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Perdonar

5 Carta / A ti que no sabes perdonar

Domingo, 30 de mayo de 2.010

A ti que no sabes perdonar:

Hijo, hija, amada de Dios, ¿Por qué Dios pide que perdonemos primero si queremos recibir su perdón? ¿No estaría bien primero recibir su perdón y luego perdonar? ¿Es que Dios no puede perdonarnos si no perdonamos? ¿Qué ocurre con todo esto del perdón?…

Nosotros, todos unidos a Cristo formamos su Cuerpo Místico, eso quiere decir que estamos unidos unos a otros en Cristo y con Cristo. Eso quiere decir que nos salvamos por Cristo y nos ayudamos y podemos ayudarnos a salvarnos en Cristo. Eso quiere decir que vamos a una, que juntos vamos a llenar el Cielo Eterno, que juntos vamos a vivir para siempre en la Eterna felicidad sin fin, en el Reino de Dios en el Cielo, eso quiere decir que sí, que somos hermanos realmente, verdaderamente, y más que hermanos, que juntos todos formamos el Cuerpo Místico de Cristo, nuestro Salvador y Redentor, nuestro Dios, el Dios Hijo que es de Dios; y Dios es de María, la llena de Gracia, mujer perfecta por la Gracia de Dios.

Cuando no sabemos perdonar, que no es lo mismo hacer justicia que perdonar, porque se puede y se debe perdonar y, a la vez, hacer justicia por el mal hecho por la persona a la que se debe perdonar y se la perdona.

A veces se cree que no perdonando se hace justicia, que es una manera de hacer justicia por nuestra parte, pero Dios dice también que Él hará nuestra justicia; mas alguno, si no hace él algo, le parece que no habrá justicia, como también piensan algunos que si no hacen ellos algo, “esa persona”, la que sea, no se va a salvar, y luego se agrede la intimidad con motivo de querer salvar a una persona, y más si es una persona amada. Y es más fácil que se quiera evangelizar a la fuerza que perdonar, porque cuando hay algo que perdonar, puede ser que ya no haya amor, y Dios, Jesús nos pidió que nos amemos los unos a los otros.

Dios quiere que Su Cuerpo Místico esté entero, por eso nos pidió que nos amemos los unos a los otros, que nos sirvamos los unos a los otros.

El perdón es necesario darlo, aparte de hacer justicia, que la justicia tiene que ser justa. Un padre a un hijo, si se ha portado mal, lo perdona y lo castiga; así debería ir el orden, primero perdonar y luego hacer justicia, castigar. Muchos creen que, cuando se perdona, hay que olvidarlo, y esto es antinatural; nadie puede olvidar un mal recibido, nadie que esté en sus cabales puede olvidar su historia; por eso perdonar y, para perdonar, hay que querer hacerlo, querer perdonar; y todo lo que se quiere hacer se necesita de un aprendizaje: hay que aprender a perdonar.

Para todo lo que queremos hacer necesitamos de la voluntad, y la voluntad está compuesta de inteligencia, fe, caridad, bondad. Por eso para aprender a perdonar, primero hay que ser bueno, perdonar por amor a Dios, porque amamos tanto a Dios que nos perdona tantas cosas que por este amor a Dios que tenemos, perdonamos, ¡porque si!, porque Dios quiere, y nosotros queremos darle a Dios lo que quiere, aunque nos duela y nos duela mucho, pero la fe nos dice que Dios hará su justicia, que Dios se merece todo nuestro amor y nuestra inteligencia, porque Él nos creó. Saber perdonar es conocer a Dios. Quien no conoce a Dios no sabe perdonar y necesita que tú y yo, que formamos parte del mismo Cuerpo Místico de Cristo, le enseñemos a perdonar. ¿Cómo?… Perdonando y castigando. ¿Cómo es esto? Pues es la forma sana de perdonar, es perdonar por amor a Dios, y por este amor no separarnos jamás de Jesús, y en esto está el castigo, en ser buenos siempre, pase lo que pase, digan lo que digan, porque el castigo para los que nos dañan, si somos inocentes, es no devolver el mal con ningún daño por el que deberían de perdonarnos, porque por amor a Dios, podemos usar de la voluntad y servirnos de ella para que siendo fieles a Dios sigamos fieles a Dios. El castigo mejor es dar buen ejemplo; es usar de la ley civil, si hace falta, y dar siempre el bien. Ser veraces y verídicos, y no querer venganza sino justicia, que la justicia es que todos caminemos el sendero de la santidad.

Hijos de Dios, hermanos míos: paz.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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67 Carta / A ti, que la maldad de otros te persigue

Domingo, 13 de noviembre de 2.011

A ti, que la maldad de otros te persigue:

¡Hazle frente!, encárate con la vida, ¡haz justicia!, la de luchar sin perder la esperanza, porque a veces, demasiadas, cuando uno es maltratado, sea psicológicamente, verbalmente, físicamente, la impresión que puede recibir a causa de la búsqueda del porqué, sea de que algo tiene que ver él-ella, con este dolor que recibe y le dan, porque el dolor, a veces, trae consigo cargas de culpabilidad, y quiero aclararte esto de una vez: si tú sufres, y sufres, por el sufrimiento que te dan, no es porque te lo merezcas o no, porque de ser así, todos sufrirían una barbaridad, porque ni uno es bueno; entonces, el dolor que sientes por las fechorías que te dan, es por lo que recibes y te dan; ¡y olvídate de si te lo mereces o no!, porque todos merecéis amor, sea por todo lo bueno que habéis hecho, sea por todo lo malo.

Normalmente la gente te puede dañar porque le molesta que vivas bien, que seas feliz, y como él-ellos no lo son, les es doloroso que tú seas feliz incluso dentro del dolor, por eso se han empeñado en que tú sufras tanto, ¡más que ellos!, pero como ellos sufren también cuando ven que el sufrimiento que reciben de ti, lo aceptas, lo comprendes, comprendes que la maldad hace pecar y los malos pecan, y algunos contra ti, por eso tu sufrimiento, si no lo condenas, si lo aceptas, si lo recibes como algo que Dios ha permitido, porque a veces cuando te acorralan tanto los malos, la única solución sería morir, pero para Dios no ha llegado tu hora, así que ¡vive!, ¡vive y sufre!, hasta que se cansen, hasta que se les acaben las armas, tanto psicológicas, como verbales y físicas. ¡Tú resiste!, este es tu sublime deber de cristiano, como Cristo, que solo, aguantó tan terribles dolores, psicológicos, verbales y físicos, y ya sabes que Él, es el Camino, y siguiendo su camino, muchos harán contigo semejante a como le hicieron a Él, porque Dios estando contigo, siguen haciéndoselo a Él.

Otro favor que te pido, hijo, hija, aparte de aceptar y resistir el dolor, es que no quieras comprender al mal, porque intentándolo comprender, juzgas a Dios, que prohibió toda forma y manera de mal y maldades. Si quien te daña no cumplió con los 10 mandamientos, aunque tú, antes, no hubieras cumplido con ellos, y que incluso, tu pecado a Dios lo hubiera dañado, todo y siendo así, no justifiques el pecado de otros, porque de hacerlo, tendrías que justificar el tuyo, y Dios quiere que aceptes tu pecado como que cada uno acepte el suyo. ¡Los hechos son la realidad!, y si AHORA, alguien peca contra Dios, yendo contra ti, acepta el sufrimiento, pero no escondas su pecado, por tus pecados. Él-ellos se portan mal, ¡acéptalo!, como si tú te portaste mal, lo aceptas, y si no te hubieras confesado, te vas a confesar, pero no unas ¡jamás!, JAMÁS, tu pecado con el suyo, porque caerías en la depresión de los justos, de los que buscando justicia, y viendo a todos malos, decidieras acabar con tu vida. ¡Dios ya sabe que ni uno de vosotros es bueno!, ¡lo sabe, mi querido hijo, mi querida hija!, por eso vino al mundo y se hizo hombre y murió por todos.

Existe la cadena del amor, que es hacer obras de bien, y esta es la cadena a la cual todos deben unirse.

Nunca hay que unirse a la cadena del mal: “me hacen, les hago”, o “me hacen porque les hice, y entonces es mi pecado quien es el más malo, que les hace pecar”.

¡¡NADIE HACE PECAR A NADIE!!

Todos pecan porque quieren. ¡Dios es justo!

Sí que uno puede pecar, porque “no le queda otra”, o mata en defensa propia o muere.

Pero cuando te hagan daño, no vuelvas a pensar, ¡nunca más!, que es porque tú les dañaste. De haber sido así: ¡que se aguanten!, y tú ¡aguanta ahora el dolor de sus pecados! ¡Somos Iglesia!

Debes comprender que hay quien te agrede teniendo razones, o por sus razones, sean contra ti habiéndole hecho daño, o no habiéndoselo hecho.

¡NUNCA JUSTIFIQUES EL MAL! ¡¡¡JAMÁS!!!

Aunque tú fueras el culpable de que el dolor que hiciste a otros, por tu imperfección, involuntaria o voluntaria, sea ahora la reacción de ellos, al ir contra ti por algo que pasó, algo que le dijiste, algo que le hiciste, y él-ella se dolió de ello, y te devolvió mal por mal.

¡¡¡Está terminantemente prohibido por la Ley de Dios, devolver mal por mal, y por bien!!! Así que quien te daña es reo de culpabilidad contra ti delante de Dios.

¡Que todos se vayan a confesar y obren el bien siempre, por el bien recibido y por el mal recibido!

Quien va haciendo daño no es bueno, no es alguien bueno, es una persona mala, haga el mal por el mal recibido, aunque sea un mal tuyo, o haga el mal por sí mismo o porque se lo han pedido.

Tienes que tener claro este asunto, si no enloquecerás y desearás la muerte, ¡y es lo que algunos quizás quieran!, ¡que mueras! Pero, aunque algunos quizás lo quieran, DIOS TE AMA, Dios te quiere vivo, sufriendo, como Él sufrió.

No tiene nada, NADA que ver, tu maldad, con la maldad que te dan. ¡NADA QUE VER!, porque Dios, a cada uno, y a todos, ha dado la capacidad de hacer el bien, de devolver bien por mal y por bien. Eso hizo Jesús, y todos debéis seguir su ejemplo, ¡el Cordero!

Si tú cometiste pecados, y sé que lo hiciste, porque todos cometen pecados, entonces, si aún no los has confesado, ¡vete a confesarlos!

Si otros cometen pecados, incluso contra ti, haciéndote sufrir, acepta este dolor, acepta que son malos, acepta que necesitan de tu ejemplo, de tu oración, ¡de confesión!

Vivís juntos en el mismo mundo, pero Dios juzga a cada uno, y aún el mal de uno es un bien si se cree, si se confía, si se acepta TODO para Gloria del Sumo Bien.

Antes, muchos ofrecían sacrificios a Dios, o a los dioses, incluso los satánicos ofrecen sacrificios a Satanás, pero todo esto NO ES NECESARIO, sólo os basta amar a Dios con todo vuestro corazón, con todas vuestras fuerzas y con todos vuestros pensamientos en positivo, sabiendo que Dios, Jesús, te Ama, y vino al mundo, vía, conducto, las entrañas de la Purísima Virgen María, para que los sacrificios no fueran como antes de su Sacrificio, sino que después de ofrecerse Él mismo, sólo se le puede ofrecer a Dios, EL BIEN; todo lo demás ES PECADO MORTAL, es decir: quien no hace el bien, morirá e irá al Infierno Eterno, por el mal que ha hecho, se lo hayan hecho antes a él, o no.

No quieras morir porque los demás te hagan sufrir tanto que te parezca que mueras.

Un consejo, mira otras cosas, no te obsesiones. Aunque es natural que pienses en el mal que te dan, porque lo recibes, pero te sugiero, que aceptándolo, hagas planes de futuro, planes de cosas buenas que quieres hacer, y ¡por Dios!, todos tus pecados ya confesados!, no los regreses a tu mente, porque no es bueno recordar el mal, uno tiene que vivir en el ahora de ser bueno y hacer el bien.

¡Por fin he conseguido que dejes de sufrir!, me tenías preocupado, ya que, ¡Dios te Ama tanto!, y tú, pensando en tu pecado, pensando en ese dolor que recibes de los que dañaste y se vengan del dolor que les diste, cuando a lo mejor lo hiciste sin darte cuenta, o por costumbres humanas. La próxima semana os hablaré de las costumbres humanas, como la de gritar al responder a cosas sin importancia, o la indiferencia… a veces esos actos han puesto rencor en los corazones de los débiles, y una vez por dinero, o poder adquirido, van y se vengan del dolor recibido, porque algunos creen que la fuerza la da el dinero, el prestigio, y no, la fuerza está en el corazón; quien tenga más capacidad de hacer el bien, de dar buen ejemplo, este es el más fuerte, ¡los santos siempre ganan!, por eso van al Cielo ¡volando!

Tú, sé de los santos, y si sufres hoy por el dolor que otros te dan, y que se fraguó en su corazón, por el dolor recibido por ti, queriendo o sin querer, o porque son malos, o porque se lo han pedido, primero: acéptalo, segundo: resístelo, tercero: haz bien por mal, cuarto: reza por ti y por ellos. Sí, primero por ti, para que no peques contra ellos, y por ellos, porque no pequen contra ti. Y, te digo hijo mío, que verás brillar el sol al alba, porque la oración lo puede todo.

Otra cosa más, si los que te dañan son personas de tu familia, sé que te dolerá más, pero recuerda siempre la verdad, tu verdadera familia es Dios, y esa, ¡jamás! te traicionará, y además, TE NECESITA, porque ellos no están en esta vida, y tú los representas, para propagar las cadenas de amor.

Y otra cosa más, aunque alguien de tu familia, o varios de tu familia no te amasen, aunque ninguno de tu familia te amase, ¡Dios te Ama!, y quiere que vivas; ¡vive!

Dios quiere que aceptes el sacrificio de tu dolor, este de una posible venganza a una injusticia tuya, o a faltas de carácter tuyo, que dañaron a otros, o por malos entendidos… ¡Acepta todo lo que Dios permite!, como Dios permitió que Su Hijo Cristo muriera por ti, ¡por todos!, para que la Cruz sea un punto de unión y no de separación, y la Cruz es dolor, porque allí Nuestro Señor Jesucristo sufrió mucho, muchísimo, hasta que no pudo más y murió. Así que ya sabes la medida para aguantar el dolor que recibes y te dan: ¡hasta que tuvieres que llegar a la muerte! Y no vas a llegar a eso, porque rezando, Dios te hará partir del lugar de donde sufres tanto, para llevarte a nuevos prados, allí donde la paz está en servirle con todo tu corazón, haciendo el bien, por amor a Dios. La palabra mágica es CARIDAD.

Dios espera de ti la aceptación de tu dolor, por su amor.

¡Dios te Ama! ¡Vive!

Con afecto sincero.

 P. Jesús

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134 Carta / A ti, que quieres lo que no puedes comprar

Domingo, 21 de Diciembre de 2.014

A ti, que quieres lo que no puedes comprar:

Han pasado los tiempos en que el consumismo era algo habitual en la sociedad, en ti; ahora las cosas han cambiado, la crisis mundial ha dejado a muchos sin dinero y, a algunos, sin trabajo.

Esos que no pueden comprar lo que desean, que sepan que son muchos los que no pueden, y tantos hay que agradecen un plato en la mesa y un techo.

Hay que cambiar las costumbres, y acostumbrarse a no tener lo que no puedes comprar. Eso no es malo, lo malo es tener dinero y no ayudar al necesitado, ¡eso es lo malo!, pero no tener dinero para comprar, puede ser triste, pero no es malo.

Deseo y pido a Dios Padre, que todos tengáis un plato en la mesa y un techo encima de la cabeza, un lugar donde se os quiera de verdad y una santa familia que os ayude a la santidad, a la felicidad de sentiros amados. 
Aprende a pasar de lo que no puedes comprar. Se aprende y se vive, ¡tantos lo hacen!, y algunos, además, son felices, sobre todo son felices los que, aún no pudiendo comprar, son capaces de regalar amor, paz y reconciliación.

Hay que reconciliarse, porque la felicidad no la da el comprar, sino el saber perdonar. Dios es feliz porque perdona a todos. Puedes comprobarlo tú mismo; puedes irte a confesar, y Dios te perdonará. 

Dios da a tu vida un verdadero sentido, el de vivir la Caridad.

Te deseo una muy buena y feliz Navidad. Tienes segura tu salvación, porque es Jesús, Dios, quien te la da, y esto es una alegría para ti, que deseo te dé una buena Navidad, aunque no puedas comprar, pero sí puedes recibir de Dios su Amor y su Paz.

Feliz Navidad, amigo-a de Dios.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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160 Carta / A ti, que perdonas pecados, sin ser Dios ni sacerdote

Domingo, 21 de Junio de 2.015

A ti, que perdonas pecados, sin ser Dios ni sacerdote:

Sí, esto hacen los que por emociones humanas, deciden a quién mirar con simpatías y aprobar de ellos su pecado, ¡su escándalo! Sabes que no tienes razón; ni ellos, ni tú, pero puede más tu corazón, que la práctica de tu fe. ¡Esto acaba mal!

Hay que comprender que no se puede cambiar la ley de Dios, por mucho que duela el pecado que se comete; no se puede apoyar el mal, y el mal es todo lo que va contra Dios; Dios pide a su pueblo, pidió al primer hombre y a la primera mujer, obediencia.

Escuchad historias verdaderas, y todas os dirán, y todas dicen, que el transgresor de la ley de Dios, acaba mal, termina mal, sufriendo mucho; ¿y por qué?, porque los diez mandamientos es lo bueno, es lo que nos mantiene “en pie”, sanos, fuertes. El cumplimiento de la ley de Dios, es, digamos, como el sello de marca, como las normas del buen funcionamiento para, no sólo tener salud y larga vida, no sólo tener abundancia de bienes, no sólo ser honrado por los demás, sino que además, cumpliendo los diez mandamientos por amor a Dios, contando con Dios y sus sacramentos, esto te lleva al cielo.

Duele, sé que duele que una persona amada, no cumpla uno o varios mandamientos de la ley de Dios, pero la solución no es darle tu aprobación, al contrario, además de que apoyas su pecado, tú pecas también, y en vez de ser uno quien se pierde el Cielo, sois dos.

La Sagrada Biblia dice que hay que corregir al hermano, y corregir no es dar tu aprobación a su pecado por simpatía, por afecto. Por eso, Dios quiere que le ames sobre todas las cosas y personas, y si le amas el primero, cumplirás sus mandamientos y no apoyarás al pecador, sino que le dirás, con este afecto que sientes, que su pecado no lo quiere Dios, y que puede condenarse.

El Cielo es un lugar maravilloso, ¡no te lo pierdas!

Con afecto sincero.

P. Jesús

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