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Muerte

2 Carta / A ti que lloras

Domingo, 9 de mayo de 2.010

A ti que lloras:

¡Hijo, hija!, lloremos… por la pérdida de este ser amado que ha muerto…

Recemos juntos tú y yo; recemos unidos a la Madre de Dios, para que nos alivie de tanto dolor, para que podamos afrontar tan triste pérdida, para que… esté en el Cielo. Amén.

Amados del Padre, yo, como Jesús, tengo predilección por ti, por los que sufren; y tú sufres tanto, tanto…

Cuando uno decide ser sacerdote, tiene miedo, porque es como si el mundo se muriera un poco, porque vivir para Dios, es olvidarse de uno mismo, y la vida en el mundo es muy placentera para los egoístas. Un sacerdote no es jamás egoísta, puede ser un pecador, pero difícilmente será egoísta un sacerdote, porque decide dar su vida para dar vida a Dios mismo en cada Eucaristía.

Los sacerdotes estamos dispuestos a enfrentarnos con la muerte ajena, estamos preparados para administrar los últimos sacramentos y ayudar a bien morir. Tú, tendrías que tener un corazón de sacerdote, aun siendo laico. Te iría bien, dejarías el egoísmo y podrías enfrentarte a la muerte ajena con el corazón atravesado por la certeza de la fe, de que la vida continúa después de la muerte.

Sé que no eres sacerdote, por eso te escribo, porque sé que me necesitas, que necesitas de un sacerdote amigo, yo mismo, que te consuele y te diga que la muerte es vida y que, allí donde está… allí hay la alegría. Eres tú quien sufre, pero no sufren los que van al Cielo, esos son felices para siempre y te esperan, porque nadie deja de pasar por la muerte. Permíteme acompañarte, hijo mío, hija mía, permíteme acompañarte en la vida y en la muerte y en el Más Allá. Por eso soy sacerdote, para acompañarte, para consolarte, para que aceptes la santa Misericordia de Dios Padre, que, fíjate si nos lo puso fácil, que sólo por creer en que Jesús es Dios, tienes vida Eterna.

Cojámonos de las manos y recordemos a esta maravillosa persona que ha partido y nos espera en la Dicha Sin Fin de los hombres de fe, de los discípulos de Cristo, de los hijos de María, tu Madre y la mía.

Cree, cree que está bien…

Tú sí que estás mal, porque sufres mucho, pero… está bien. Muy bien están, los que están con Dios. Y la Misericordia de Dios es infinita; eso también tenlo en cuenta y recemos, recemos con fe, esperanza y caridad.

Un abrazo fuerte que te anime a seguir viviendo con tu fe. Dios vive…

… vive.

Esta semana, por favor, ofrece una Misa por esta persona que partió y te espera, feliz y confiando, en que vivirás con fe, esperanza y caridad. Amén.!

Con afecto sincero.

P. Jesús

© copyright

Para quien quiera contestar a la carta, CLICAR AQUÍ, aunque el P. Jesús no podrá responder a cada uno, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por esta persona y sus intenciones. EXPLICACIÓN.

7 Carta / A ti que deseas morirte

Domingo, 20 de junio de 2.010

A ti que deseas morirte:

 Hija, hijo, bendito seas por siempre, te mando una sonrisa de este sacerdote que a veces ha estado muy cansado de la vida, sin desear jamás mi muerte, sino que como Jesús, Dios, que pasase de mí este cáliz.

 Acabo de leerte, me has escrito así:

 En 13.06.2010 17:33 escribió O. de México

Hace mucho que Dios me abandonó… sólo vivo por vivir y con una gran necesidad de vengarme por el gran dolor y rencor que tengo… ya me cansé de rezar, de ver que nada de lo que más deseo llega… y darme cuenta que cada día me cuesta más trabajo vivir… ¡odio la vida! Quisiera que Dios ya me llevara de este mundo…. En verdad, P. Jesús ¡ya me cansé de rezar y de vivir!

 ¡Ven a mis brazos! Hijo, hija, ¡ven! Que yo también a veces he pensado que Dios parecía que me abandonaba, porque me he sentido solo, sin una mano amiga, sin un rostro amado, y no era porque no los tuviera, sino que no estaban a mi lado, velando conmigo. Hay días, momentos, tiempos, que parece que todos están lejos, porque el dolor y la amargura aprietan el corazón y hacen añicos las ganas de vivir. Te lo digo: necesitas descansar más y mejor; me vives estresado, obsesionado en un punto determinado y te has olvidado de ver todo el paisaje de tu vida. ¡Debes de coger los pinceles y, armándote de valor, tienes que valorar la vida, que por algo te la dio Dios!

 Sigamos un rato más abrazados. Noto tu corazón vencido, te siento derrotado por la humillación que padeces, y no quiero que sientas eso, no quiero que estés tan triste, porque Dios venció a la muerte. ¡¡Vive!!

 ¿Sabes qué? Quiero decirte que Dios te ha llevado a mí para que te consuele, y lo estoy haciendo y lo estoy consiguiendo, te estoy amando en silencio, como tu hermano mayor, con la fe por la que vivo y por la que me dejaría matar algún día.

 Hijo, hija, sigamos aún así unidos en este abrazo de hermanos en Cristo, en esta unión que es la comunión de los santos. Tú vas a ser santa, vas a ser santo. ¡Claro que sí! ¿Quién lo impide? Nadie, nadie puede impedir tu fe.

 Acepta que estás muy triste y te sientes desamparado. Acepta que te estoy consolando, que sólo con mis palabras te basta para que desees volver a pintar tu cuadro.

 A mi me tendrás siempre, porque los sacerdotes estamos unidos a Dios; si no soy yo será otro que te de ánimos y esperanzas. Pero… ¿Por qué no vienes a Casa? ¿Por qué no vienes a la Iglesia? Allí está Dios mismo en persona y puede y quiere abrazarte cuando vayas a comulgar. ¡Pasa antes por el confesonario! Cuéntale al mismo Dios tus penas, tus deseos de morirte, tu falta de fe. De la misma manera que has tenido la valentía de escribirme a mí, vé, ¡vé a la Iglesia y confiésate! Vendrá Dios Espíritu Santo a consolarte, a darte todo el Amor de un Dios que Ama. Y, ¡vé a Jesús!, vé a comulgar y deja que te abrace Dios mismo, porque la fe es creer la verdad, que Dios Jesús vive, vive en la Eucaristía, que realmente cuando comulgas, lo recibes en Cuerpo y Alma, y por 10 -15 minutos, realmente Dios te abraza. Y vé cada día a dejarte abrazar por el mismo Dios en la Eucaristía. ¡No ves que necesitas amor! Hijo, hija, deja que sea Dios mismo quien te abrace. Dame un voto de confianza, cree en mí, cree en mí, que no te miento y que tanto te quiero y por eso me hice sacerdote, para darte el aliento de un sacerdote que cree y te lleva a la fe.

 ¡Ya basta de estar sola-o! ¡Ya basta de sufrir tanto! Y te diré más, a parte de yo, de Dios y la Virgen María, hay quien espera darte su amor, pero estás tan triste que no te has dado ni cuenta. ¡No pierdas la ocasión! Porque además también, hay otras personas que como tú, viven llenas de dolor, y quieren morir, porque no saben que existes, no saben que tú puedes comprenderlas y aceptarlas tal y como son, y empezar juntos una vida de relación de hermanos en la fe, todos imperfectos y llenos de necesidades de afecto. Cree, cree que Dios quiere que vayas a consolarlos, a aliviarlos, a darles tu ejemplo de fe, para que dejen de desear la muerte, para que dejen de morir y vivan para pintar de colores nuevos paisajes en sus corazones. Dáles tu fe, porque sólo la fe puede rescatarte de tus ganas de morir, sólo la fe que te pide: SÉ UTIL A LOS DEMÁS. Sírvelos con todo tu corazón. Mira lo que puedes hacer por otros, además de rezar por ellos, puedes darles tu afecto sincero, con tu educación al hablarles, con tu ternura al comprenderles. ¡Sí! Comprende también a esos que te han dañado y que se han portado tan mal contigo; comprende que NO SABEN LO QUE HACEN, porque viven en pecado. Tú vé a confesarte y sé su ejemplo. ¡Aunque te duela!, y doliéndote y todo perdónalos, porque van a morir, ya que nadie vive para siempre, así que tendrán que vérselas cara a cara con Dios, y Dios hará tu justicia, la de perdonarlos si tu los perdonas de todo corazón; ¡no quieras para ellos el Infierno Eterno! Perdónalos como Dios te perdona siempre. ¡Ve a confesarte! Y sal confortada, confortado, porque Dios te ama y hay un sacerdote, yo mismo, que rezo por ti mientras te estoy abrazando y consolando. Te quiero tanto.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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11 Carta / A ti que quieres suicidarte

Domingo, 18 de julio de 2.010

A ti que quieres suicidarte.

Hijo, hija, estos malos pensamientos de que aquí no haces nada, de que nadie te quiere, de que todo es inútil, todo esto que piensas, no es bueno para ti, ni para nadie, ni para Dios. Dios te hizo nacer con un propósito positivo, quizás no lo has visto aún, quizás no quisiste verlo en su momento, pero aún está ahí la misión que Dios te encomendó. Y con estos pensamientos funestos que tienes, déjame decírtelo, ¡no has hallado aún tu misión!

La misión es conocer el amor con que Dios te ama. Sé que tú lo amas, que lo necesitas, que Dios es tu vida, pero dudas, dudas de su Amor por ti.

Te has juzgado tu mismo, tu misma, y te has sentenciado a una vida sin amor de Dios. Y, ¿sabes qué?, pues no es esa la realidad. Te lo estás pasando mal, muy mal, sin saber lo mucho que Dios te ama. Y te ama con todas estas circunstancias que te envuelven, con todas ellas, sin quitar ni una, Dios te ama. Y ¿ahora qué? ¿Qué vas a hacer?

Sin saber que Dios te ama, eres débil, eso debilita a la persona, el vivir sin saber cuánto la ama Dios.

Yo te lo digo y no te lo crees, ¿Por qué no te crees que Dios te ama? Dime. Te escucho… … … Puedes escribírmelo, de verdad.

¿Cómo puedo hacerte ver que Dios te ama y te ama tanto? A ver, vamos a ver… Quiero que lo entiendas. ¡Ya sé! Lee vidas de santos. Eso es, ve a la sección de biografías de santos, y que los de Catholicos Online pongan el link y lee, lee bien.

http://www.santodeldiaadia.com/santo/index.html

Tú piensas que los santos han nacido santos desde el vientre de sus madres, pero no es así, precisamente muchos han sido y son santos, por desear morir, en algún momento dado de su vida. Sí, así como tú ahora, que estás pensando en suicidarte, ellos, algunos, llegaron a un punto de su vida, que ya no podían más, y gracias a este estado de cosas tan tristes y trágicas, y por su soledad, por ese “desprecio” recibido de muchos, por muchos, y pensando en que a nadie les importaban, pudieron cortar con la barrera del “¿Qué dirán?”, y decidieron que ya no seguirían, a nadie, ni a la moda, ni a ningún líder, porque si los demás “pasaban” de ellos, ellos al verse cara a cara con su soledad, decidieron elegir a quién seguir, y, ¿sabes qué? decidieron seguir a Dios, a Jesús de Nazaret, porque Él, Dios, como ellos, como tú, se sintió solo, incomprendido por el mundo y solo, como tú, allí en el Huerto de los Olivos, fue al encuentro del Padre, de Dios, que te creó, a ti como a todos, y uniéndose al Padre, vivió para hacer su voluntad. Prueba tu hacer lo mismo. Total, ¿qué puedes perder, si estás pensando en perderlo todo al pensar en suicidarte; pues, antes de dar este paso, ¿qué te parece si primero intentas servir a Dios? Total, ¿Qué puedes perder, si ya lo das todo por perdido?, entonces, hijo, hija, dale un voto de confianza a Dios. Has dado tantos a tantos que te han decepcionado, que, prueba a dárselo a Dios. ¡Anda, no seas perezoso-a! Piensa un momento en la posibilidad de ser santo: de ir al Cielo directo cuando mueras. Sí, ya sé, ya sé que has pecado mucho. Bueno, ven, ven a confesarte y eso tiene remedio, si te acusas, ante Dios, que está representado por un sacerdote, de todos tus pecados, pues Dios te perdona totalmente y verdaderamente, pero cumple con la penitencia, y no quieras volver a pecar; pero como seguro pecarás, ve a confesarte tantas veces como te haga falta. Así es de fácil ser perdonado, porque lo difícil lo hizo Dios mismo por ti: Morir sin pecados. Eso es lo que hizo Dios, Jesús.

Ahora volvamos al tema de que no te acabas de creer cómo te ama Dios. Te pregunto, ¿tú sientes afecto sincero por mí? ¿Por qué? Porque con mis palabras te demuestro mi afecto, verdad que sí. Sí, y es cierto, te quiero mucho hermano mío, hermana mía, mucho, mucho. Ya ves, yo, un sacerdote, te quiero; y sabes que es cierto, lo estás notando dentro de ti, por mis palabras sinceras, pues lo mismo Dios. Recuerda sus Palabras, Palabra de Jesús, Dios: “16 Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. 18 El que cree en Él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. (S. Juan 3. 16-18)”. Es clarísimo, ¿ves?,  relee, y medita en las palabras de Jesús. Tú y tus pecados, por tu fe en Jesús, por ir a confesarlos, que es una obra de fe, Dios te da la Vida eterna, y tú aquí pensando en suicidios y tristezas. ¡Nada, nada! Lee el Evangelio, cree en Jesús, obra la voluntad de Dios y como todos los santos: derechito al cielo. Sí hombre, claro que sí, que aún te queda tiempo, ¡ya lo verás! Tú confía en la voluntad de Dios. Déjate llevar por el cumplimiento de los Diez mandamientos de la Ley de Dios, y verás cómo va a cambiar tu vida. ¡La alegría será tuya! La alegría de saberte amado por Dios. Pero vive. ¡No seas cobarde! ¡Dale un voto de confianza a Dios!

¡Hasta la próxima semana! ¡Campeón!

 Con afecto sincero.

P. Jesús

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19 Carta / A ti, hijo, hija, te hablaré del ahorro

Domingo, 17 de octubre de 2.010

A ti, hijo, hija, te hablaré del ahorro:

El ahorro, como medio de cuidar las cosas que posees, es un valor que te ayudará a ser mejor persona y a valorar lo que tienes, quién eres, lo que son los demás. Hay necesidades que no son necesarias, hay algunas que vienen impuestas por la sociedad de consumo y sobre todo por el “qué dirán”. Muchas cosas se usan y se cambian por otras, aún siendo útiles, pero ese afán de tener lo último es un peligro para no valorar lo que se tiene, y, a veces, se pasa de la utilidad de las cosas, a las personas. Se empieza con las cosas, y se continúa con las personas.

La base de nuestra fe cristiana católica es buscar la Verdad, saber la verdad, ser realistas; y la base de todo ahorro es igual, ser realistas; saber realmente cómo somos, quiénes somos, qué es lo que tenemos y qué es lo que necesitamos.

Te sugiero que hagas una lista de lo que tienes, otra de lo que necesitas y otra de lo que quieres, y basándote en el conocimiento, con la primera lista des gracias a Dios, con la segunda pidas a Dios y con la tercera aprendas a sacrificarte por el bien de tu economía, de tu paz y salud integral.

Ahorrar tiempo, para ello debes tener una agenda y tener en cuenta todas las cosas que debes de hacer, y posiblemente podrás sincronizar algunas cosas y actividades que puedes hacer el mismo día, siendo en la misma zona y lugar donde deberás llevarlas a cabo. Y como en esto, debes de meditar sobre todas tus cosas buscando lo más positivo para ti, para tu familia, y que será un ahorro de tiempo, y podrás vivir una calidad de vida mejor, porque la dispersión agobia, y te hace sentir como una marioneta de tus propias necesidades.

Haz las cosas meditando antes las consecuencias y ahorrarás en errores, en fallos, en pecados; que por el hecho de haber pensado en las consecuencias de tus posibles actos, tendrás una mejor calidad de vida porque vivirás en positivo, en Gracia de Dios.

Para ahorrarte disgustos debes de ser discreto-a, debes de saber bien lo que dices y a quién. Es mejor escuchar e interesarte por los demás, que ir de protagonista a todas horas. El interesarte por los demás te hace menos orgulloso y egoísta, y te ayuda a que tus cosas te salgan mejor, porque aprendes de otros y, callando tus proyectos, hablas de hechos. Los proyectos son para presentarlos en oración a Dios y a las personas que directamente pueden ayudarte en ellos, ya sea dándote información y conocimientos necesarios, como si forman parte de tu sociedad laboral o matrimonio y familia. Tú reza, infórmate, fórmate, pide ayuda directa y haz bien tu labor según tus buenas y lícitas aspiraciones. Los disgustos serán menos y te ahorrarás sufrimientos.

Te deseo una vida feliz en el ahorro, disfrutando de lo que Dios te ha dado y te irá dando. Confía en el Todopoderoso. Dios te Ama y quiere que vivas sufriendo lo mínimo; por lo menos, que no sufras por tus errores; cuantos menos hagas mejor. En esto estamos de acuerdo todos. La Virgen María lo hizo bien, se unió a Dios en su “sí” de humildad y servicio a la Divina Trinidad, por eso se ahorró muchos disgustos, y aunque sufrió mucho, su conciencia la tenía limpia, por haber seguido y cumplido la Voluntad de Dios. Haz como Ella, y ahorra en disgustos y en lujos, que siendo la Reina de Cielos y Tierra, su Hijo, Dios, nació en la pobreza de una cueva. Ten en mira la vida de la Virgen María, de San José, de Jesús, Dios y hombre verdadero, y verás que tu vida estará llena de lujos espirituales que te llenarán de gozo y paz, preparándote para la Herencia de los Hijos de Dios, ésta que está en el siempre de la Eternidad Celestial; total, en esta vida nadie vive más de 120 años. Ahorra y luego disfrutarás de los intereses. Que tu banco sea la Caridad.

Gracias por leerme, mí querido hijo e hijo de Dios: ¡hermano mío!

Con afecto sincero.

P. Jesús

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20 Carta / A ti, hijo, hija, tú que no superaste las pruebas

Domingo, 24 de octubre de 2.010

A ti, hijo, hija, tú que no superaste las pruebas:

Alma triste y con gran cargo de conciencia por tu dolor ante tu triste vida pasada de pecado voluntario; a ti, te digo: cógete de mi mano, ¡vamos a Dios!

Me escribió Marifer, el 2 de julio, comentándome:

En 02.07.2010 18:23 escribió Marifer, de Argentina

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Gracias, Padre Jesús, por cada bella palabra en cada una de sus cartas…Como dice usted, Dios nos creó para ser felices; pero cómo puede ser feliz alguien que, después de haber hecho su voluntad sin tener en cuenta la de Dios, ahora vive tristemente las consecuencias de todos sus caprichos, equivocaciones y errores, y no puede volver atrás para remediarlos sin herir a los que involucró en todo ello? Pido su oración para esta alma arrepentida… Mis saludos en Cristo y María, desde Buenos Aires-Argentina.

Hija, para ti, para todos, mis palabras son de aliento, ¡ánimo! Has reconocido ¡por fin!, tu pecado; ve a confesarlo. Y te diré que las personas que implicaste en él, deben de hacer lo mismo, porque todos son libres y, libremente, aceptaron compartir tu pecado. También te diré que, si llamas a las cosas por su nombre, más rápido vas a avanzar en la fe, y es la fe lo que te hace feliz, la fe de saberte amada por Dios, la fe de saberte salvada por Dios, la fe de saberte esperada en el Cielo Eterno, por Dios. Tú puedes hacer mucho por tu fe, como es llamar pecado a lo que fue y es pecado, y no errores, caprichos, equivocaciones; porque del pecado, uno puede deshacerse, de los errores no. Todos cometen errores, porque se calculan mal las cosas, y esto no es lo mismo que hacer pecados; el pecado es ir voluntariamente contra la voluntad de Dios; sabiendo que Dios quiere una cosa, haces otra. Y esto no es un error; es un pecado.

Nunca me cansaré de pediros que seáis realistas, que uséis del sentido común, que aprendáis la Verdad, y sabiéndola, unida a ella, afrontéis la vida por lo que es y no por los sueños que tenéis de ella, de la vida, de vuestra vida. Un ejemplo: una persona inválida, jamás podrá ganar una maratón de gente que, no siendo inválida, camina, pero sí que podrá ganar a mucha gente en santidad, porque la santidad no tiene nada que ver con el físico; y el verdadero premio, el galardón más deseado, es la ¡santidad! Todo lo demás se pierde en esta vida, porque el cuerpo se descompone totalmente después de la muerte, pero el alma, esa “caja negra”, tiene impreso en ella toda nuestra vida, todas nuestras palabras y pensamientos, y obras hechas, y las de omisión también han quedado marcadas en el alma. Comprended, oh hijos amados de Cristo, hijos de la Santa Iglesia Católica, que es una ventaja conocer lo que es pecado para la persona. ¡Dejad de ir de dios! La vida es como es, y cuanto antes la persona acepte la realidad de la vida, la de que se sufre, sí o sí, la de que somos libres sí o sí, la de que Dios nos Ama, sí o sí, la de que Dios nos espera en el Cielo y nos lo regala, sí o sí, por tu sí. Entonces, acepta la verdad y vive la verdad, búscala hoy, ahora, y aunque tiempo atrás, o ayer mismo, o hace cinco minutos, estabas confundido-a, ahora que has visto claro, y aceptas la claridad de todo, piensa en arrepentirte de tus PECADOS, que los pecados se pueden perdonar; los errores no se perdonan, porque son cosas que pasan con todas las buenas intenciones. Uno hace un negocio y cree ganar, y por un error, pierde. Eso jamás se podrá recuperar, pero uno que ha pecado, imaginemos que es por fornicar, y de esta fornicación nace un hijo no deseado, y no hay por qué casarse sin amor. Sí que hay que aceptar al hijo, y amarlo y cuidarlo, ¡eso siempre!, y haciendo esto, al mismo tiempo, te arrepientes de tu pecado de fornicación y vas a confesarlo. ¡Claro que quedarán las consecuencias del hecho! Pero puedes ganarte el Cielo, aun habiendo pecado, aún teniendo un hijo natural, porque has ido a confesarte y Dios te ha perdonado. Y si cumples con tus deberes con este hijo, las cosas serán buenas para ti, para él, para la otra parte con la que fornicaste. ¡Demasiada gente se engaña!, se dicen que fornicaron por amor, y es que no quieren admitir que engendraron un ser por lujuria, y luego, pasado el tiempo, dicen que se acabó el amor; pero el amor verdadero no se acaba nunca, lo que ocurrió es que no hubo amor en la fornicación, quizás momentos de pasión; vino la tentación y se cayó en ella. Pero todo, todo tiene solución en esta vida, si se da la cara, y se acepta que no fue un error, sino que se pecó. Junto con la reconciliación con Dios, Dios hace milagros para los que se han arrepentido de verdad, y para NO VOLVER A PECAR.

Hay quien en su juventud se drogó, practicó el sexo homosexual y, pasado el tiempo, sufren por este suceso sus padres, su familia, él mismo, que cambió, que, de pecador, lleva una vida cara a Dios; pero su pecado está allí, fue hecho, y no por error sino por voluntad de disfrutar del cuerpo; entonces, ¿qué hacer?: vivir en Gracia de Dios y aceptar su voluntad, porque todo será para bien. ¿Qué hay remordimientos?, ¡desde luego!, y esto es bueno, es bueno tener remordimientos, porque este dolor, ofrecido a Dios y aceptado por Él, libra del Infierno y del Purgatorio.

Una mujer que ha abortado, ¡no fue un error! Fue un pecado, y su cuerpo y toda ella recibirá las consecuencias del mismo. Si se va a confesar, Dios la perdonará; el bebé seguirá muerto, pero Dios perdona siempre y, otro día, en la Eternidad, gozará de su perdón, que es donde realmente se vive, porque vivir es vivir siempre, como amar es amar siempre, por eso aunque a esta vida la llamamos vivir, y se vive, es realmente como estar en el vientre de la madre tierra gestándonos durante menos de 120 años, para ir a la Vida Verdadera, y antes, en esta madre tierra, estamos nueve meses de gestación en el vientre de nuestra madre. Me gustaría tanto que comprendiérais eso, porque, al hacerlo, comprenderíais que se vive después de salir de la madre tierra. En nuestra madre humana, de ella y del padre, recibimos la vida, que se engendra al unirse hombre y mujer, y dentro de la mujer se forma el cuerpo humano total; luego, al salir, se forma, viviendo, el carácter de cada quién, ayudados por nuestros padres y por el mundo, y sobre todo, pasada la infancia, por nosotros mismos, porque el proceso de ser persona en plena facultad, llega unido a la naturaleza física, cuando ya podemos procrear otra vida, y seguir con el círculo natural de la humanidad: ser engendrado, nacer, crecer, reproducirse y morir; esto es lo que hacemos en este viejo mundo creado por Dios, para eso, para pasar de aquí a MEJOR VIDA. ¿Importa lo que se vive en el vientre de la madre? ¿Importa lo que se vive en la madre tierra? Oh, mis queridos, me atrevería a decir, MIS AMADOS hermanos, ¡la que nos espera!: LA DICHA SIN FIN, EN EL CIELO ETERNO. Aquí es una aventura vivir, es tener la Meta siempre presente, ¡el Cielo! Y vino Jesús al mundo a decirnos cómo ir Allí, es más, nos abrió Él, Dios mismo, el Cielo, nos dio la Salvación por creer en Él. ¡Fíate de Dios! Vino del Más Allá, pasó todo el proceso de la vida, para poder hablarte en tu propio lenguaje, de qué va la vida, de lo que necesitas para vivir. ¡Reza el Padrenuestro! Allí está todo lo que necesitas, y, por supuesto, necesitas de Dios en los Sacramentos. Ay, ¡que me emociono! Óyeme bien, escucha mis palabras que te hablan de la Verdad, y aprende de mí, que soy fiel a la Santa Madre Iglesia y a Dios. Déjame seguir emocionándome al contarte la Verdad…

A ver… ¿Comprendes por qué vives aquí? De la misma manera que viviste en el vientre de tu madre, ahora vives en la madre tierra, para formarte bien, para que estés capacitado para ir al Cielo, al Reino de Dios, al Paraíso. Que sí, que existe este lugar de Belleza y Bondad superlativa. 

Si aquí, en el mundo, necesitas de aire para vivir, en el Reino de Dios se necesita de Bondad superlativa, de Amor al máximo, para vivir en ese hábitat del Cielo. Dentro del vientre de tu madre no respirabas oxígeno, pero vivías. Fuera del vientre de tu madre biológica, y dentro de la madre tierra, respiras oxígeno, y… Fuera de la madre tierra, por la muerte, respiras Amor, que el amor es ser, cuanto más, semejante a Dios, que es Amor; y has aprendido a amar, amando a Dios sobre todas las cosas, mientras estás en la madre tierra; si no has aprendido a respirar el “aire” del Reino de Dios, después de morir no podrás vivir allí, y por eso Dios dictó a Moisés los Mandamientos de su Ley, para que, siguiéndolos, aprendas a respirar el “aire” del Cielo Eterno, del Paraíso, del Reino de Dios. Pero si no los has querido seguir libremente, entonces pecas; llamamos pecado a lo que no es Amor Verdadero. ¡Es fácil comprenderlo!, ¿verdad? ¿No me digas que no lo has comprendido? ¡Por Dios!

Sigo…

Para aprender a vivir en La Mejor Vida, que se llega a ella por el “parto” de la muerte, entonces debes hoy, ahora, saber usar del “aire” que allí se respira con Dios, que es el Amor; la “substancia” de la cual es Dios.

El Amor es lo que ha existido siempre, es el principio de vida, como debería ser que cada uno de nosotros naciera, ¡por amor!, de sus padres al engendrar al fruto de su unión de dos en uno con Dios, que es Amor. ¡El Amor da vida! ¡Viva el Amor!… El Amor, que es Dios, vivía y se movía y era… y decidió el Amor Amar, y creó el mundo, y vio que era bueno todo lo salido de sus manos, de su Amor, de Amor.

… uy, veo que me estoy alargando muchísimo en esta carta de hoy, así que la proseguiré la próxima semana, pero antes de terminar, le diré a esta madre que abortó, que interrumpió el círculo de otra vida: el que naciera, creciera, se reprodujese y muriera; que no tenía derecho a pecar, porque el que peca, no ama, y no podrá respirar el “aire” del Reino de Dios; así, que si no se va a confesar y recibe a Dios Amor, a Dios Espíritu Santo, sin esa “botella de “oxígeno”, de Amor que Dios te da gratis, no podrás respirar en el Cielo, y tendrás que ir a tu hábitat, el Infierno; allí no hay Amor, no hay Dios, no hay nada; la nada es no amar a nadie, ni a uno mismo, y el que peca voluntariamente, no se ama a sí mismo. Sólo Dios es Amor, y comer al Amor, al comer su Cuerpo y beber su Sangre, por la fe en Jesús, esa fe, que es el regalo de Dios por Amor, por su Amor, entonces, por la fe, en Jesús, todo el Amor de Dios está a tu disposición; y por las obras de la fe que te llevan a cumplir con lo que Dios pide, renunciando a la tentación que llega de Satanás (os lo contaré en la próxima carta), y venciéndote a ti mismo, por hacer lo que es natural, entonces, oh amados de Dios, ¡qué maravilla!, sigo emocionado, porque entonces ocurre algo maravilloso: somos capaces de amar, somos capaces de respirar el “aire” del Cielo: Amor.

Os quiero muchísimo, y quiero que, por la razón, halléis el Camino y viváis con fe la Vida, por la Verdad de Cristo Rey.

Tenemos un Reinado, donde Dios nos espera. ¡No temas a la muerte! ¡Te lo digo!: es pasar a mejor vida, si sabes Amar. ¿Sabes? Yo te enseñaré, no te preocupes por nada, aquí me tienes para servirte. ¿OK?, OK.

Os quiero mucho. Feliz semana a los que van a morir para pasar a mejor Vida, ¡la verdadera Vida del hombre!, estar con Dios, con el Amor.

Me cuesta despedirme hoy. Tengo tantas cosas para contarte, hijo, hija, ¡tantas! Y todo son maravillas de Amor. ¡Eres católico por Gracia de Dios! ¡¡Viva!!

Con afecto sincero.

P. Jesús

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21 Carta / A ti, hijo, hija, tú que vas a pasar a Mejor Vida

Domingo, 31 de octubre de 2.010

A ti, hijo, hija, tú que vas a pasar a Mejor Vida.

Ahí, vencido-a, derrumbado-a por tus dolores, por esos pecados que, como enfermedades, te llevan a sufrir en esta tierra, donde debes aprender a amar como Dios Ama. ¡Mírate a ti mismo! Escudriña tu corazón, antes de que llegues a la presencia de Dios, Jesús, en tu juicio, porque serás juzgado por tus obras, palabras, pensamientos,  y por lo que deberías haber hecho y no has hecho. Y, ¿por qué no lo has hecho, mi querido hijo, hija, amado-a de Dios? Te lo diré… Te doy a conocer a tu enemigo: Satanás, el instigador del mal, de todo mal que hay en el mundo. Satanás, como un virus maligno, vive en la madre tierra y quiere contaminar a los hombres, a las personas que, como tú y yo, vivimos en este mundo para aprender del Amor, de Dios. Y, ¿qué hacen los virus? Sin verlos, sin saber de ellos, entran en ti y te enferman. Por ellos, dejas de estar sano; por el virus del Diablo, dejas tu santidad, a la que estás destinado desde el principio de los tiempos. Y si te unes en amistad, en sociedad o en casamiento, a alguien que está contaminado, te vas a contaminar también; porque en la sociedad está Dios, ya que donde están dos que rezan a Dios, que piden a Dios, Dios les concede su petición; pero si uno pide a Dios, y el otro, aun creyendo pedir a Dios, por no tener buena salud moral-espiritual, pide a Satanás, ¿a quién llegará la petición? ¿A Dios?, ¿al diablo? Sí, llega a los dos, y es cuando no hay paz en uno mismo, en una casa, en una asociación o amistad, porque uno pide a Dios y el otro a Satanás. Pero no por pedir a los dos, los dos son dioses, no. Sólo hay un Dios, el Creador, el Salvador, el Redentor. Dios, demuestra que lo es, dando el bien, porque para dar el mal y ser malo, no se necesita ser Dios. Es lo más fácil del mundo, dañar a los demás y a uno mismo; lo difícil es hacer el bien SIEMPRE; por eso, bien lo leemos en la Sagrada Biblia: “Sólo hay uno de bueno, y éste es Dios”.

Dios se probó a sí mismo, viniendo al mundo a vivir como hombre, e igual que otro hombre, fue tentado, pero no cayó JAMÁS a la más mínima tentación de Satanás. Dios se expuso a ser tentado por Satanás, para dar a conocer que la tentación no venía de Él, porque si Dios tentara, podría Jesús caer en la tentación, pero Dios no tienta jamás, ¡jamás!

Sé que alguno se hace un lío con esto de la tentación, de si la quiere Dios, de si la permite Dios, de si nos la pone Dios. Y te diré, mi querido muchacho-a, que Dios no tienta; Dios sabe quién eres, porque saliste de Él, en el momento en que tus padres te procrearon; en ese mismo instante, Dios te creó, usando las óptimas condiciones naturales que son necesarias para ser creada una persona. Dios, con todo su Amor, con todo el amor con que te ama, te depositó dentro de las esencias masculina y femenina, que se fusionaron en la engendración de tu cuerpo. En el mismo instante que fue, fuiste dado por Dios a la vida, para vivir y llegar a tu perfección, que es la santidad.

Hagamos un aparte y miremos la historia; nadie vive más de 120 años; todos van muriendo, sí o sí, así que te va a tocar morir, pero, ¡no te desesperes! Déjame abrazarte fuerte e infundirte mi fe en tu corazón, déjame decirte que sí, que existe esta nueva y MARAVILLOSA vida, la vida del hombre después del “parto” de la muerte. ¡No temas a la muerte! Del mismo modo que llegar al mundo, es cosa de Dios, morir es cosa de Dios, y Dios no te va a dejar morir, si no es necesario para ti. Cuando uno muere, es que es necesario que muera, por las razones que sólo Dios sabe; y créetelo también esto que voy a decirte: Dios va a ayudarte a bien morir. No todo es lo que se ve en el enfermo, no todo son las palabras que dice, que muchos no saben lo que dicen, que a muchos, el dolor les hace decir cosas que luego, frente a Dios, le dicen otras, y a veces muy distintas de las que has oído tú. Tú, ¡cumple con tu deber!, y da fe, ayuda a la fe del moribundo, consuela su amargura, su dolor, su miedo, ¡su pánico!, y dale siempre esperanzas de que Dios le Ama, sea quien sea, y sea como sea, y sea lo que sea que haya hecho en su vida. Indúcelo con tu fe, que es optimista, a confiar en la Divina Misericordia. Y, ¡no dudes tú! ¡No juzgues tú! ¡Tú cree que esta persona va a salvarse por los méritos de Cristo, no por él mismo, ella misma, sino por los méritos de Cristo, que ganó a toda tentación, y jamás el virus del mal entró en su corazón, sino que una y otra vez, fue rechazado por el Sumo Bien que es Él, Dios, Jesús.

Volvamos al momento de la muerte. ¡No temas a la muerte!, ya te dije que te ayudaría en todo, ¡en todo! Así, que ten el optimismo de la fe, porque Dios no quiere hacerte pagar nada; de ser así, ¿para qué se hubiera entregado Él mismo, como víctima por ti, por todos? Sí, también por ti, que has abortado, que has practicado la homosexualidad, que has fornicado, hecho adulterio, robado, calumniado, maldecido, hecho hechizos, obligado a otros a hacer el mal. Seas quien seas, hayas hecho lo que hayas hecho, pon atención: Dios te Ama. Y te ama, porque te dio la vida. Él, y no Satanás, te dio la vida. Él, con tus padres, te dio la vida. A ver… sé que estás asustado, asustada… A ver…, vamos a ver… Tranquilízate, respira hondo y deja que, mientras lo haces, rece por ti… … … … … … … … … ¿Estás mejor? No tengas miedo a la muerte, ¿Qué te parecería si te dijera que un feto tiene miedo a vivir? ¿Verdad que no tiene motivos? A la que sale del vientre de su madre, lo esperan para amarlo, para cuidarlo, para besarlo, para ayudarlo en todo, y no está solo, ¡al contrario!; en el vientre de la madre, no podía sentir sus abrazos, aunque sentía su amor y oía su voz. Lo mismo que después de nacer y viviendo en la madre tierra, tú, ese que antes estuviste nueve meses en el vientre de tu madre, y ni te acuerdas, ocurrirá lo mismo; en el Cielo no recordarás cómo formaste tu carácter, cómo venciste al mal; como tampoco, al vivir en la madre tierra, recuerdas cómo se fueron formando tus huesos y todo tu cuerpo, tan necesario para vivir en el mundo, y poder, con tu cuerpo, adquirir tu bondad en el amor. Y en el mundo oyes la voz de Dios, por la Revelación que está escrita en la Sagrada Biblia, y te alimentas de la madre tierra, como antes te alimentaste de la matriz, y oyes, a través de la Gracia del Espíritu Santo, oyes cómo Dios te habla a ti, precisamente a ti. Y tienes a tu ángel de la guarda, que te hace favores, si se lo pides, y lucha contra el demonio, porque son ambos de la misma especie, ángeles. ¡No estás solo, no estás sola! Dios lo tiene todo tan bien planeado, que basta un sí flojito, un sí en pensamiento, un intentar conectarte con Él, para recibir su ayuda, PARA QUE TE SALVES.

Salvarse no es ir directo al Cielo en el mismo instante de morir, pero es SALVARSE. Otro día te explicaré más de la vida después de la muerte, pero, ay, hijo, hija, ¡cuánto te Ama Dios! Y quiero decírtelo, deseo decírtelo, ansío decírtelo, ¡déjame decírtelo! 

¡Yo lo sé! Soy sacerdote católico y lo sé. Lo sé todo, ¡todo! Porque toda la Verdad de Dios, está depositada en la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que si quieres, te adopta, te hace hijo suyo y te enseña. Te da la Vida sobrenatural, con los sacramentos, que sólo Ella, la Santa Madre Iglesia Católica, tiene y sostiene. Dejando aparte, tantos malos católicos como hay, pero debemos ayudarlos; hay que ayudarlos, porque el “virus” del mal, entró en ellos, pobrecitos míos, tan débiles, tan faltos de amor, y por eso se dejaron vencer, porque les falta el calor de una Madre, María, la Madre de Dios y de cada uno de los que quieran. ¿Tú quieres tener una Madre buena, hijo, hija? Pues, déjate querer, déjate amar y cuidar por la Virgen María, la mujer perfecta, la Plena de Gracia; la nueva Eva, la verdadera Madre de la generación de Dios.

Ay, cuanto me alargo al escribirte; y pobrecitos los que forman el Staff de CatholicosOnLine; me tienen tanta paciencia, han apostado por mí, para dejarme venir a vosotros; yo los quiero tanto, tanto como a vosotros.

Prosigo. Estábamos tú y yo, unidos en comprender la vida y la muerte, para que ayudes a bien morir a otros, que siempre tendrás que pasar un día u otro por la muerte de tus seres queridos; es lo natural, pero es que si no mueren, no pueden NACER A LA VIDA MARAVILLOSA DEL PARAISO PERDIDO, DONDE NUNCA MÁS VAN A MORIR, Y TODOS IRÁN LLEGANDO ALLÍ. TÚ TAMBIÉN.

Contagia tu fe al moribundo, al que sufre, al que vive con miedo a la muerte, al que aún no ha comprendido el proceso de la vida, al que necesita del Sacramento de la Unción de los Enfermos. No es nada espectacular, son unas oraciones y el uso del óleo. ¡No da miedo! Y da TANTA PAZ. Cura muchas veces el cuerpo, y siempre cura al alma. No quieras que el que sufre, se sienta mal; pide a un sacerdote que lo visite y le proponga confesarse y recibir el Sacramento de la Unción de los Enfermos; es para los enfermos, precisamente para ellos, para curarles, para ayudarles a vivir la enfermedad. La Santa Madre Iglesia Católica nos ama, como Dios la ama a Ella. Y Dios actúa con Ella, contigo hijo, hija. ¡Créetelo! ¡Tú eres Iglesia! No me seas tacaño con los dones que tenemos por ser católicos. Dios siempre ha estado pendiente de todo y todos.

El antivirus es Cristo. Tu antivirus contra el maligno es Cristo. La próxima semana, éste será el tema principal de mi carta para ti, querido, amado católico, como yo.

Diles a todos que sí, que se puede confiar en los dones y gracias que tiene la Santa Iglesia Católica, y que los usen, que no son de rebajas, sino que son GRATIS. Cien por cien válidos, y ¡funcionan!

Hijo, hija, que tu fe te lleve a dar ALEGRÍA a los demás. Y que, aunque estén a punto de morir, les cuentas o les pasas mis cartas, o se las lees, para que confíen en un sacerdote que sé la Verdad, que vivo la Fe y doy Esperanza con Caridad.

¡Que tengas muchas ganas de vivir, y fe en la Vida Eterna, que es un lugar maravilloso que te espera, también a ti, sí!

Allí sí que nos vamos a abrazar de verdad, ¡ya lo creo! Te quiero tanto, cada día más.

 Con afecto sincero.

P. Jesús

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Para quien quiera contestar a la carta, CLICAR AQUÍ, aunque el P. Jesús no podrá responder a cada uno, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por esta persona y sus intenciones. EXPLICACIÓN.

31 Carta / A ti, que eres sacerdote

Domingo, 9 de enero de 2.011

A ti, que eres sacerdote:

Hijo, eres sacerdote y dudas de tu ministerio. ¡Lo sé!

No, no te has equivocado; ser sacerdote fiel y bueno, te llevará al Cielo ¡Lo sé!

Hay personas expertas en sembrar dudas, y otras en sembrar el mal. Y tú eres sacerdote por propia voluntad, y al igual que los que se casan recibiendo el sacramento del matrimonio, ¡es para toda la vida! Y, ¡se puede!, se puede vivir la fidelidad. ¿Cómo? Pues sé que te han dicho que por la oración y los sacramentos, y… ¡eso es verdad! pero, al igual que a los casados, te digo que buena parte del éxito es la voluntad y el apartarse de las ocasiones de pecar. ¿Lo haces?…

Otra cosa más… Imita a Jesús, estudia a Jesús, enamórate de Dios, de Jesús. Enamorarse es aprender todo del otro, es conocerlo como a la palma de tu mano, pero… me pienso que no conoces tú, tu mano. Si es una mano que no pesa, que está vacía, que no te molesta por el dolor de ayudar a los demás, de sembrar paz donde hay contiendas, entonces… no te conoces, ni conoces a Dios, porque tu capacidad de apreciación está puesta en otros; ¿quizás en uno que no da buen ejemplo, aun y siendo sacerdote?… Sí, me temo que es esto lo que te pasa. Que no miras a Jesús, el Sumo Sacerdote, el que llevó una pesada Cruz.

Tú estás preparado, por tu vocación y por el mismo sacramento sacerdotal, a ser un apóstol, a ser un santo, a ser testimonio, y no seguidor de otros. Quizás tu carisma no es de los espectaculares, pero no es que los sacerdotes, digamos “espectaculares”, sean mejores, ¡son como son! Lo que quiere Dios de ti, es que cuides de su rebaño; y, ¿qué tal te va? ¿Estás ayudando a muchos en la fe?… … … ¡Por Dios! No me vengas con esas de que tienes mucho trabajo estudiando. Sí, está bien que estudies, pero ¿para quién estudias?, ¿para ti o para propagar la fe? Si eres un sacerdote diocesano, como lo fueron los doce Apóstoles, entonces, eres un sacerdote para el pueblo y te debes a ellos, a cada uno de tus feligreses. Sé que te gustaría que te siguieran en exclusiva, que, para ellos, fueras no sólo el cura de la parroquia, sino también como un fundador, esos que “tienen tanto gancho”, y los siguen y no se sienten solos como tú te sientes, ante tu Obispo, que él, como tú también vive su cruz, y es criticado y es analizado, y pocos le dan el visto bueno. A los que tienen grupos, tienen sus adeptos y se sienten como más sacerdotes, por el hecho de que unas almas los sigan. Pero te digo, que la gran mayoría los sigue, pero pocos hacen lo que el sacerdote les pide: santidad. Tú eres un sacerdote de los que Dios tanto Ama, que Dios Ama a todos, ¡ya sabes!, pero a ti de una manera especial, y debes unirte a la Divina Providencia, y verlo todo providencial y empezar a actuar como eres: SACERDOTE, que quiere decir, según el diccionario, que:

2. En el cristianismo, religioso ordenado para celebrar y oficiar el rito de la Misa;
los sacerdotes católicos hacen voto de castidad. 

Esto dice de nosotros la sociedad, y tienen razón, los sacerdotes estamos para oficiar el rito de la Santa Misa, que es el recordatorio de la misma muerte y muerte en Cruz de Jesús, el Sumo Sacerdote. Y, te pregunto, ¿Qué tal te va oficiando la Santa Misa? ¿Tienes voluntad en ello, en que el Pueblo de Dios tenga su Eucaristía?

Recibimos a Jesús cuando ha vuelto a revivir su Pasión y Muerte, y se hace presente en la Sagrada Hostia Consagrada. No se recibe a Dios cuando estaba predicando, o cuando eligió a sus apóstoles, sino precisamente cuando acabada de dar su vida por ti, por todos. En el mismo momento de morir, Jesús se hace presente en la Sagrada Hostia, es Eucaristía. Se entrega al mundo cuando muere, y es el Sumo Sacerdote. Sacerdote por darse con su muerte, en su muerte, donde se entrega todo Él, renunciando a todo por ti. Y tú, sacerdote, ¿a qué renuncias por el Pueblo de Dios, por los bautizados y los que serán bautizados? Dime…

Por eso dudas, hijo, dudas porque no te entregas hasta la muerte, como hizo Jesús, Dios.

Dejarás de dudar cuando pienses más en entregarte, en servir a las almas, que en ser servido y aplaudido.

Házme caso, hijo mío, hijo de Dios, sacerdote amigo, y pónte a servir de día y de noche; sé consciente de lo que eres, sacerdote; un hombre entregado a la Verdad, a propagar la fe del Evangelio, a vivir la caridad, a conocerte como a la palma de tu mano, que te pesa de tanto como estás haciendo cada día POR LOS DEMÁS. ¡Ojo! Que muchos hacen, y algunos sólo lo hacen para si mismos; y Dios, Cristo, al que vienes a propagar, Ese se dio para los demás. No busque en Él maldad, porque todo lo hizo bien. Lo mismo ocurre con los sacerdotes santos, ¡que se notan a la legua!, porque viven la Misa, hacen la Misa y se unen a la Eucaristía en los momentos previos a ella, como si fueran, y son, otros Cristos en esos momentos, cuando las palabras se hacen obras y la fe es un hecho: la Sagrada Hostia Consagrada, Dios vivo, por ti, ¡por ti, sacerdote!, ¡¡por ti, sacerdote!!, sí, sí, sí, por ti, que sin ti, Dios no vive. ¡Eres grande! Eres algo grande, mi querido amigo, mi buen amigo, mi valioso amigo, porque por ti, por el sacerdote, el Reino de Dios está cerca; Dios reina en el mundo, porque va a cada uno que lo recibe en la Eucaristía, y lo recibe, viviendo en Gracia de Dios; y Dios, Jesús, ¡Cristo!, se va con él, y con cada uno de estos, ¡contigo que me lees!; va y ama a los que tu amas, y sirve a los que tu sirves, y habla con palabras de afecto y reconciliación, de perdón y vida; y si cada uno fuera capaz de entender esto, y ponerlo en práctica, el Reino de Dios estaría vivo en este mundo; pero muchos comulgan mal, muchos aman mal a Dios, empezando por algunos sacerdotes que dudan; dudan de dar vida a Dios en la misma Eucaristía, y el mundo se está quedando sin las obras de Dios contigo; por eso el mundo va como va, porque los católicos no tienen sacerdotes que no duden de la fe.

La Virgen María, y los Ángeles de la Guarda, están propagando el Evangelio, porque algunos sacerdotes están aún con dudas sobre el Magisterio de la Santa Madre Iglesia; por eso, gracias a la intercesión de María, Jesús sigue vivo en la Eucaristía, porque su “Sí”, es un sí ETERNO, el sí que cierra las puertas del Infierno por la fe en la Mujer Virgen, Esclava de Dios, que no dudó, que creyó, como creen tantos miles de buenos sacerdotes en todo el mundo, que no hacen cosas “espectaculares”, llevando a cabo lo más espectacular del mundo, que es DAR A DIOS A LOS FIELES. ¿Hay cosa más importante en este mundo? ¡No!

 Con afecto sincero.

P. Jesús

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76 Carta / A ti, que no sabes bien qué es ser un consagrado

Domingo, 29 de enero de 2.012

A ti, que no sabes bien qué es ser un consagrado:

Me has escrito, y me preguntas:

“Padre Jesús.
Su meditación, me ha hecho pensar mucho y me he preguntado, ¿Quiénes son los consagrados para usted?.  No sé si podrá contestarme, porque debe tener mucho trabajo, aunque se lo agradecería. Yo pensé que los consagrados eran los sacerdotes o religiosos de las diferentes órdenes. Gracias por su trabajo de cada día por todos nosotros. Que Dios lo bendiga”.  

Y te digo, hija amada, en mi corazón de sacerdote, tú puedes consagrarte también, porque eres libre de comprometerte a dedicar tu vida al servicio de Dios; primero, siendo bautizada y haciendo voto tú directamente con Dios, al que debes la vida, con las promesas de que lo servirás fielmente con caridad (todo lo harás, dirás y pensarás por y con amor a Dios, amándolo sobre todas las cosas y personas y sobre ti misma), obediencia (a Dios, Uno y Trino, y a la Iglesia Católica que lo representa), castidad (si eres soltero-a, religioso-a, sacerdote), fecundidad (si eres casado-a),  pobreza(de no gastar más de lo necesario, y si puedes, ahorrar, y dar al necesitado, empezando por los de tu casa, los de tu familia, amigos, conocidos, a la Iglesia…)

caridad
obediencia
castidad / fecundidad
pobreza

¿Es la consagración contraria a la sana doctrina de la Santa Madre Iglesia Católica?; ¿es contraria a Dios?

Con afecto sincero.

 P. Jesús

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83 Carta / A ti, que tienes necesidad de ser útil

Domingo, 18 de marzo de 2.012

A ti, que tienes necesidad de ser útil:

No hay nada más satisfactorio que un trabajo en equipo, y el tener hijos es el trabajo perfecto para la persona, ¡ha nacido para esto!, para vivir y perpetuar la especie.

Enamorarse, casarse, amarse y luchar por el fruto de este amor, los hijos de los dos.

No hay nada, ¡NADA! que satisfaga más a la persona, que continuar con la especie humana. Hacer esto tiene premio: larga vida, felicidad y santidad, si se hace por deber divino, y no por necesidad humana.

¡Hay que cumplir con el deber!

¡Hay que servir a Dios Padre!, hacer su voluntad; y Él, Dios, quiere que se continúe con la especie humana. Pidió que se poblara la tierra para LLENAR EL CIELO de los hijos de los hombres, almas de Dios y para Dios.

Tú no sólo eres una persona humana, sino que eres TAMBIÉN alma inmortal. El cuerpo, así como lo tienes hoy, es para vivir como máximo 120 años aquí; y por lo que has hecho y haces con él, con tu cuerpo, te ganes el Cielo Eterno, ¡la dicha sin fin!

Existe este Reino Celestial, y está hecho para ti, para que tú vayas a él, vivas por siempre jamás en él, después de GANÁRTELO.

Nadie, ¡nadie! lo puede ganar por ti. Sólo tú puedes ganártelo. ¡Y esto es maravilloso!, porque te da la certeza de tu total libertad. ¡Eres libre de ir al Cielo!, ¡¡¡Sííí!!!, libre eres de gozar en la eternidad Celestial, después de luchar y sufrir y realizarte gozándote de la vida actual, presente. Porque la persona goza solucionando sus problemas, enfrentándose a ellos, cara a cara, y midiendo sus fuerzas, ¡su voluntad! No hay problema enorme para ti, todos están hechos a tu medida, ¡los puedes afrontar, resistir, sobrellevar, y ¡VENCER!, si vives con Dios, si eres bautizado y vives en Gracia de Dios, porque, unido a Dios, ERES INVENCIBLE, eres IRREPETIBLE, y ¡vas a ganar después de luchar, después de creer que Dios, Jesús, te sana, te salva, te ayuda!

No tengas miedo a la vida, ni al dolor, ni a la pobreza; todo esto lo vivió Dios, Jesús, ni a la calumnia, ni a la soledad, ¡no temas a nada ni a nadie!, sólo haz esto, mientras vivas tu cada día cumpliendo con tu deber, ama a Dios sobre todas las cosas y personas, y al prójimo como a ti mismo, haciendo siempre el bien, sin mirar a quien. ¡Haz el bien porque sí!, gózate en tener una conciencia limpia, en saberte un ser superior a mucha gente que no sabe ni quiere dar bien por mal. ¿Tú sabes lo maravilloso que es ser mejor, dar siempre el bien, y tenerte un respeto a ti mismo que nadie tiene que dártelo, sino que tú lo sabes, porque haces el bien oculto y en público?  

La felicidad está en no acusarte a ti mismo de nada, en poder tú mismo decirte: hice lo que debía hacer, hice lo que pude, dentro de las limitaciones de ser imperfecto, de cometer errores por falta de saberlo todo y por los tropiezos que los enemigos me ponen, estando ellos al servicio del tentador, Satanás.

¡Qué divertido es vivir A TOPE!, al máximo de los esfuerzos humanos para ser bueno, para imitar a Cristo, Dios, Jesús.

Tú puedes ser feliz, pese a quien pese; primero aceptando tu vida, y luego cambiándola para mejor, pidiendo a Jesús lo que quieres; ¡reza!, ¡reza!, ¡¡¡reza!!!, la oración te dará alas, te hace individualmente feliz y te llena de alegría, la alegría de ser LIBRE. No necesitas a nadie más que a Dios para vivir, todos los demás están ahí para que los sirvas, ¡tú a ellos!, ¡no al revés!, como muchos pretenden, y van como almas en pena.

¿Qué clase de hombre es el que necesita que otros lo sirvan y no quiera servir en nada?, es un bebé, porque incluso los niños sirven. Es más, el bebé también sirve, con su afecto, con la necesidad de afecto que le lleva a ser agradecido con él y darlo también. Entonces, realmente el hombre que no quiere servir, NO ES PERSONA, es una especie de ser que no se ha realizado, que no sabe vivir las dichas de la tierra, del planeta que Dios ha otorgado al hombre para ser feliz haciendo de él un mundo mejor, luchando contra las malas tentaciones que Satanás le brinda para que llore arrinconado por lo que le hacen otros. ¡Levántate y anda!, con Cristo puedes salir de cualquier encrucijada; ¡sé persona humana!, LUCHA.

La vida es maravillosa.

La vida te necesita, tú debes escribir tu destino con el ejemplo bueno de todas tus palabras y obras. Nadie te debe nada, ¡nada!, sal de esta soberbia, y empieza a servir, porque Dios te ha dado a ti, ¡a ti!, unas facultades que te hacen necesario para otros, porque todos sois salidos de Dios, y Dios es un todo con todos vosotros. Dios no hace nada en vano, y, si vives, es para algo.

Ya basta de lloriqueos, de decir tus traumas. ¿Y qué, no fue traumática la vida de Jesús?; ya nació en una cueva y tuvo que emigrar con sus padres… Ya sabes la historia, y sabes cómo murió; entonces, no te sientas infeliz por tus vivencias; haz desde ahora, tu vida maravillosa, ¡maravillosa! ¡Eres libre!, no necesitas de nadie más que de Dios para ser perfecto, para ser exitoso; a todos los demás los tienes para amarlos, para servirlos, para tener misericordia de ellos. Ojo, que de algunos deberás protegerte, porque van a por ti, a venderte al infierno, en esta tierra y en la otra vida, así que, ¡cuidado!, sé astuto y bueno, y vuela como paloma lejos de los malos; reza por ellos y dales el ejemplo de tus virtudes, ¡ellos te ven desde lejos también!, porque te tienen en su mira y te miran. Tú avanza como caudillo de tus propias virtudes, y domina tus pasiones, no para aniquilarlas, sino para enfocarlas en lo bueno, en lo lícito, en lo verdadero. Y sé feliz, muy feliz sirviendo a los demás, mientras te estás realizando. Debes realizarte en hacer todo lo mejor que puedas, todo lo que hagas, ¡también tu trabajo profesional!, que demasiados no se dan el cien por cien en él, algunos con la excusa de que no les pagan bien, otros porque no se han preparado y han olvidado que deben seguir preparándose, y muchos porque les han criticado, les han sentenciado a no servir para nada bueno. Así que el próximo domingo, en mi carta, voy a remediar esto, el que te creas un sentenciado al fracaso; ¡que no!, que en la vida hay un lugar para ti donde puedes triunfar profesionalmente. El domingo me lees. ¡Te espero amig@! Ahora te dejo, porque tengo trabajo, es domingo y quiero hacer muchos amigos; y tú haz como yo, y sé amigo de todos y no de unos pocos, pero sigue siendo sólo de Dios, no te repartas con nadie más, porque para ayudar a otros tienes que ser libre e individual, y ¡sólo Dios basta!. La gente necesita de líderes, la gente necesita de ti.

Con afecto sincero.

 P. Jesús

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109 Carta /A ti, que la enfermedad se ha llevado a un ser querido

Domingo, 17 de marzo de 2.013

A ti, que la enfermedad se ha llevado a un ser querido:

Me escribes, hija buena y fiel a Dios, a la fe, y me dices con tristeza los acontecimientos:

Padre Jesús aquí dándole las gracias infinitas por el Evangelio del día y por su meditación, y para desearle lo mejor en este Año que entra, que sea mejor y que Dios le de vida y Salud, para seguir recibiendo estos hermosos Evangelios y sus hermosas Meditaciones que a mí siempre me llegan al Alma y más hora que estoy triste, pues mi hermano, el que tenía cáncer, falleció el sábado y hoy domingo lo sepultamos; sólo espero con una esperanza en mi Dios, se lo haya llevado Él, y esté gozando en la Gloria, en compañía de Mi Madre Santísima. Pues yo no sé si sufrió mucho, pues nada más duró tres meses. El nunca que se quejó, y yo le vi su cara tranquila. Gracias Padre Jesús por sus oraciones, yo sé que las de usted si fueron escuchadas. Dios me lo llene de Bendiciones y les deseo lo mejor para este Año Nuevo a toda la Fam. Bellido Durán. Que Dios me lo cuide y proteja siempre.

Aquí tenéis a una hija fiel a Dios y al Evangelio, que cree en el Nuevo Reino Celestial, y su fe se verá cumplida. Sí hija mía, buena y bendita del Padre, tu fe es y será recompensada.

Déjame aliviarte con mis palabras, del sufrimiento por la pérdida de quien tanto amas, porque ni la muerte puede separar a los hermanos que se aman de corazón y son buenos y fieles cristianos. ¿No sabes que por la fe de uno, el otro puede ser salvado?, porque cuando se halla en la presencia de Cristo, recuerda a su hermana, y sin testigos humanos, pronuncia su fe ante el Rey de Reyes.

Amiga mía, mi buena hija de Dios Padre, tus oraciones y bondad sanan muchos corazones; siempre, la familia, es atraída, en el último momento, por la bondad de sus parientes. ¡Nada se pierde!, cualquier palabra de fe, Dios la recoge y la suelta ante el reo que ha traspasado las puertas de la muerte para pasar a mejor vida, si quiere.      

No temáis a la muerte de vuestros seres queridos, porque vuestra bendita fe ayuda a Dios a salvarlos de la cadena perpetua en el Infierno, si en vida no se arrepintieron de sus muchos pecados contra la Ley de Dios, los diez mandamientos. No es que después de morir tengan oportunidades, no, es mientras viven que las tienen, pero en el proceso de morir, aunque la vida se va en un momento, hay unos instantes entre la muerte y el tiempo terrenal, quiero decir, que hay tiempo, poco tiempo, para decidir querer ir al Cielo con Dios, o al Infierno con Satanás. Y algunos deciden ir al Padre, por el recuerdo de los buenos, de estos familiares o amigos que han tenido paciencia y perseverancia en la fe, llevando siempre la paz allí donde están.

Todo se recuerda antes de morir, y se recuerda también todo lo bueno y todo el bien que vieron y recibieron de los buenos, de las personas de fe. Así que tu hermano te recordó, ¡seguro! Y por lo demás, siempre tengamos confianza en Dios, en su Misericordia, que es infinita y que está llena de Amor.

Dios sólo ama de una manera: totalmente, verdaderamente, ¡para siempre!, hagas lo que hagas, seas como seas; Dios siempre, SIEMPRE, te ama de la misma manera, igual a ti que a los demás, porque Dios es Amor total, integral, completo y pleno de bondad, porque Dios es el Sumo Bien.

No temáis por vuestros difuntos, porque vuestra fe, les dió muchas muestras del camino de salvación. Vosotros, tú, ayudas a Dios a salvar a los que amas, a los que Él Ama.

Dedícate a sembrar obras buenas de tu fe, con tus palabras y acciones, y recibirás tu recompensa cuando, ante el Juez Supremo, te sentencie a una vida eterna en el Cielo. Allí encontrarás a los que amas y que amaste hasta el extremo de darles siempre todo lo bueno y todo el bien. Amén.

Ten fe. Dios ganó a la muerte, resucitó y está en los Cielos.

Ten fe.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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