque no hay nada más bueno y mejor para un hombre santo que ser padre, si su vocación es el matrimonio. Pero tiene que ser santo, ¡sinó no vale!, sinó todo lo que tendría que ser dicha y felicidad, es enojo y malestar, y es lo que abunda, pero tú, ¡tú!, puedes hacer la diferencia, y dar ejemplo de tu vida; cásate para ser padre, para realizarte como varón y ayudar a una mujer a realizarse como madre, y ¡la dicha será vuestra! porque no hay mejor goce humano que cumplir con el deber divino: ¡tener hijos del amor humano!

Eso es lo que te deseo a ti, hermano. 

Con afecto sincero.

 P. Jesús

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