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Santoral Julio

1 de Julio / Beato Junípero Serra, (1713-1784)

«Siempre adelante, nunca hacia atrás». Este fue el lema de Junípero Serra, cuyas dotes intelectuales, celo misionero, bondad y paciencia produjeron sus frutos en su nativa Mallorca, en México y en los Estados Unidos. 

Nacido en Petra (Mallorca) el 24 de noviembre de 1713, Miguel José fue hijo de Antonio Serra y Margarita Ferrer, agricultores. Después de la enseñanza primaria en los Franciscanos de Petra, Miguel marchó a Palma, la Capital, e ingresó en los Frailes Menores en 1730, tomando el nombre de Junípero en honor de uno de los primeros seguidores de San Francisco. Ordenado de sacerdote en 1737, Serra fue destinado a enseñar filosofía. Entre sus alumnos hubo dos que fueron sus últimos colaboradores en el Nuevo Mundo, Francisco Palou y Juan Crespí. Tras doctorarse en Teología en la Universidad del Beato Ramón Llull en 1742, Serra continuó enseñando filosofía y teología y adquirió gran fama como predicador. 

En 1749, en unión de Palou, partió para el Colegio de San Fernando, en la Ciudad de México. Temiendo comunicar a sus padres su próxima partida, Serra pidió a un fraile compañero suyo que les informara sobre el particular. «Yo quisiera poder infundirles la gran alegría que llena mi corazón», decía. «Si yo pudiera hacer esto, seguro que ellos me instarían a seguir adelante y no retroceder nunca». Les pedía que comprendieran su vocación misionera y prometía recordarlos en la oración. 

Poco después de su llegada a México, Serra sufrió la picadura de un insecto que le produjo la hinchazón de un pie y una úlcera en la pierna de la que le resultó una cojera para el resto de su vida. Tras unos meses en el Colegio de San Fernando, Serra fue destinado a las misiones de Sierra Gorda al nordeste de la ciudad de México. Allí trabajó durante ocho años, tres de ellos como presidente de las misiones. Llamado a la Ciudad de México, fue maestro de novicios durante nueve años y continuó su predicación en las zonas alrededor de la capital. En 1767 los jesuitas fueron expulsados de México y sus misiones de la Baja California fueron encomendadas al Colegio de San Fernando. Serra fue nombrado presidente de esas misiones, cuya cabecera estaba en la Misión de Loreto. 

En 1769, la Corona de España decidió colonizar la Alta California (hoy Estado de California en los EE.UU.). Serra fue nombrado nuevamente presidente; supervisó la fundación de las nueve misiones: San Diego (1769), San Carlos Borromeo (1770), San Antonio de Padua (1771), San Gabriel Arcángel (1771), San Luis Obispo (1772), San Francisco de Asís (1776), San Juan de Capistrano (1776). Santa Clara de Asís (1777) y San Buenaventura (1782). 

En 1773 Junípero fue a la Ciudad de México para entrevistarse con el Virrey Bucarelli y tratar de resolver los problemas que habían surgido entre los misioneros y los representantes del Rey en California. La Representación de Serra (1773) ha sido llamada «Carta de los Derechos» de los indios; una parte decretaba que «el gobierno, el control y la educación de los indios bautizados pertenecerían exclusivamente a los misioneros». Durante esta visita a la Ciudad de México Serra escribió a su sobrino, el Padre Miguel Ribot Serra diciéndole: «En California está mi vida y allí, si Dios quiere, espero morir». 

Ni siquiera el martirio del Padre Luis Jaime en la Misión de San Diego (1775) apagó el deseo de Serra de añadir nuevas misiones a la cadena de las ya existentes a lo largo de la costa de California. En todas estas misiones, Junípero y los frailes enseñaron a los indios métodos de cultivo más eficaces y el modo de domesticar a los animales necesarios para la alimentación y el transporte. Cuando fue capturado el indio que dirigía a los rebeldes en la Misión de San Diego, Serra escribió al Virrey, pidiéndole que perdonara la vida del indio. Los que fueron capturados, fueron eventualmente perdonados. En la misma carta al Virrey, Serra pedía que «en el caso de que los indios, tanto paganos como cristianos, quisieran matarme, deberían ser perdonados». Serra explicaba: «Debe darse a entender al asesino, después de un moderado castigo, que ha sido perdonado y así cumpliremos la ley cristiana que nos manda perdonar las injurias y no buscar la muerte del pecador, sino su salvación eterna». 

Serra pasó los últimos años de su vida ocupado en las tareas de la administración, la necesidad de escribir muchas cartas a las otras misiones y a la Iglesia y a los oficiales del gobierno en la Ciudad de México, y con el ansia de fundar las misiones necesarias. Sin embargo, trabajó con gran fe y tenacidad, aunque le iban faltando las fuerzas. Los indios le pusieron de apodo «el viejo», porque tenía 56 años cuando llegó a la Alta California, pero Serra trabajó constantemente hasta su muerte el 28 de agosto de 1784 en la Misión de San Carlos Borromeo, que había sido su cuartel general y se convirtió en el lugar de su descanso definitivo. Los indios y los soldados lloraron la muerte de Serra y lo llamaban «Bendito Padre». Muchos se llevaban un trozo de su hábito como recuerdo; otros tocaban medallas y rosarios a su cuerpo. 

Poco tiempo después de la muerte de Serra, el Guardián del Colegio de San Fernando escribía al Provincial de los Franciscanos en Mallorca: «Murió como un justo, en tales circunstancias que todos los que estaban presentes derramaban tiernas lágrimas y pensaban que su bendita alma subió inmediatamente al cielo a recibir la recompensa de su intensa e ininterrumpida labor de 34 años, sostenido por nuestro amado Jesús, al que siempre tenía en su mente, sufriendo aquellos inexplicables tormentos por nuestra redención. Fue tan grande la caridad que manifestaba, que causaba admiración no sólo en la gente ordinaria, sino también en personas de alta posición, proclamando todos que ese hombre era un santo y sus obras las de un apóstol». 

El 14 de septiembre de 1987, el Papa Juan Pablo II tuvo un encuentro con los Indios nativos americanos en Fénix, Arizona, durante el cual alabó los esfuerzos de Serra para proteger a los indios contra la explotación. Tres días más tarde el Papa visitó la tumba de Serra en la Misión de S. Carlos Borromeo y recordó la Representación de Serra en 1773 en favor de los indios de California. Juan Pablo II dijo que Serra y sus misioneros compartían la convicción de que «el Evangelio es un asunto de vida y de salvación. Ellos estimaban que al ofrecer a Jesucristo a la gente, estaban haciendo algo de un valor, importancia y dignidad inmensos». Esta convicción los sostenía «frente a cualquier vicisitud, desazón y oposición». 

El mismo Juan Pablo II beatificó solemnemente en Roma a Fray Junípero el 25 de septiembre de 1988.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Beato Junípero Serra, (1713-1784)

“Siempre adelante, nunca hacia atrás”. Eso hacen los santos, por la Gracia de Dios. Cuando quieras ser santo harás esto: “Siempre adelante, nunca hacia atrás”, como hacía nuestro bendito Beato Junípero Serra, que puso en práctica su frase preferida, que le salía del corazón, por la alegría de la evangelización.

“Siempre adelante, nunca hacia atrás”.

P. Jesús

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2 de Julio / San Otón

San Otón fue obispo de Bamberg y es llamado el Apóstol de Pomerania . Nació en Suabia, Alemania, y vivió en el siglo XII. Huérfano de padre y madre, enfrentó muchas dificultades para costear sus estudios en filosofía y ciencias humanas. Partió a Polonia para ganarse la vida. Poco a poco se estableció y fundó una escuela que ganó prestigio y le dio buenas ganancias.

Se hizo conocido y estimado en la corte polaca , amigo y consejero del emperador, que lo nombró obispo de Bomberg. San Otón, sin embargo solamente quedó con la conciencia tranquila cuando fue consagrado obispo por el papa Pascual, alrededor del año 1106.

Es considerado el evangelizador de la Pomerania; fundó allí numerosos monasterios. Y apoyado por Boleslao, duque de Polonia que dominaba la región, y por Vratislao, duque cristiano de Pomerania, recorrió todas las ciudades instruyendo a los gentiles y bautizando a los que se adherían a la fe, intercediendo ante el príncipe por la liberación de los prisioneros, exhortando a todos a abandonar los ídolos y a convertirse al Dios de Jesucristo. Esparció misioneros por toda la Pomerania.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Otón

Sí, un Santo es también todo un hombre, como lo fue San Otón, que ‘se hizo así mismo’, huérfano y si dinero, se labró el sólo, con la ayuda de Dios, que no le falta a nadie, un porvenir, trabajó y pagó sus estudios. Hoy hay hijos inteligentes, fuertes y sanos, que acusan a sus padres, que por precariedad económica y sus propias circunstancias no han podido págales estudios de tener carencias en su propia vida, pero no saben hacer como los Santos, que en todo y siempre bendicen a quien les dio la vida y se bastan a sí mismos para trabajar y pagarse los estudios y llegar ‘lejos en la vida’. San Otón prospero en la vida, y así mismo fue un hombre influyente en las altas esferas sociales y también en las que llaman bajas. La gente confiaba en él, porque él confió en si mismo y se hizo, por si sólo, y gracias a tener vida pudo hacerlo, se hizo un ‘hombre de bien’, y Dios lo hizo Santo e influyente, porque no se quejó de su ‘suerte’, sino que pensó en servir y amar a Dios y ahora está con Él.

Para ser Santo hay que ser primero hombre y persona de fe y confianza en si mismo y voluntad para obrar y creer que Dios rige tu vida si tú le dejas. ¿Le dejas?

P. Jesús

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3 de Julio / Santo Tomas, Apóstol

Se le conoce a Santo Tomás por su incredulidad después de la muerte del Señor. Jesús se apareció a los discípulos el día de la resurrección para convencerlos de que había resucitado realmente. 

Tomás, que estaba ausente, se negó a creer en la esurrección de Jesús: “Si no veo en sus manos la huella de los clavos y pongo el dedo en los agujeros de los clavos y si no meto la mano en su costado, no creeré”. Ocho días más tarde, cuando Jesús se encontraba con los discípulos, se dirigió a Tomás y le dijo: “Pon aquí tu dedo y mira mis manos: dame tu mano y ponla en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.” Tomás cayó de rodillas y exclamó: “Señor mío y Dios mío!” Jesús replicó: “Has creido, Tomás, porque me has visto. Bienaventurados quienes han creído sin haber visto.” 

El Martirologio Romano, que combina varias leyendas, afirma que Santo Tomás predicó el Evangelio a los partos, medos, persas e hircanios, y que después pasó a la India y fue martirizado en “Calamina”. Conmemora el 3 de julio la traslación de las reliquias de Santo Tomás a Edesa. En el Malabar y en todas las iglesias sirias dicha fecha es la de la fiesta principal, pues el martirio tuvo lugar el 3 de julio del año 72.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santo Tomas, Apóstol

Después de dudar de la resurrección de Jesús, Tomás, Santo Tomás, por la Gracia de Dios, fue por el mundo a predicar el Evangelio, y es santo.

Eso debe animarte a que tú, como Santo Tomás, puedes ser santo también; sólo hace falta que estés del lado de Dios, aunque dudes; y Dios, por tu amor sincero y verdadero a Él, te dará las circunstancias necesarias para que puedas poner ‘tu dedo en Sus llagas’ y creer; porque Dios quiere que creas, que te salves y le ayudes a salvar a otros.

No temas a tus dudas, acéptalas, y Dios pondrá sentido a tu vida, porque Dios ama a los Tomases y a los Pedros y a los Juanes. Dios ama a cada uno según lo que es y, si aceptamos Su Amor, nos cambia y nos hace santos; santos por Dios.

P. Jesús

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4 de Julio / Santa Isabel de Portugal

Isabel significa “Promesa de Dios” (Isab = promesa. El = Dios). 

Nació en 1270. Era hija del rey Pedro III de Aragón, nieta del rey Jaime el Conquistador, biznieta del emperador Federico II de Alemania. Le pusieron este nombre en honor de su tía abuela Santa Isabel de Hungría. 

Santa Isabel tuvo la dicha que su familia se esmerara extremadamente en formarla lo mejor posible en su niñez. Desde muy niña tenía una notable inclinación hacia la piedad, y un gusto especial por imitar los buenos ejemplos que leía en las vidas de los santos o que observaba en las vidas de las personas buenas. En su casa le enseñaron que si quería en verdad agradar a Dios debía unir a su oración, la mortificación de sus gustos y caprichos y esforzarse por evitar todo aquello que la pudiera inclinar hacia el pecado. Le repetían la frase antigua: “tanta mayor libertad de espíritu tendrás, cuanto menos deseos de cosas inútiles o dañosas tengas”. Sus educadores le enseñaron que una mortificación muy formativa es acostumbrarse a no comer nada entre horas (o sea entre comida y comida), y soportar con paciencia que no se cumplan los propios deseos, y esmerarse cada día por no amargarle ni complicarle la vida a los demás. Dicen sus biógrafos que la formidable santidad que demostró más tarde se debe en gran parte a la esmerada educación que ella recibió en su niñez. 

A los 15 años ya sus padres la habían casado con el rey de Portugal, Dionisio. Este hombre admiraba las cualidades de tan buena esposa, pero él por su parte tenía un genio violento y era bastante infiel en su matrimonio, llevaba una vida nada santa y bastante escandalosa, lo cual era una continua causa de sufrimientos para la joven reina, quien soportara todo con la más exquisita bondad y heroica paciencia. 

El rey no era ningún santo, pero dejaba a Isabel plena libertad para dedicarse a la piedad y a obras de caridad. Ella se levantaba de madrugada y leía cada día seis salmos de la Santa Biblia. Luego asistía devotamente a la Santa Misa; enseguida se dedicaba a dirigir las labores del numeroso personal del palacio. En horas libres se reunía con otras damas a coser y bordar y fabricar vestidos para los pobres. Las tardes las dedicaba a visitar ancianos y enfermos y a socorrer cuanto necesitado encontraba. 

Hizo construir albergues para indigentes, forasteros y peregrinos. En la capital fundó un hospital para pobres, un colegio gratuito para niñas, una casa para mujeres arrepentidas y un hospicio para niños abandonados. Conseguía ayudas para construir puentes en sitios peligrosos y repartía con gran generosidad toda clase de ayudas. Visitaba enfermos, conseguía médicos para los que no tenían con qué pagar la consulta; hacía construir conventos para religiosos, a las muchachas muy pobres les costeaba lo necesario para que pudieran entrar al convento, si así lo deseaban. Tenía guardada una linda corona de oro y unos adornos muy bellos y un hermoso vestido de bodas, que prestaba a las muchachas más pobres, para que pudieran lucir bien hermosas el día de su matrimonio. 

Su marido el rey Dionisio era un buen gobernante pero vicioso y escandaloso. Ella rezaba por él, ofrecía sacrificios por su conversión y se esforzaba por convencerlo con palabras bondadosas para que cambiara su conducta. Llegó hasta el extremo de educarle los hijos naturales que él tenía con otras mujeres. 

Tuvo dos hijos: Alfonso, que será rey de Portugal, sucesor de su padre, y Constancia (futura reina de Castilla). Pero Alfonso dio muestras desde muy joven de poseer un carácter violento y rebelde. Y en parte, esta rebeldía se debía a las preferencias que su padre demostraba por sus hijos naturales. En dos ocasiones Alfonso promovió la guerra civil en su país y se declaró contra su propio padre. Isabel trabajó hasta lo increíble, con su bondad, su amabilidad y su extraordinaria capacidad de sacrificio y su poder de convicción, hasta que obtuvo que el hijo y el papá hicieran las paces. Lo grave era que los partidos políticos hacían todo lo más posible para poder enemistar al rey Dionisio y su hijo Alfonso. 

Algunas veces cuando los ejércitos de su esposo y de su hijo se preparaban para combatirse, ella vestida de sencilla campesina atravesaba los campos y se iba hacia donde estaban los guerreros y de rodillas ante el esposo o el hijo les hacía jurarse perdón y obtenía la paz. Son impresionantes las cartas que se conservan de esta reina pacificadora. Escribe a su esposo: “Como una loba enfurecida a la cual le van a matar a su hijito, lucharé por no dejar que las armas del rey se lancen contra nuestro propio hijo. Pero al mismo tiempo haré que primero me destrocen a mí las armas de los ejércitos de mi hijo, antes que ellos disparen contra los seguidores de su padre”. Al hijo le escribe: “Por Santa María la Virgen, te pido que hagas las paces con tu padre. Mira que los guerreros queman casas, destruyen cultivos y destrozan todo. No con las armas, hijo, no con las armas, arreglaremos los problemas, sino dialogando, consiguiendo arbitrajes para arreglar los conflictos. Yo haré que las tropas del rey se alejen y que los reclamos del hijo sean atendidos, pero por favor, recuerda que tienes deberes gravísimos con tu padre como hijo y como súbdito con el rey”. Y conseguía la paz una y otra vez. 

Su esposo murió muy arrepentido, y entonces Isabel dedicó el resto de su vida a socorrer pobres, auxiliar enfermos, ayudar a religiosos y rezar y meditar. 

Pero un día supo que entre su hijo Alfonso de Portugal y su nieto, el rey de Castilla, había estallado la guerra. Anciana y achacosa como estaba, emprendió un larguísimo viaje con calores horrendos y caminos peligrosos, para lograr la paz entre los dos contendores. Y este viaje fue mortal para ella. Sintió que le llegaba la muerte y se hizo llevar a un convento de hermanas Clarisas, y allí, invocando a la Virgen María murió santamente el 4 de julio del año 1336. 

Dios bendijo su sepulcro con varios milagros y el Sumo Pontífice la declaró santa en 1626. Es abogada para los territorios y países donde hay guerras civiles, guerrillas y falta de paz. Que Santa Isabel ruegue por nuestros países y nos consiga la paz que tanto necesitamos.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa Isabel de Portugal

Santa Isabel, que falta haces en tantos hogares donde, padres e hijos y nietos, y toda una familia, se pierde la paz y empiezan las peleas. Tú, que tan buena fuiste, intercede por nosotros, para que imitemos a –Cristo y a Su Santísima Madre, María, como tú hiciste;  bendita tú Santa Isabel de Portugal, porque poner paz es lo que más se necesita en un hogar, para que así el amor florezca y dé paso a la santidad.

Haced como le hicieron a Santa Isabel, que desde muy niña la educaron bien. Educad bien a los niños para que les sea más fácil ser perfectos, y Dios los hará santos, como hizo con Santa Isabel de Portugal.

P. Jesús

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5 de Julio / San Antonio Maria Zaccaria (1502-1539)

San Antonio, quien fue fundador de los Clérigos Regulares de San Pablo, nació en Cremona en el año 1502, y desde niño mostró una gran compasión hacia los pobres.

Al finalizar su carrera de medicina, en la Universidad de Padua, el santo de 22 años, comprendió que su vocación consistía en cuidar tanto las almas como los cuerpos y se consagró seriamente al estudio de la teología, sin dejar por ello de ejercer su profesión, de ayudar espiritualmente a los moribundos, de enseñar la doctrina cristiana a los jóvenes y de servir a todos. En 1528, recibió la ordenación sacerdotal, trasladándose a a Milán donde ingresó a la cofradía de la “Eterna Sabiduría”. En 1530, el P. Zaccaria y otros dos sacerdotes, Bartolomné Ferrari y Jacobo Morigia, decidieron fundar una asociación de clérigos regulares, es decir, sacerdotes obligados con voto a seguir una regla, pero que no eran frailes ni monjes, cuyo objetivo era revivir y reavivar el amor por los oficios litúrgicos y promover la vida cristiana mediante la predicación y la administración de los sacramentos.

Mientras que Lutero atacaba las verdades de la fe y las iniquidades del clero, la asociación del Padre Zaccaria trabajaba heroicamente por reformar la Iglesia desde el interior, reavivando el espíritu cristiano y el celo por las almas en el clero y administrando los sacramentos a los fieles. El Papa Clemente VII aprobó, en 1533, la nueva congregación de Clérigos Regulares de San Pablo. Un año antes de su muerte, San Antonio obtuvo para su congregación la iglesia de San Bernabé, en Milán.

El santo murió en Cremona, a los 37 años. Fue canonizado en 1897 por el Papa león XIII.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Antonio Maria Zaccaria (1502-1539)

Este Santo tan santo, quería y socorría los cuerpos y las almas de sus semejantes. San Antonio María Zaccaria estaba ocupado de noche y día, estudiando y cuidando de sus semejantes. Así son los santos, están siempre ocupados y el diablo no puede manejarlos a su antojo como los que practican el ocio y pierden gracias que recibirían de Dios si se dedicaran a cambiar de labor en vez de quedarse sin hacer nada, porque estando sin hacer nada, acecha el diablo y ¡Ay!… ¡Únete a Dios! ¡Trabaja con Dios! Como hacen los santos!

Te he avisado: ¡Nada de ocio! ¡Cambia de actividad, pero sigue sirviendo a los demás y a ti mismo, cultivándote en las cosas de Dios! ¡Las tuyas!

P. Jesús

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6 de Julio / Santa María Goretti

María nació el 16 de octubre de 1890, en Corinaldo, provincia de Ancona, Italia. Hija de Luigi Goretti y Assunta Carlini, tercera de siete hijos de una familia pobre de bienes terrenales pero rica en fe y virtudes, cultivadas por medio de la oración en común, rosario todos los días y los domingos Misa y sagrada Comunión. Al día siguiente de su nacimiento fue bautizada y consagrada a la Virgen. A los seis años recibirá el sacramento de la Confirmación. 

Después del nacimiento de su cuarto hijo, Luigi Goretti, por la dura crisis económica por la que atravesaba, decidió emigrar con su familia a las grandes llanuras de los campos romanos, todavía insalubres en aquella época. Se instaló en Ferriere di Conca, poniéndose al servicio del conde Mazzoleni, es aquí donde María muestra claramente una inteligencia y una madurez precoces, donde no existía ninguna pizca de capricho, ni de desobediencia, ni de mentira. Es realmente el ángel de la familia. 

Tras un año de trabajo agotador, Luigi contrajo una enfermedad fulminante, el paludismo, que lo llevó a la muerte después de padecer diez días. Como consecuencia de la muerte de Luigi, Assunta tuvo que trabajar dejando la casa a cargo de los hermanos mayores. María lloraba a menudo la muerte de su padre, y aprovecha cualquier ocasión para arrodillarse delante de su tumba, para elevar a Dios sus plegarias para que su padre goce de la gloria divina. 
Junto a la labor de cuidar de sus hermanos menores, María seguía rezando y asistiendo a sus cursos de catecismo. Posteriormente, su madre contará que el rosario le resultaba necesario y, de hecho, lo llevaba siempre enrollado alrededor de la muñeca. Así como la contemplación del crucifijo, que fue para María una fuente donde se nutría de un intenso amor a Dios y de un profundo horror por el pecado. 

Amor intenso al Señor 

María desde muy chica anhelaba recibir la Sagrada Eucaristía. Según era costumbre en la época, debía esperar hasta los once años, pero un día le preguntó a su madre: -Mamá, ¿cuándo tomaré la Comunión?. Quiero a Jesús. -¿Cómo vas a tomarla, si no te sabes el catecismo? Además, no sabes leer, no tenemos dinero para comprarte el vestido, los zapatos y el velo, y no tenemos ni un momento libre. -¡Pues nunca podré tomar la Comunión, mamá! ¡Y yo no puedo estar sin Jesús! -Y, ¿qué quieres que haga? No puedo dejar que vayas a comulgar como una pequeña ignorante. Ante estas condiciones, María se comenzó a preparar con la ayuda de una persona del lugar, y todo el pueblo la ayuda proporcionándole ropa de comunión. De esta manera, recibió la Eucaristía el 29 de mayo de 1902. 

La comunión constante acrecienta en ella el amor por la pureza y la anima a tomar la resolución de conservar esa angélica virtud a toda costa. Un día, tras haber oído un intercambio de frases deshonestas entre un muchacho y una de sus compañeras, le dice con indignación a su madre: -Mamá, ¡qué mal habla esa niña! -Procura no tomar parte nunca en esas conversaciones. -No quiero ni pensarlo, mamá; antes que hacerlo, preferiría…Y la palabra morir queda entre sus labios. Un mes después, sucedería lo que ella sentenció. 

Pureza eterna 

Al entrar al servicio del conde Mazzoleni, Luigi Goretti se había asociado con Giovanni Serenelli y su hijo Alessandro. Las dos familias viven en apartamentos separados, pero la cocina es común. Luigi se arrepintió enseguida de aquella unión con Giovanni Serenelli, persona muy diferente de los suyos, bebedor y carente de discreción en sus palabras. 
Después de la muerte de Luigi, Assunta y sus hijos habían caído bajo el yugo despótico de los Serenelli, María, que ha comprendido la situación, se esfuerza por apoyar a su madre: -Ánimo, mamá, no tengas miedo, que ya nos hacemos mayores. Basta con que el Señor nos conceda salud. La Providencia nos ayudará. ¡Lucharemos y seguiremos luchando! 
Desde la muerte de su marido, Assunta siempre estuvó en el campo y ni siquiera tiene tiempo de ocuparse de la casa, ni de la instrucción religiosa de los más pequeños. María se encarga de todo, en la medida de lo posible. Durante las comidas, no se sienta a la mesa hasta que no ha servido a todos, y para ella sirve las sobras. Su obsequiosidad se extiende igualmente a los Serenelli. Por su parte, Giovanni, cuya esposa había fallecido en el hospital psiquiátrico de Ancona, no se preocupa para nada de su hijo Alessandro, joven robusto de diecinueve años, grosero y vicioso, al que le gusta empapelar su habitación con imágenes obscenas y leer libros indecentes. En su lecho de muerte, Luigi Goretti había presentido el peligro que la compañía de los Serenelli representaba para sus hijos, y había repetido sin cesar a su esposa: -Assunta, regresa a Corinaldo! Por desgracia Assunta está endeudada y comprometida por un contrato de arrendamiento. 

Después de tener mayor contacto con la familia Goretti, Alessandro comenzó a hacer proposiciones deshonestas a la inocente María, que en un principio no comprende. Más tarde, al adivinar las intenciones perversas del muchacho, la joven está sobre aviso y rechaza la adulación y las amenazas. Suplica a su madre que no la deje sola en casa, pero no se atreve a explicarle claramente las causas de su pánico, pues Alessandro la ha amenazado: -Si le cuentas algo a tu madre, te mato. Su único recurso es la oración. La víspera de su muerte, María pide de nuevo llorando a su madre que no la deje sola, pero, al no recibir más explicaciones, ésta lo considera un capricho y no concede ninguna importancia a aquella reiterada súplica. 

El 5 de julio, a unos cuarenta metros de la casa, están trillando las habas en la tierra. Alessandro lleva un carro arrastrado por bueyes. Lo hace girar una y otra vez sobre las habas extendidas en el suelo. Hacia las tres de la tarde, en el momento en que María se encuentra sola en casa, Alessandro dice: 
-“Assunta, ¿quiere hacer el favor de llevar un momento los bueyes por mí?” Sin sospechar nada, la mujer lo hace. María, sentada en el umbral de la cocina, remienda una camisa que Alessandro le ha entregado después de comer, mientras vigila a su hermanita Teresina, que duerme a su lado. 
-“¡María!, grita Alessandro. -¿Qué quieres? -Quiero que me sigas. -¿Para qué? -¡sígueme! 
-Si no me dices lo que quieres, no te sigo”. 
Ante semejante resistencia, el muchacho la agarra violentamente del brazo y la arrastra hasta la cocina, atrancando la puerta. La niña grita, pero el ruido no llega hasta el exterior. Al no conseguir que la víctima se someta, Alessandro la amordaza y esgrime un puñal. María se pone a temblar pero no sucumbe. Furioso, el joven intenta con violencia arrancarle la ropa, pero María se deshace de la mordaza y grita: 
-No hagas eso, que es pecado… Irás al infierno. 
Poco cuidadoso del juicio de Dios, el desgraciado levanta el arma: 
-Si no te dejas, te mato. 
Ante aquella resistencia, la atraviesa a cuchilladas. La niña se pone a gritar: 
-¡Dios mío! ¡Mamá!, y cae al suelo. 
Creyéndola muerta, el asesino tira el cuchillo y abre la puerta para huir, pero, al oírla gemir de nuevo, vuelve sobre sus pasos, recoge el arma y la traspasa otra vez de parte a parte; después, sube a encerrarse a su habitación. 
María recibió catorce heridas graves y quedó inconsciente. Al recobrar el conocimiento, llama al señor Serenelli: -¡Giovanni! Alessandro me ha matado… Venga. Casi al mismo tiempo, despertada por el ruido, Teresina lanza un grito estridente, que su madre oye. Asustada, le dice a su hijo Mariano: -Corre a buscar a María; dile que Teresina la llama. 

En aquel momento, Giovanni Serenelli sube las escaleras y, al ver el horrible espectáculo que se presenta ante sus ojos, exclama: -¡Assunta, y tú también, Mario, venid! . Mario Cimarelli, un jornalero de la granja, trepa por la escalera a toda prisa. La madre llega también: -¡Mamá!, gime María. -¡Es Alessandro, que quería hacerme daño! Llaman al médico ya los guardias, que llegan a tiempo para impedir que los vecinos, muy excitados, den muerte a Alessandro en el acto. 

Sufrimiento redentor 

Al llegar al hospital, los médicos se sorprendieron de que la niña todavía no haya sucumbido a sus heridas, pues ha sido alcanzado el pericardio, el corazón, el pulmón izquierdo, el diafragma y el intestino. Al diagnosticar que no tiene cura, llamaron al capellán. María se confiesa con toda claridad. Luego, durante dos horas, los médicos la cuidaron sin dormirla. 

María no se lamenta, y no deja de rezar y de ofrecer sus sufrimientos a la santísima Virgen, Madre de los Dolores. Su madre consiguió que le permitan permanecer a la cabecera de la cama. María aún tiene fuerzas para consolarla: -Mamá, querida mamá, ahora estoy bien… ¿Cómo están mis hermanos y hermanas? 

En un momento, María le dice a su mamá: -Mamá, dame una gota de agua. -Mi pobre María, el médico no quiere, porque sería peor para ti. Extrañada, María sigue diciendo: 
-¿Cómo es posible que no pueda beber ni una gota de agua? Luego, dirige la mirada sobre Jesús crucificado, que también había dicho ¡Tengo sed!, y entendió. 

El sacerdote también está a su lado, asistiéndola paternalmente. En el momento de darle la Sagrada Comunión, le preguntó: -María, ¿perdonas de todo corazón a tu asesino? Ella le respondió: -Sí, lo perdono por el amor de Jesús, y quiero que él también venga conmigo al paraíso. Quiero que esté a mi lado… Que Dios lo perdone, porque yo ya lo he perdonado. 

Pasando por momentos análogos por los que pasó el Señor Jesús en la Cruz, María recibió la Eucaristía y la Extremaunción, serena, tranquila, humilde en el heroísmo de su victoria. 

Después de breves momentos, se le escucha decir: “Papá”. Finalmente, María entra en la gloria inmensa de la Comunión con Dios Amor. Es el día 6 de julio de 1902, a las tres de la tarde. 

La conversión de Alessandro 

En el juicio, Alessandro, aconsejado por su abogado, confesó: -“Me gustaba. La provoqué dos veces al mal, pero no pude conseguir nada. Despechado, preparé el puñal que debía utilizar”. Por ello, fue condenado a 30 años de trabajos forzados. Aparentaba no sentir ningún remordimiento del crimen tanto así que a veces se le escuchaba gritar: 
-“¡Anímate, Serenelli, dentro de veintinueve años y seis meses serás un burgués!”. Sin embargo, unos años más tarde, Mons. Blandini, Obispo de la diócesis donde está la prisión, decide visitar al asesino para encaminarlo al arrepentimiento. -“Está perdiendo el tiempo, monseñor -afirma el carcelero-, ¡es un duro!” 

Alessandro recibió al obispo refunfuñando, pero ante el recuerdo de María, de su heroico perdón, de la bondad y de la misericordia infinitas de Dios, se deja alcanzar por la gracia. Después de salir el Prelado, llora en la soledad de la celda, ante la estupefacción de los carceleros. 
Después de tener un sueño donde se le apareció María, vestida de blanco en los jardines del paraíso, Alessandro, muy cuestionado, escribió a Mons. Blandino: “Lamento sobre todo el crimen que cometí porque soy consciente de haberle quitado la vida a una pobre niña inocente que, hasta el último momento, quiso salvar su honor, sacrificándose antes que ceder a mi criminal voluntad. Pido perdón a Dios públicamente, ya la pobre familia, por el enorme crimen que cometí. Confío obtener también yo el perdón, como tantos otros en la tierra”. Su sincero arrepentimiento y su buena conducta en el penal le devuelven la libertad cuatro años antes de la expiración de la pena. Después, ocupará el puesto de hortelano en un convento de capuchinos, mostrando una conducta ejemplar, y será admitido en la orden tercera de san Francisco. 

Gracias a su buena disposición, Alessandro fue llamado como testigo en el proceso de beatificación de María. Resultó algo muy delicado y penoso para él, pero confesó: “Debo reparación, y debo hacer todo lo que esté en mi mano para su glorificación. Toda la culpa es mía. Me dejé llevar por la brutal pasión. Ella es una santa, una verdadera mártir. Es una de las primeras en el paraíso, después de lo que tuvo que sufrir por mi causa”. 

En la Navidad de 1937, Alessandro se dirigió a Corinaldo, lugar donde Assunta Goretti se había retirado con sus hijos. Lo hace simplemente para hacer reparación y pedir perdón a la madre de su víctima. Nada más llegar ante ella, le pregunta llorando. -“Assunta, ¿puede perdonarme? -Si María te perdonó -balbucea-, ¿cómo no voy a perdonarte yo?” El mismo día de Navidad, los habitantes de Corinaldo se ven sorprendidos y emocionados al ver aproximarse a la mesa de la Eucaristía, uno junto a otro, a Alessandro y Assunta.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa María Goretti

Los errores cometidos, si utilizan víctimas santas como Santa María Goretti, hacen que la historia personal del fracasado en virtudes y santidad, cambie, y, de ser malo, Dios lo hace bueno y ejemplar en su arrepentimiento, como pasó con Alessandro que mató a puñaladas a Santa María Goretti porque ella preservó su virginidad y pureza ante su pasión.

Hoy día, en el año 2.009, las niñas, muchas, hablan obscenidades, y quieren probar el sexo y son ellas mismas que incitan a los jóvenes.

¡Santas! ¿Dónde están las santas de nuestro tiempo?

A Santa María Goretti, también su madre por tener el deber, al ser viuda, de trabajar, la dejaba sola; pero ella sabía ocuparse de sus hermanos y hacer sus labores y trabajos y estudiar y prepararse para unirse a Dios. ¡No hay excusa en nadie! Si María Goretti pudo y es santa, tú puedes serlo; debes serlo y, con la Gracia de Dios, lo serás si quieres. ¿Quieres?… Pues imita a Santa María Goretti y llénate del amor a Dios, y piensa en el Cielo en vez de pensar en la concupiscencia del cuerpo. Ser santa, no es conocer toda la Biblia de pe a pa, y luego olvidarla en el momento de la concupiscencia, de lo que llaman ‘necesidades del cuerpo’; ser santa, ser santo, es vivir la pureza, es sentir ganas, hambre de Dios y deseos de ir al Cielo, y hacer un buen plan para ello: Confesión, oración, comunión, apartarse de los malos ejemplos, de los malos y vivir el día completo en la oración de ese amor a Dios, que no nos permite dejar de pensar en Él, ni un momento.

La vida es corta, El Amor verdadero suave como el vino de las bodas de Caná. ¡Bébelo! Por hacer lo que Cristo te diga: ¡Sé santo! ¡Sé santa! Ingéniatelas; móntatelo como quieras y puedas, pero apártate de pecar y sálvate, porque Dios te ama y te espera, y el demonio acecha también con sus tentaciones según tu manera de ser.

Mira qué virtudes te faltan, mira en qué virtudes debes aumentar tu vigilancia y sigue tu plan: Plan de santidad. Y sé santo, sé santa. Nadie te dará nada por tu pecado y en cambio Dios te cubrirá con Su Gloria por tus virtudes. Sé virtuoso. Ama a Dios sobre todas las cosas.

P. Jesús

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7 de Julio / San Panteno

San Panteno, sabio Padre de la Iglesia y varón apostólico, vivió en el siglo II. En su juventud había sido un filósofo de la escuela de los estoicos. Según la tradición, llegó a ser director de la escuela catequética de Alejandría. Los excelentes métodos pedagógicos que empleó, elevaron dicha escuela por encima de todas las de los filósofos. En esta misma escuela, San Panteno formó al famosísimo Clemente de Alejandría. 

Eusebio, el historiador, cuenta que había oído decir que San Panteno fue a predicar la fe a la India (tal vez Yemen y Etiopía) y que conoció ahí a los cristianos a los que San Bartolomé había dado el texto hebreo del Evangelio de San Mateo. Este testimonio, repetido por San Jerónimo, es uno de los argumentos más utilizados por los que sostienen que la Iglesia de la India fue fundada por un Apóstol. 

Eusebio afirma también que San Panteno era un hombre de gran cultura y un ardiente y celoso predicador.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Panteno

La cultura ayuda a los santos a ser más felices en el cumplimiento de su servicio humano a los demás. La cultura ayuda a disfrutar de la vida y de los deleites que Dios nos ha concedido en ella: la vida. La cultura nos permite saber de la historia y aprender de los que han vivido antes que nosotros; y han meditado en los caminos que debemos recorrer hoy nosotros, y sus pensamientos y los hechos suyos, son causa de alegría porque nos permiten ser mejores y evitarnos unos cuantos errores que se cometerían por la inexperiencia, por la ingenuidad y por la ignorancia. Tener cultura es lo que deseo a todos. Adquirid cultura y Dios será feliz de veros hablar cosas provechosas en vez de ociosas.

San Panteno, hombre culto y santo.

P. Jesús

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8 de Julio / Beato Eugenio III, Papa

San Antonio lo señala como a “uno de los Pontífices más grandes y que más sufrieron”. Nació en Montemagno, entre Pisa y Lucca. Después de ocupar un cargo en la curia episcopal de Pisa, ingresó en 1135 al monasterio cisterciense de Claraval. Tomó el nombre de Bernardo, y San Bernardo fue su superior en aquel monasterio. Cuando el Papa Inocencio II pidió que algunos cisterciences fuesen a Roma, San Bernardo envió a su homónimo como jefe de la expedición. Los cistercienses se establecieron en el convento de San Anastasio (Tre Fontane). 

A la muerte del Papa Lucio II, en 1145, los cardenales eligieron para sucederle a Bernardo, el abad de San Anastasio. El nuevo Pontífice tomó el nombre de Eugenio y fue consagrado en la abadía de Farfa. En enero de 1147, aceptó con gusto la invitación que le hizo Luis VII de que fuese a predicar la cruzada en Francia. En la segunda cruzada no tuvieron buenos resultados. El Papa permaneció en Francia hasta que el clamor popular por el fracaso de la cruzada le hizo imposible permanecer más tiempo en ese lugar. Durante su estancia en aquel país, presidió los sínodos de París, Tréveris y Reims, que se ocuparon principalmente de promover la vida cristiana; también hizo cuanto pudo por reorganizar las escuelas de filosofía y teología. En mayo de 1148 el Pontífice volvió a Italia y excomulgó a Arnoldo de Brescia (quien en sus peores momentos presagiaba a los demagogos doctrinarios de épocas posteriores). San Bernardo dedicó al Sumo Pontífice su tratado ascético “De Consideratione”, donde afirmaba que el Papa tenía como principal deber atender a las cosas espirituales y que no debía dejarse distraer demasiado por asuntos que corresponden a otros. 

Eugenio III partió de Roma en el verano de 1150 y permaneció dos años y medio en la Campania, procurando obtener el apoyo del emperador Conrado III y de su sucesor, Federico Barbarroja. 

El santo murió en Roma el 8 de julio de 1153. Su culto fue aprobado en 1872.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Beato Eugenio III, Papa

Papa y Beato, Eugenio III nos enseña que a veces trasladarse de ciudad  es la voluntad de Dios. Si no se hubiera trasladado no hubiera llegado a Papa.

No estés atado a las cosas, se libre como lo fue el Beato Eugenio III, que llegó a Papa, y ahora su vida nos sirve de ejemplo y luz e historia de la perfección de un alma: la suya, la del Papa Eugenio III Beato.

P. Jesús

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9 de Julio / San Nicolas Pieck y Compañeros, Mártires

En 1572 los calvinistas ahorcaron en Gorkum , Suiza, a 19 sacerdotes y religiosos a causa de su fe católica. Once los mártires eran frailes menores de la Observancia, entre ellos se contaban San Nicolás Pieck, guardián del convento de Gorkum y San Jerónimo Weerden, su vicario. Junto con ellos fueron ejecutados Juan Van Oosterwyk, canónigo regular de San Agustín, los sacerdotes diocesanos Leonardo Vechel, Nicolás Janssen y Godofredo Van Fuynen. 

Luego que el destacamento calvinista conocido con el nombre de la “armada de los piratas” se apoderara de la ciudad de Gorkum, el grupo estuvo a merced de los soldados y sometidos a sus crueles tratos como consecuencia del odio a la de los calvinistas y a la negativa del grupo de revelar dónde habían ocultado sus implementos eucarísticos. Pese a que les ofrecieron la libertad a cambio de que abjuraran de la Eucaristía y rechazaran la supremacía pontificia, los mártires no cedieron y fueron ejecutados en un granero aledaño a Gorkum. Fueron canonizados en 1867.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Nicolas Pieck y Compañeros, Mártires

Dejarse matar, antes que morir por dentro, al renunciar a Dios. Eso hacen los santos, y eso hicieron San Nicolas Pieck y Compañeros, todos mártires por la fe.

A ver, hablemos de martirios, de mortificación diaria a algunas cosas que te trae la misma vida, como por ejemplo el que no todos estén de acuerdo contigo. Sí eso he dicho: que sufras, que aceptes sufrir porque no están de acuerdo contigo en todo y, precisamente son las personas que amas. ¡Déjales que no piensen y vean las cosas como tú! ¿A ver si eres capaz de callar y además relacionarte con ellos?, sabiendo que tú tienes razón y ellos no, y todo y así, te relacionas con ellos, y haciendo la tuya, vives la mortificación, libremente, que te dan, y aceptando sus comentarios, sufres por dentro, mientras, como digo, haces la tuya, que es la de Dios, y además aceptas que te fastidien, y te añado que además no puedes fastidiarlos tú, sino que debes ser bueno siempre. ¡Eso es un martirio también, si lo haces todo por amor a Dios! ¿Te atreves?

Hay santos en este mundo actual de la democracia, porque no abandonan su fe, no abandonan a la Eucaristía, aunque se lo pidan. ¡Eso es la santidad!

P. Jesús

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