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Índice cronológico - 2. página

10 Carta / A ti que vives

Domingo, 11 de julio de 2.010

A ti que vives.

Hijo, hija, demos gracias a Dios por tu vida, aunque estés enfermo y lleno de dolor y tristeza, vamos tú y yo a darle gracias a Dios por tu vida. Y te enseñare que de hoy en adelante tienes la gran oportunidad de ser aun más feliz que antes. Porque te voy a mostrar la felicidad que está en el servicio desinteresado a los demás.

¿Con quién vives en la casa? Sea tu familia, comunidad, o un grupo de amistad, debes de ser para todos como la sal, debes de ser para todos como la luz. Y lo primero de todo es que sepas “desaparecer”; haz preguntas a los demás de los temas que sabes que saben bien, y deja que se luzcan en su saber, tú pregunta y calla, tú aprende escuchando y aprende callando. Muestra interés, e interésate por lo que les gusta a otros, pero no quieras ser más listo que ellos; tu interés tiene que ser para que ellos se vean interesantes, importantes, valorados en sus conocimientos, eso les ayudará más a perfeccionarse, porque querrán explicarte y que los escuches. Tú pregunta y escucha, pero que no piensen que quieres “cogerles el puesto”, sino simplemente que quieres que te cuenten lo que les interesa. Una vez hecho esto, sé caluroso en tu apreciación de su sabiduría, de su inteligencia, porque es bueno para todos que valores sus valores.

Calla más, y espera que te pregunten. A veces, todos tienen tantas cosas que decir, que al principio no van a preguntarte, pero espera, porque llegará también tu ocasión, la ocasión de compartir tu sal, tu luz. Para ellos serás importante por el hecho de haberlos hechos importantes a ellos; luego pensarán: “una persona que valora lo que soy, es alguien que es inteligente, porque yo soy alguien, y entonces querrán saber lo que tú sabes, y cuando te pregunten sobre ti y tus cualidades o intereses, diles esto, que a ti te interesa la gente, las personas, saber lo que piensan, lo que son, lo que hacen, porque todos somos hermanos de un mismo Dios Padre, y conociendo a otros, te conoces a ti mismo, y aprendes a ser mejor persona. Que esto es cierto, pero no hables de ti, guárdate bien hablar de ti, si realmente no te necesitan, porque es importante que seas sal, es decir, que sepas dar sabor a la vida de otros. Aprender a ser discreto, a ser sal y luz, es el principio de la vida, porque vivir es una competencia de poderes, es una carrera de obstáculos, y eso no te interesa, a ti lo que te interesa es hacer una vida agradable a los que compiten, mientras tu vives. Eso con los de casa. Reza mucho por ellos, para ser todos muy buenos.

Con los del trabajo, eso es distinto, si preguntas, pensarán que quieres apropiarte de sus ideas, y es mejor que observes, que seas muy observador, atento y con el oído recogiendo información. No preguntes y no juzgues el trabajo de otros en voz alta, pero ten en mente su labor porque formas parte de la empresa. Reza mucho por ellos, para ser todos muy buenos.

Con los compañeros, con los amigos, sé sencillo, no quieras ser más que ellos, pero tampoco menos, sé sencillo siendo tú mismo, y si te gustaría ser mejor, sélo, esfuérzate en serlo, porque la vida va de voluntad, de perfeccionarse, de servir a los demás compartiendo con todos las circunstancias que te toque, por el hecho de vivir. Y reza mucho por ellos, para ser todos buenos.

Vive y deja vivir, que esto es bien difícil, porque para vivir tu vida no puedes vivir la de nadie más que la tuya propia; no cambies de identidad, no te hagas actor de varios papeles, según el guión de con quien te encuentres, sé una persona íntegra todo el día, y cuando vayas a dormir, reza y da gracias por la vida.

 Con afecto sincero.

P. Jesús

© copyright

Para quien quiera contestar a la carta, CLICAR AQUÍ, aunque el P. Jesús no podrá responder a cada uno, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por esta persona y sus intenciones. EXPLICACIÓN.

11 Carta / A ti que quieres suicidarte

Domingo, 18 de julio de 2.010

A ti que quieres suicidarte.

Hijo, hija, estos malos pensamientos de que aquí no haces nada, de que nadie te quiere, de que todo es inútil, todo esto que piensas, no es bueno para ti, ni para nadie, ni para Dios. Dios te hizo nacer con un propósito positivo, quizás no lo has visto aún, quizás no quisiste verlo en su momento, pero aún está ahí la misión que Dios te encomendó. Y con estos pensamientos funestos que tienes, déjame decírtelo, ¡no has hallado aún tu misión!

La misión es conocer el amor con que Dios te ama. Sé que tú lo amas, que lo necesitas, que Dios es tu vida, pero dudas, dudas de su Amor por ti.

Te has juzgado tu mismo, tu misma, y te has sentenciado a una vida sin amor de Dios. Y, ¿sabes qué?, pues no es esa la realidad. Te lo estás pasando mal, muy mal, sin saber lo mucho que Dios te ama. Y te ama con todas estas circunstancias que te envuelven, con todas ellas, sin quitar ni una, Dios te ama. Y ¿ahora qué? ¿Qué vas a hacer?

Sin saber que Dios te ama, eres débil, eso debilita a la persona, el vivir sin saber cuánto la ama Dios.

Yo te lo digo y no te lo crees, ¿Por qué no te crees que Dios te ama? Dime. Te escucho… … … Puedes escribírmelo, de verdad.

¿Cómo puedo hacerte ver que Dios te ama y te ama tanto? A ver, vamos a ver… Quiero que lo entiendas. ¡Ya sé! Lee vidas de santos. Eso es, ve a la sección de biografías de santos, y que los de Catholicos Online pongan el link y lee, lee bien.

http://www.santodeldiaadia.com/santo/index.html

Tú piensas que los santos han nacido santos desde el vientre de sus madres, pero no es así, precisamente muchos han sido y son santos, por desear morir, en algún momento dado de su vida. Sí, así como tú ahora, que estás pensando en suicidarte, ellos, algunos, llegaron a un punto de su vida, que ya no podían más, y gracias a este estado de cosas tan tristes y trágicas, y por su soledad, por ese “desprecio” recibido de muchos, por muchos, y pensando en que a nadie les importaban, pudieron cortar con la barrera del “¿Qué dirán?”, y decidieron que ya no seguirían, a nadie, ni a la moda, ni a ningún líder, porque si los demás “pasaban” de ellos, ellos al verse cara a cara con su soledad, decidieron elegir a quién seguir, y, ¿sabes qué? decidieron seguir a Dios, a Jesús de Nazaret, porque Él, Dios, como ellos, como tú, se sintió solo, incomprendido por el mundo y solo, como tú, allí en el Huerto de los Olivos, fue al encuentro del Padre, de Dios, que te creó, a ti como a todos, y uniéndose al Padre, vivió para hacer su voluntad. Prueba tu hacer lo mismo. Total, ¿qué puedes perder, si estás pensando en perderlo todo al pensar en suicidarte; pues, antes de dar este paso, ¿qué te parece si primero intentas servir a Dios? Total, ¿Qué puedes perder, si ya lo das todo por perdido?, entonces, hijo, hija, dale un voto de confianza a Dios. Has dado tantos a tantos que te han decepcionado, que, prueba a dárselo a Dios. ¡Anda, no seas perezoso-a! Piensa un momento en la posibilidad de ser santo: de ir al Cielo directo cuando mueras. Sí, ya sé, ya sé que has pecado mucho. Bueno, ven, ven a confesarte y eso tiene remedio, si te acusas, ante Dios, que está representado por un sacerdote, de todos tus pecados, pues Dios te perdona totalmente y verdaderamente, pero cumple con la penitencia, y no quieras volver a pecar; pero como seguro pecarás, ve a confesarte tantas veces como te haga falta. Así es de fácil ser perdonado, porque lo difícil lo hizo Dios mismo por ti: Morir sin pecados. Eso es lo que hizo Dios, Jesús.

Ahora volvamos al tema de que no te acabas de creer cómo te ama Dios. Te pregunto, ¿tú sientes afecto sincero por mí? ¿Por qué? Porque con mis palabras te demuestro mi afecto, verdad que sí. Sí, y es cierto, te quiero mucho hermano mío, hermana mía, mucho, mucho. Ya ves, yo, un sacerdote, te quiero; y sabes que es cierto, lo estás notando dentro de ti, por mis palabras sinceras, pues lo mismo Dios. Recuerda sus Palabras, Palabra de Jesús, Dios: “16 Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. 18 El que cree en Él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. (S. Juan 3. 16-18)”. Es clarísimo, ¿ves?,  relee, y medita en las palabras de Jesús. Tú y tus pecados, por tu fe en Jesús, por ir a confesarlos, que es una obra de fe, Dios te da la Vida eterna, y tú aquí pensando en suicidios y tristezas. ¡Nada, nada! Lee el Evangelio, cree en Jesús, obra la voluntad de Dios y como todos los santos: derechito al cielo. Sí hombre, claro que sí, que aún te queda tiempo, ¡ya lo verás! Tú confía en la voluntad de Dios. Déjate llevar por el cumplimiento de los Diez mandamientos de la Ley de Dios, y verás cómo va a cambiar tu vida. ¡La alegría será tuya! La alegría de saberte amado por Dios. Pero vive. ¡No seas cobarde! ¡Dale un voto de confianza a Dios!

¡Hasta la próxima semana! ¡Campeón!

 Con afecto sincero.

P. Jesús

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12 Carta / A ti que estás enamorado

Domingo, 25 de julio de 2.010

A ti que estás enamorado

No quieres vivir sin ella, no lo habías pensado antes, pero, la necesitas a tu lado, para compartir lo bueno y lo malo que os traiga la vida y ser uno para el otro un punto de apoyo para llegar santos a la Vida Celestial en la eternidad. Y ¿ahora qué, muchacho? Tendrás que acercarte a ella, de manera distinta, tendrás que ser sincero y dejarte conocer bien. ¡Estás asustado! Lo sé, lo sé. Porque el amor verdadero asusta, porque peligra tu vida, si ella, si ella no te acepta.

No pensaste jamás que tu corazón podía palpitar de una forma y manera tan especial. Esa mujer te ha “robado” el corazón, con la condición de devolvértelo junto al suyo.

Esto es el amor.

Chicas, hay que dejar que el hombre se enamore primero, porque si no lo hace: vais a sufrir los dos. Así que, hija de Dios, no hagas tú planes de futuro, no pongas rostro a tu “príncipe azul”, deja que él primero encuentre en ti a su princesa.

Entonces, ¿qué debe hacer una chica que crea tener vocación al matrimonio? Ser soltera y esperar sin desesperar. Rezar y comunicarte con personas, puedes también apuntarte en Catholicos Online, en la sección de Solteros con vocación al santo matrimonio; te apuntas y esperas; rezas y confías, pero no te fíes de las primeras palabras que te digan; escucha, lee, analiza, y si te interesa, contestas; si no te interesa, mejor un silencio digno, eso no hace daño a nadie; es peor contestar: “¡no me interesas!” Si no contestas ya se supone que no te interesa, y si te interesa conocerlo más, pues le contestas, pero sé prudente, porque hay personas que engañan, sí, aunque sea en un Portal Católico. Hay que ser buenas y discretas.

Y a ti hijo, a ti te digo igual pero distinto. Tú también te puedes apuntar. Aquí que pongan los de Catholicos Online el link:

 http://www.catholicosonline.com/Familia/jovenes/catholicamigos/index.asp

Y tú sí, te vas a dar una “vuelta” por los perfiles que hay, los lees, los analizas, meditas, rezas y puedes escribir, diciendo que después de leer su perfil, has decidido escribirla por si quiere entablar una amistad. Algo así, está bien. Tampoco puedes fiarte de nadie, tienes que ser listo e investigar mediante el trato, y las conversaciones a que se den lugar.

Todo llevadlo con paz.

Y llegará la oportunidad para todos, porque Dios está también interesado en continuar la vida del hombre en la tierra, por eso mismo y porque te Ama, Dios puede disponer de su Providencia Divina para que os encontréis, en este valle de lágrimas, y que uno al otro, unidos por el Santo Matrimonio Canónico, os sequéis mutuamente las lágrimas, y por ese amor en los dos, haya alegría en vuestros corazones y en vuestro hogar, santuario de la Iglesia Doméstica. Amén.

 Con afecto sincero.

P. Jesús

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13 Carta / A ti que estás divorciado-a

Domingo, 1 de agosto de 2.010

A ti que estás divorciado-a

Hijo, hija, ¿qué pasó? ¿Es que se acabó el respeto? Cuando hay respeto, siempre hay amor y puede haber amor verdadero si lo que se respeta es primero la promesa hecha ante Dios, del “Sí quiero”. Si ha habido adulterio es mejor la separación, porque de hecho ya dejasteis de ser uno con Dios. Si tu cónyuge ha hecho adulterio, posiblemente antes de casarse contigo pensó en la posibilidad de no serte fiel, y entonces, posiblemente el matrimonio canónico no sea válido. Tienes el deber de pedir ayuda a la Iglesia, para que te aconseje, para que te apoye en estos momentos de gran tristeza, tanto espiritual como depresión psíquica. Los sentidos se nublan cuando el ser amado rompe el contrato que ha dado de por vida: unión matrimonial hasta que la muerte os separe.

Ve a tu confesor y cuéntale el horror que estás viviendo, mutilado el amor, roto en dos pedazos el corazón que debía latir al unísono al del Sagrado Corazón. 

Llama por teléfono a tu Obispado y pide cita para la sección que se ocupa del Derecho Canónico Matrimonial, para que exponiendo tu caso, revisen el mismo y te ayuden a comprender si es válido o no tu matrimonio. Ponte en manos de la Iglesia y pide ayuda siempre que la necesites.

Si estás divorciado-a, y no te casaste jamás por la Iglesia, ¿qué quieres? ¿unirte ahora a Ella? Pues sé bienvenido-a a la dicha de los hijos de Dios: tener a Cristo en Cuerpo y Alma por el Sacramento de la Comunión. ¿Quieres unirte a Dios? Ve al sacerdote de tu Parroquia y coméntale tu decisión.

Si eres divorciado y quieres casarte por la Iglesia Católica con otra persona, te pregunto: ¿Por qué quieres hacer esto? ¿Por agradar a la persona con quien te quieres casar? ¿Dejarás que continúe con su religión? ¿Permitirás que los hijos, que Dios os de, se bauticen y practiquen la fe católica? ¿No pondrás reparo alguno a nada de lo que se promete cuando uno se casa canónicamente? ¿Sabes a lo que te comprometes? No te cases por la Iglesia sin saber cómo es. Si sabiendo todo lo que necesitas saber y que pide la Iglesia Católica que sepas, y aún así quieres casarte, hablad con el sacerdote de la Parroquia.

Si eres divorciado-a, no creas que no eres, que no seas amado por Dios, porque ¡sí que te Ama Dios! Dios te Ama, y te Ama en la condición que estés, y quiere que tú sientas el Gran amor que Dios siente por ti. Profundiza en la fe. Vive en Gracia de Dios y tendrás el Amor de todo un Dios que desea, quiere, espera, que le dejes Amarte. ¡Ámalo!

Con afecto sincero.

P. Jesús

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14 Carta / A ti, que estás arrepentido:

Domingo, 12 de septiembre de 2.010

A ti, que estás arrepentido:

Ay, hijo mío, hija mía, qué duro es saber de tu mal proceder y no poder cambiar lo que has hecho, lo que has dicho. ¡Ven a mis brazos, hijo-a!, lloremos, y arrepiéntete de tus pecados, de tu daño efectuado.

Ahora, pasado el tiempo, no comprendes bien cómo pudiste llegar a hacer, a decir, lo que hiciste y dijiste. Tendrás que aceptar las consecuencias de tus actos y palabras, pero yo, sacerdote de Dios, estaré contigo, a tu lado, para consolarte, animarte y recordarte que Dios te Ama; sí, ¡te Ama!, por eso murió por ti y se quedó ¡por ti!, en los sacramentos, para que puedas volver a empezar en tu camino a la santidad.  ¿Qué dices, hijo-hija?; ¿Que te es imposible ser santo-a? No te es imposible, ¡claro que no!; puedes serlo, aún puedes y debes serlo, por eso yo me hice sacerdote, para administrarte los sacramentos que te harán santo-a; por esto estoy a tu lado llorando por tus pecados, por tus faltas, por tus errores, porque los siento míos; eres mi oveja y te perdí; ¿a cuántos sacerdotes se les pierden sus ovejas y no van a buscarlas, porque dicen que son libres?, y pobrecitas, extraviadas, no recuerdan, no encuentran el camino a Casa. El sacerdote debe visitar a sus hijos e hijas, debe ir a visitarles y decirles: “Mira, yo soy sacerdote y estoy en la Iglesia; puedes venir siempre que quieras, yo estoy a tu servicio, allí me vas a encontrar; cuando quieras venir, podemos hablar, puedo contestarte a las preguntas que te hagas sobre la Iglesia, puedo escucharte y ayudarte. Si algún día quieres verme, ven a la Iglesia, allí vas a encontrarme siempre para ti, y si sabes de otro-a que me necesite, que tan sólo quiera hablarme, venid los dos, o le dices que venga; podemos hablar de lo que deseéis, me hice sacerdote para atenderos, para consolaros o aliviaros”.  Y si quiere, puede hacer una carta a cada uno de sus feligreses, niños, jóvenes, adultos y ancianos, y se lo comunica por escrito, y puede hacer como yo, acostumbrarse a escribirles una carta. En los ayuntamientos le darán el censo, sabrá los nombres de sus feligreses, podrá rezar por ellos, sabiendo su nombre, sus datos, y puede hacer actividades, e informar según la edad de los habitantes del lugar donde Dios le ha destinado para cuidar de esas personas, para ayudar a Dios a salvar las almas de todos ellos. Cada uno de ellos es de su responsabilidad espiritual, ¡es suyo-a! para acercarlo a Dios. Si muchos sacerdotes sintieran más amor por sus feligreses, abrirían la Iglesia cada día, y estarían dentro de ella, esperándoles, para consolarles, para animarles a arrepentirse de sus actos y palabras contrarios a la Ley de Dios, y esa Parroquia, del pueblo, de la ciudad, del barrio, crecería, se sentiría amada por la Iglesia, por Dios, por el sacerdote; y las almas, confortadas del dolor de sus errores, podrían cobijar la alegría del Amor. Y un sacerdote puede consolar a todos, sean católicos, ateos, protestantes, sean quienes sean que acudan a su llamado del servicio que desea, que quiere ofrecerles desinteresadamente, respetando sus creencias, y dándoles ejemplo bueno de donde está la Verdad, en la Eucaristía; y Dios le ayudaría, como ayudó a tantos santos sacerdotes que, amando a las personas por amar a Dios, hicieron cambios en su conducta y abrieron los brazos a los arrepentidos, a los que necesitan la caridad de un sacerdote que ama a Cristo, y con Cristo, se hace Cristo para todos; porque por esto un sacerdote se hace sacerdote, para ser otro Cristo en la tierra, como lo es el Papa, como tienen que serlo todos los bautizados, incluso tú que has pecado y estás arrepentido. Ve a la iglesia, confiésate y ayuda al sacerdote en lo que haga falta, y empezad una iglesia doméstica en cada casa, en cada alma que vive cerca de ti, y que no sabe lo que hace. Ayudad a las almas, ayudadlas vosotros los que habéis pecado y estáis arrepentidos, vosotros laicos y sacerdotes, vosotros religiosos y todos, consagrados a Dios Uno y Trino, sed buenos unos con otros, porque todos en un momento u otro, os habéis sentido solos, perdidos, necesitados de consuelo, de alguien bueno que os de ánimos. Lo sé, sé que necesitas ayuda para aumentar tu fe. Ven, te espero en la Iglesia, hoy a las tres de la tarde, o a las nueve de la noche, o mañana a las siete de la mañana. Preguntas si duermo, si descanso; un sacerdote, hijo mío, hija mía, es como un padre de familia numerosa; él vive para la familia y la atiende a cualquiera hora, y puede hacerlo, tiene el sacramento del santo matrimonio que ayuda a llevar a cabo la vocación de padre, como los sacerdotes que reciben por el sacramento del sacerdocio y, al igual que los esposos y padres, si viven en Gracia de Dios, Dios viviendo con ellos, hace maravillas con su vocación y voluntad, ¡maravillas!

La semana que viene, os escribiré a vosotros, a los hijos, para animaros a reconciliar a vuestros padres que están enfadados, y que tú sufres tanto por verlos así. El domingo que viene hablaré para ti, para los que formáis parte de una iglesia doméstica.

Hoy me despido ya de ti, tú que estás arrepentido y que sufres tanto por el pecado cometido; déjame decirte que voy a rezar por ti, que me acordaré de ti mientras viva, y que con Dios vas a ganarte el Cielo, ¡ya lo creo!; si quieres, Dios hará, hace; mira, has venido a mis brazos, porque Dios te ha hablado de un sacerdote que está en la Iglesia y te está esperando siempre. ¡Ven!, arrepiéntete, porque puede volver a salir el sol para ti, y vendrá la primavera, y esas lágrimas de arrepentimiento harán nacer flores preciosas que pondrán alegría en tu corazón y sonrisas en tu rostro y en todo aquel que las vea. Gracias por ser tan bueno, tan buena, y darte cuenta de que obraste mal; eres una persona especial, porque Dios te ha tocado el corazón para que, arrepentido-a, puedas ayudar a otros a hacerlo también. Gracias, muchas gracias por arrepentirte. El mundo es mejor desde que tú has aceptado tu cruz, el dolor de tus pecados, la vergüenza de no saberte perfecto, pero, ¡vas a serlo!,  confía en mí, que por eso me hice sacerdote, para ayudarte en tus buenos, ¡santos!, propósitos de dejar que Dios te salve.

¡Ánimo!, si quieres llorar más, lloremos los dos, yo te acompaño en tu dolor,  porque es muy triste haber pecado. Pero, ¡aquí estoy yo para ayudarte a ser mejor!; ¿cómo?, dándote los sacramentos, porque en ellos está Dios mismo, y sólo Dios puede perdonar y hacerte santo. ¡Siempre ha sido así!, por esto Cristo murió por ti. Acéptalo y recemos a la Virgen del Perdón (www.virgendelperdon.com ), Ella, ¡preciosa mía, nuestra!, Ella te comprende y te acepta siempre así, arrepentido, porque Ella es la Virgen del Perdón, que pide a Dios por ti.

¡Alegría! Te has confesado, ¡estás perdonado! Verás cómo en primavera nacerán las flores de tus lágrimas de arrepentimiento. ¡Qué bonitas!,  ¡que lindas son!, salidas del dolor de tu corazón.

Hoy me cuesta despedirme, tantas semanas sin escribirte; me pasé días y noches rezando por ti, para que llegaras a arrepentirte, ahora ya puedo volver a escribir, ya te has arrepentido, confesado, comulgado, y eres feliz con lo mucho que te ama Dios. Amén.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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15 Carta / A ti, que tus padres discuten y se enfadan

Domingo, 19 de septiembre de 2.010

A ti, que tus padres discuten y se enfadan:

Hijo, hija, tenles paciencia, reza mucho por ellos, y quédate neutral ante sus riña; y si te dicen, los dos, o uno a uno, cuál crees que tiene razón, diles y díselo por Dios, aunque tengas ya hecho en tu mente y corazón tu criterio propio, pero diles por Dios y no por ti, ni por ellos, que tú amas a los dos, que necesitas de ambos y que no puedes decir lo que piensas sino lo que sientes, y es amor por cada uno de los dos.

En el fondo ellos quieren que los unas, ellos quieren que hables bien de los dos, necesitan que los unas porque la vida los está separando y sólo tú puedes recordarles que ambos te crearon junto al permiso de Dios, que les concedió este hijo, esta hija que eres tú.

Los hijos deben callar si los padres hablan, y quizás su amargura es muy grande cuando realmente ellos, o uno de los dos, hace y dice cosas graves que daña al otro. Piensa más en ellos que en ti mismo-a, piensa que ellos, por el matrimonio, se comprometieron uno al otro, o por algún momento, siendo pareja, si no están casados por el civil, piensa que en algún momento decidieron tenerte, quizás antes o quizás después de concebirte, pero hubo un momento en que ambos estuvieron de acuerdo en ser tus padres, lo aceptaron, tanto si vivían juntos como si no, ellos llegaron a un acuerdo; si ahora han cambiado, no tiene nada que ver contigo, sólo con ellos dos, por eso no puedes ponerte a favor y en contra de ninguno de los dos, a menos que no haya violencia física o maltrato psicológico; luego es distinto, no es lo mismo, pero si sólo es que discuten y se han acostumbrado a criticarse, sea a escondidas uno del otro, o sea en pleno rostro, no te metas, no te entrometas, y reza por ellos; y la Virgen María, que fue esposa, intercederá por la unión de los dos. Y aunque lo crees saber todo, porque te lo cuentan ambos, o uno de los dos,  no lo sabes todo, y, por no saberlo, es mejor hacer lo que Jesús, Dios, hizo: lavar los pies de sus apóstoles; tú lava los pies de tus padres, sírvelos, y si sois más hermanos, uníos en el servicio, y, con vuestro ejemplo, enseñadles lo que es el amor verdadero. Pon paz, ¡puedes! Por lo menos callando. Tampoco vayas a hacerles ninguna corrección fraternal a ninguno de los dos, son tus padres. Tú reza y confía en la eficacia de la oración. Y si uno de los dos tiene penas y dolor, lo escuchas, ¡eso siempre!, y con respeto, porque a veces los padres necesitan desahogarse y es mejor que lo hagan contigo y no con los amigos y no con el psiquiatra. Cuando ocurra esto, que te hablen los dos o uno de los dos, escucha siempre, con mucha caridad, y responde así: “me duele que os lo paséis mal, que te lo pases mal, porque los dos tenéis cosas muy buenas y os quiero con todo mi corazón; no quiero veros sufrir, deseo que haya paz y que arregléis las cosas con buena voluntad”. Aquí seguro que te dirán que es imposible, y etc. Así que les sigues diciendo: “Comprendo que es muy difícil la convivencia y que es muy duro aceptar lo bueno y lo malo del otro, pero… por favor, me gustaría que mañana volvieses a comentármelo, habré pensado y rezado por todos y podré tener una idea mejor de la situación”. Y llegado el mañana, otra vez, con infinita paciencia los escuchas o le escuchas; si hace falta, abrazas y lloras y besas, pero repite siempre que no estás preparado-a para dar una decisión, que necesitas más tiempo, que quieres pensar más y orar más, para poder ayudarlos mejor”. Y con tu postura y el tono pacífico y triste de tu voz, pide el respeto para ese tiempo tuyo, que necesitan ellos para reconciliarse; y Dios para ayudar a los dos, a toda la familia que tiene que ser, debe de ser, iglesia doméstica. Y reza y que te vean rezando, no escondas que estás preocupado-a, pero que sepan también que confías en los dos, en la oración y en Dios.

Y mientras y siempre, los valoras, valora lo que hacen, valora lo que dicen, por lo menos con el respeto debido y la educación correspondiente de  un buen hijo-a de escucharles con atención, de estar pendiente de lo que dicen y así se sabrán respetados y amados, ya estén los dos juntos o uno solo. Y esto sirve tanto por si eres joven o eres ya adulto, o incluso estás casado y no vives ni con ellos.

La próxima semana os escribiré contándoos como debéis actuar los hijos con los padres, a ambos igual, a menos que no haya maltrato físico o psicológico, porque cuando hay maltrato, es que el maltratador no está bien. De este tema también os escribiré en la otra semana, porque las personas sufren mucho y, aunque sufran, no a todo hay que decir amén y sufrirlo, también es de buen cristiano ayudar al que es malo-a. Y los hijos pueden hacer tanto por sus padres, pueden ayudarlos a salvarse, aunque sus padres estén separados o divorciados. Todo esto os lo iré enseñando para que, sintiéndoos útiles ayudando a vuestros padres, seáis servidores de Dios, que como Jesús, sirvió a malos y a buenos.

Pero lo importante es que sepáis que sois hijos por voluntad de Dios, y por el don que Dios os ha otorgado al ser hijos, podéis y debéis ayudar a vuestros padres. Podéis hacerlo, yo os enseñaré, porque muchos padres se han confesado conmigo y me han hablado de ello, y lo sé. 

Vosotros, para vuestros padres, sois sus hijos, lo digan o no lo digan, pero sois sus hijos, por serlo. También hablaré de esos hijos a los que les falta el amor de un padre o de los dos. Os ayudaré, hijos, para que vosotros ayudéis a los padres, y vuestro hogar sea una iglesia doméstica, con paz al principio, y luego luz y amor, y este amor lleve a una convivencia directa con Dios, Uno y Trino, y la vida familiar sea maravillosa; y aunque fuera del hogar no haya paz, la tengáis por lo menos en la familia, y sobre todo en uno mismo, en sí mismo. Os iré enseñando todo lo que sé, para que veáis que vale la pena vivir y casarse como Dios manda, porque el matrimonio, si es canónico, es fuente de alegrías, tanto físicas, como espirituales, sociales e íntimas. ¡Viva la familia!

Y recordad esto: no hay nadie más persistente que Jesús, que Dios, y aunque tus padres, o uno de ellos, sea muy tozudo, Dios, por tu oración y ejemplo, puede, CON EL TIEMPO, hacer de tu hogar, del matrimonio de tus padres, un fiel reflejo del amor de San José y Santa María, porque el amor no vive precisamente en el sexo, y aunque es natural que tus padres lo tengan, te diré que no hubo matrimonio más feliz en la tierra que los Santos José y María, que vivían ambos por y para agradar y ayudar a Dios. Os enseñaré y aprenderéis y os gozaréis en la felicidad de unos padres que os quieran sea cual fuere la situación que entre ambos tengan, porque hay algunos que ya han formado otra familia, incluso ante Dios, porque hay mucho matrimonio hecho a las prisas y corriendo, y se casan muchos sin saber lo que es el verdadero matrimonio hecho por amor, amor verdadero, recibiendo el santo sacramento.

Que tengáis una semana con alegría, la alegría de la esperanza. Hoy falta esperanza; de esto también os escribiré otro día; tengo tantas cosas por contaros, oh hijos amados, quiero que sepáis, porque, sabiendo, podréis decidir, y sé que siendo buenos, decidiréis lo mejor, y lo mejor es vivir la fe, hacer obras de la misma por Dios, con caridad.

Te quiero mucho hijo-a.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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16 Carta / A ti, que eres hijo-a

Domingo, 26 de septiembre de 2.010

A ti, que eres hijo-a:

Bendito seas por saberte hijo de Dios y de dos personas que te dieron la vida, sabiendo que la Virgen María es también tu madre, de hecho y de derecho; por tu fe es de hecho, y por ser tú hijo-a de Dios, es de derecho, como el que tienes de heredar el Cielo Eterno. Y aunque los padres son muy importantes para ti y en tu vida, tú eres mucho más importante para Dios, y Dios tiene que ser mucho más importante para ti que tus propios padres; sabiéndolo, los tratarás aún mejor, porque sabiéndote hijo de Dios, esto te da la libertad de poder ser bueno, y todo hijo-a bueno-a de Dios, hace el bien sin mirar a quien, y mucho más a sus padres. Tú, por el hecho de ser merecedor-a del Reino de Dios, debes de ganártelo con la caridad con que sirves a los demás, y entre estos demás, están tus padres también.

Llegará un momento en tu vida, si es que no ha llegado ya, que al ser una persona adulta ante Dios y ante tus padres, eres un igual en responsabilidades, y deberás ser responsable de ayudarles a tener o a aumentar su fe, ayudarles a que Dios los salve, y en todas las cosas en que buenamente puedas, porque por ellos, por tus padres, has llegado a este mundo y has recibido su cariño y afecto, y de muchos la fe y el bautismo. También para estos padres adoptivos, para ellos ¡todo tu cariño y respeto!, que son como otros San José, que te han cuidado, alimentado y enseñado.

Sobre todo hijo-a, sé bueno siempre con todos, y en estos “todos” están tus padres, también.

Si fueras hijo-a de un violador o un mal padre o una mala madre, o los dos fueran malas personas, reza por ellos pero no tengas contacto con quien está en el mal, en el mal continuo de hacer daño y dañar. Hay padres drogadictos, prostitutas, abortistas, que han practicado la eutanasia con sus propios padres, que viven del placer de la lujuria, que un día se emborrachan y el otro también, que roban, que maldicen, que mienten y engañan, que blasfeman, que son adúlteros, pederastas, homosexuales, amadores del dinero y gastan su salud y su vida en inmoralidades, y quieren que seas como ellos son (o uno de los dos es), si viven juntos, no vayas a verlos, y menos si tienes hijos, porque no es bueno codearse con los malos. Sé que posiblemente te van a sonar duras mis palabras, pero entre tus padres y tú, debes ocuparte de no pecar, de no ensuciarte, de no caerte, de mantenerte firme para que ellos, viéndote firme en la fe y en las buenas costumbres de la moral cristiana, aprendan de ti, sí, he dicho de ti. Puedes y debes ayudarles con tus oraciones sobre todo, y si necesitan ayuda económica, ¡no te olvides de ellos!

Hay hijos que tienen 25 años y aun piensan que sus padres les deben dar todo, y no es así. Hay hijos que echan en cara a sus padres lo que sus padres hicieron con ellos a los 23 años, a los 25 años, y siendo de la misma edad ahora los hijos, siguen exigiendo a los padres. Cuando sus padres tenían su edad quizás sus padres tampoco estuvieron a la altura de lo que ahora les exigen, esto no está bien. Hay hijos que para recibir ayuda de sus padres hasta los 33 y más, la exigen, y en cambio también exigen su libertad para obrar a su libre albedrío y a veces, demasiadas, no es para hacer el bien, sino que quieren practicar el egoísmo de los bebés, de hacer lo que sienten y ser el rey de la casa y además que aplaudan su “gracias”.

Hijo-a, desde el momento que puedes razonar, pongamos a los 7 años, ya eres responsable de tus pecados y por lo tanto de tu vida. Quizás la sociedad, por el estudio, y debido a que a muchos hijos sus padres les ayudan económicamente hasta muy entrada la edad adulta, no es excusa esta ayuda para que uno se comporte como un bebé de meses y quiera, exija y pida lo que no es deber de los padres, porque el deber de los padres es dar la vida, lo demás si uno nace en tiempos de guerra, de crisis económicas, o reveses que da la vida, puede la familia recibir ayuda del estado o de otros familiares, pero la vida, la responsabilidad de la vida, es de los padres; así que hijo, da gracias a tus padres por haberte dado la vida responsablemente, por haberte enseñado a vivir y sobre todo por haberte bautizado y dado la fe, porque con fe, sabes que Dios es tu Padre, y que pidiéndole lo que quieras, en nombre de Jesús, lo vas a recibir de Dios, sea a través de tus padres, de tu trabajo, del estado, de unos amigos… Dios utiliza de todos para cumplir tus oraciones. ¡Confía en Dios!, reza, colabora con tu petición y espera, y  mientras esperas, vive una vida de oración y trabajo.

La próxima semana os hablaré de las bendiciones del trabajo. Ahora sigo con los hijos y prosigo con el trato que deben dar a sus padres.

Trata a tus padres como quisieras que tus hijos te trataran a ti, y sin duda se cumplirá este deseo, serás amado por tus hijos en la medida que tú ames a tus padres, aunque hay excepciones.

Os quiero avisar de un peligro, sí, el de que te vendas por dinero a uno de tus padres, eso suele ocurrir con los padres que están separados o divorciados; quizás algunos de pequeños han vivido con su madre, que los ha atendido, aguantando el dolor de una separación matrimonial y posiblemente con maltrato psicológico o/y físico, pero pasados los años y llegada tu edad adulta te dejes comprar por el dinero del padre o la madre, del que lo tenga y te lo muestre para que, dejando al padre fiel en tu niñez, te vayas de su presencia y te unas al otro por dinero; y el otro, además, te hablará mal del que te cuidó de pequeño, y como nadie es perfecto, y como las penas eran muy grandes, posiblemente en algunas cosas tenga razón, aunque habrá exagerado, y tú para tener la conciencia limpia de tu traición, aceptarás la historia nueva que te “venderán” del padre o madre que te cuidó tan bien como pudo y supo. ¡No caigas en la maldad de venderte por dinero!, y si has caído en ello, rectifica y no dejes al padre o madre bueno que se ocupó de ti cuando lo necesitabas. Ocurre muchas veces, que el dinero hace perder la memoria; no seas tú olvidadizo y recuerda quién estuvo a tu lado en las malas, aunque posiblemente el otro padre te diga que está arrepentido, que su cónyuge te “secuestró”, que lo perdones, pero si para reconciliarte con él, y no digo perdonar, porque perdonar siempre hay que hacerlo, pero para reconciliarte, antes procura ser fiel a quien fue fiel contigo, a pesar de sus fallos e imperfecciones y errores, pero la fe se ve con la fidelidad. No hagas daño al padre que te cuidó, aunque creas que pudo haber hecho más, o que no lo hizo bien, sé fiel y no te dejes comprar, y mucho menos, escuches hablar mal de tu madre o de tu padre, del que no se separó de ti. Aunque duela despreciar dinero, dinero que te vendría tan bien ahora que estás emancipado, o estás casada, pero que es dinero de un judas, de uno que abandonó las promesas matrimoniales. No caigas en la tentación, porque vas a pagar muy caro la traición al padre que te cuidó de pequeño, de niño y de joven. Nadie puede saber lo que sufre un padre traicionado por un hijo malvado que, por dinero, se vende “al mejor postor”, y Dios hace justicia, siempre en vida, de casos así, porque la vida es sagrada, y el padre que cuidó la vida, éste, a los ojos de Dios es bendito por siempre, y aunque el otro se arrepienta y se confiese y Dios lo perdona, jamás deja Dios de lado al padre que, siendo bueno siempre, se ocupó del hijo, de los hijos. Y si no lo creéis, mirad la vida, observad a vuestro prójimo y que os relaten historias de vidas en las que un padre abandonó al hijo de pequeño y el otro no, y aunque el hijo, de adulto, se vendiera por dinero, pasado el tiempo de dolor, el padre o madre apartado, será lleno de bendiciones del Señor, si siempre se ha portado bien; y el hijo judas, pagará con dolor su traición; y el padre malvado, que abandonó a su prole, aunque ahora diga que está arrepentido, si no ha ido a confesarse, es un arrepentimiento de boquilla, porque uno sólo se arrepiente de verdad, cuando da a Dios lo que es de Dios, y si no es así, no le irán bien las cosas, al final la separación entre este hijo y su padre acontecerá, porque las conciencias son los fiscales más estrictos que jamás hallará reo alguno.

Ama a tus padres, hijo-a, ámalos por amar a Dios sobre todas las cosas; ten compasión de ellos y ayúdalos a salvarse, a vivir una vida sana. No pongas cargas innecesarias en sus espaldas, sino que tengan una vida ligera llena de tus alegrías, esas que debes darles, por vivir tu vida de fe.

Si tu padre queda viudo, si tu madre queda viuda, no la separes de sus recuerdos, aunque sufra, ¡es normal y natural que sufra la pérdida de su cónyuge! No quieras quitarle penas apartándolo-a de su casa, de sus recuerdos, deja que la vida pase y pasa la vida siempre. Si necesita ayuda, dásela siempre, y si necesita cuidados, ténlo presente, porque es natural que le ayudes, como a ti tendrán que ayudarte otros.

Si tus padres se hacen mayores y necesitan de tus cuidados, procura atenderlos, lo mismo que a tus suegros, si los tuvieres, y rezad unos por otros e ingeniároslo para vivir ayudándoos, porque nadie ha vivido ni vivirá más de 120 años, así que tú, tarde o temprano vas a vivir unas condiciones parecidas, si no peores. Con buena voluntad, hay soluciones, y todos tienen que cooperar, aunque si hay padres ancianos que no son buenos, no se merecen entrar en vuestro hogar, porque hay gente mayor que es muy mala; os lo digo en serio, hay muchos pederastas que son ancianos, muchos mal hablados y que quieren mirar en la televisión indecencias que no puede permitirse ver en un hogar cristiano. Si no puede haber buena conducta en tu casa, y más teniendo tú hijos o cónyuge, entonces busca un lugar social para ellos, para personas de la tercera edad.

Todo árbol bueno da buen fruto. Mirar el fruto, y por el fruto, conoceréis el árbol.

Tú vives para ser santo, para ser santa, ¡entérate! Y debes de apartar todo lo que pueda llevarte a pecar. Debes procurar salvarte, y en ello, ocupándote de ello, seguro que ayudas a muchos a salvarse, por tu ejemplo.

Hijo-s, no estés triste si crees que no has sido amado por ninguno de tus padres, o sólo por uno, porque aunque fuera cierto el que no te amaron, tú vives porque Dios lo permitió, y tus padres fueron el conducto natural por el que llegaste al mundo; ¡acéptalo!, y da gracias a Dios por poder amar tú a otros. Aunque tus padres no te aman ni te amaron, tú, por ser humano, y el ser humano si quiere puede amar, y tú quieres, pues ¡ama!, porque el amor no es de herencia humana, sino que es la herencia de Dios, que Dios es Amor.

Y, Dios te ama.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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Para quien quiera contestar a la carta, CLICAR AQUÍ, aunque el P. Jesús no podrá responder a cada uno, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por esta persona y sus intenciones. EXPLICACIÓN.

17 Carta / A ti, hijo, hija, te hablo sobre el trabajo

Domingo, 3 de octubre de 2.010

A ti, hijo, hija, te hablo sobre el trabajo:

El trabajo es tu bendición; un trabajo que te guste, que sea tu vocación, es doble bendición, pero puedes empezar con una bendición y, con el tiempo, pasar a tener el trabajo por vocación; pero trabaja y serás feliz, no  por el dinero que recibes por tu trabajo, sino por la satisfacción de dar.

Tú has nacido para dar, dar de ti lo mejor a la vida, porque tú le debes a la vida; en cambio la vida no te debe nada a ti. Le debes ser parte de la misma, le debes tener un lugar en la misma vida; ¡qué alegría vivir!

Cuando uno está sano de cuerpo y alma, quiere ser útil, quiere perfeccionarse en el servicio a los demás; esto es lo natural, lo sano. Todos los usureros, todos los que no quieren trabajar, estos no son sanos, estos están enfermos. Si no tienes ganas de trabajar, si te molesta que te pidan que hagas algo para los demás o para ti mismo, y te enfadas, porque quieres ser servido, entonces es que estás enfermo, o de cuerpo o de alma, porque lo natural y sano en la persona humana, es trabajar, sea cobrando o sin cobrar. Eso de ir de paseo, de estar observando lo que hacen los demás, y a veces aún criticándoles, esto es una muestra clara de enfermedad. Te lo digo en serio, hijo, hija. Y si te ocurre a ti esto, o tienes un hijo-a, o un familiar al que le ocurre esto, entonces es que tú o tu hijo-a, o este familiar, está enfermo; y no lo digo en mal plan, sino como alerta de que algo no funciona bien en ti o en esta persona. Lo más habitual que ocurre hoy en día, es la práctica en exceso de sexo, el tener la mente ocupada en este tema, y esto debilita en gran manera por los deseos ilícitos de sexo prohibido por la Ley de Dios; esto debilita las reacciones humanas, las hace más lentas y atormenta al alma el pecado. El cuerpo tiene un vínculo, una alianza con el alma; ya decían los antiguos: “cuerpo sano, mente sana”, pero un cuerpo sano no es un cuerpo 10, y gobernado por la gimnasia o el deporte, algunas personas, muchas, cuando dejan el deporte; empiezan a sentirse mal en distintas partes de su cuerpo, y a veces sin dejarlo; el deporte más sano es ocuparse de uno mismo, de su higiene y de limpiar lo que utiliza, caminar, correr; Dios no creó el cuerpo para ir en bicicleta, ni levantar pesas, esto no es lo natural en el hombre, en la persona, lo natural es caminar, correr, andar; caminar es ir despacio, correr es ir a velocidad, y andar es ir a paso ligero. ¿Es mala la gimnasia? No es natural, no son aptitudes naturales en el cuerpo físico del hombre. Si alguien quiere hacer gimnasia, ¿por qué no se va a casa de una persona anciana y necesitada, y le hace las faenas del hogar? Ese ejercicio es natural, e interviene el cuerpo y el alma, como ir a hacer recados para otros y andar. Todo ejercicio bueno tiene que ir acompañado de un porque humano, no solo el cuerpo por el cuerpo, sino que cuerpo y alma son un todo, siempre. El mejor ejercicio es el trabajo, trabajar, moverse, usar del cuerpo para un bien social como es el trabajo laboral.

Te deseo hijo-a, que sepas lo que quieres hacer para cumplir con tu deber en la vida, el de contribuir con un bien tuyo a todo el bien que recibes de los demás, porque para comer pan, antes alguien ha sembrado trigo… Debes devolver al mundo lo más y mejor, aparte de si vas a cobrar mucho o poco por este servicio, porque, cuando “paga Dios”, la paga recibida redunda en el alma y en el cuerpo.

Decide lo que te gusta, en lo que disfrutas más y es una actividad sana para ti y los demás, y pon tus deseos en oración a Dios y, mientras esperas la actitud benevolente de la Divina Providencia, haz algo bueno, algo necesario para ti, como es cubrir tus necesidades por el trabajo que realices y, que de momento, si no es el que te gusta, ¡házlo!, y que te guste hacerlo, porque tienes una deuda contraída, la de pagar tu sustento; debes ser libre, y parte de tu libertad es trabajar para cubrir tus necesidades y ayudar a los demás. Si no puedes de momento dedicarte al trabajo, a la labor de tus sueños, sigue rezando, sigue confiando en Dios y haciendo el bien siempre, y Dios te dará lo mejor. Dios prueba también con el trabajo, Dios prueba con toda tu vida, te prueba para saber si le amas, si le amas más que a todas las cosas, incluso más que este trabajo que deseas y aún no has logrado. Dios quiere saber todo de ti, es como el enamorado que vigila si la persona amada le es fiel ante la prueba. Y las desgracias de la vida son pruebas, como lo son “los goles de suerte”, como lo es la enfermedad o el quedarte sin trabajo, o el no poder acceder a ninguno de momento, o el que te despidan y estés en el paro, o sin trabajo ni ayuda económica. Dios permite; otros os han llevado a las crisis y Dios permite la libertad de todos para saber, y mientras no viene a socorrer, Dios permite. Si no obras bien, quizás Dios no vendrá a socorrerte jamás; obra bien para estar preparado-a, para vivir sin pecado mortal y poder acceder a la unión perfecta con Dios, que es la Eucaristía; y cuando estés en comunión con Dios, pídele ayuda en tu trabajo, en el trabajo de otros, en las relaciones de trabajo, en todas las pruebas de la vida; y da gracias a Dios de estar sano y poder trabajar y realizar una buena labor, que como tal, por la misma, también serás premiado-a con el Cielo Eterno.  

Hijo, hija, yo trabajo mucho; a veces, he quedado agotado de tanto como trabajo, y necesito descanso, y no hay nada como la oración seguida de un sueño reparador. La próxima semana te hablaré del descanso; mientras no llega el próximo domingo, te deseo una semana bendecida, y pido a Dios que te ayude en tu trabajo, y tú le ayudes a Él a que pueda premiarte, haciendo una buena labor; haz todo tu trabajo ofreciéndole a Dios el esfuerzo de hacerlo, y Dios, que es el mejor patrón, te dará su bendición y prosperarás en tu trabajo. De paso te doy mi bendición, y te deseo una brillante semana de trabajo agotador. ¡Trabaja hijo-a mío-a, trabaja!

Muchos problemas se solucionan con el trabajo, sobre todo los económicos, y también los de salud. Si estás triste: trabaja, ¡sé útil a los demás, cobrando o sin cobrar!; ¡Dios te lo va a pagar todo! Confía en Jesús; Él, Dios, trabajó, trabajó con vocación de ser Dios, y antes trabajó la madera. Acuérdate de Él, que siendo Dios, y el Rey del mundo, el Mesías, trabajó, y dura fue su labor y su trabajo; y también trabajó sin cobrar nada; y le pagaron crucificándolo, pero resucitó; así que si tu trabajo es duro y mal pagado, acuérdate de Dios, de Jesús, y siendo tú bueno, como Él lo fue, vas a resucitar como Él, como Dios, de los muertos, si tienes fe, si crees que Jesús es Dios, si crees que Dios nació de La Virgen María, a la que Dios Espíritu Santo cubrió con su sombra. Si crees, todo este trabajo tuyo, tan duro, te ayuda a ganarte el Cielo, si lo ofreces a Dios como obras de tu amor a Él. Y, trabaja bien, aunque no te guste tu trabajo, trabaja bien; amén.

Dios te bendiga en tu trabajo.

Un abrazo y un: “te quiero contento con tu trabajo bien hecho”. ¡Ánimo! Descansarás en la Eternidad Celestial.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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18 Carta / A ti, hijo, hija, ¿ya descansas bien?

Domingo, 10 de octubre de 2.010

A ti, hijo, hija, ¿ya descansas bien?:

Te siento cansado; noto que no estás en plenas facultades; ¿no será que tú necesitas dormir algo más? Cada quien, depende de la edad, de su organismo y sus vivencias y circunstancias, necesita más o menos descanso. El poder disfrutar de los goces lícitos y buenos de la vida, depende de que tú te encuentres bien, y estás bien cuando te cuidas físicamente y espiritualmente, depende de ti que vivas feliz; tienes que descansar lo que necesites; si pasas por tiempos de estrés, necesitarás descansar más; si tienes enemigos que te dañan, necesitarás más descanso; si tienes pecados y no los has ido a confesar, aunque descanses estarás cansado, porque la mala conciencia hace que no tengas tantas ganas de vivir; y si estás enfermo o tienes problemas de dinero, o con los hijos o familiares, necesitarás descansar más, y a la vez deberás solucionar tus problemas con la ayuda de Dios que siempre está esperando que le pidas, ¡pide!

Descansa viviendo una vida de fe, viviendo una vida en Gracia de Dios, siendo tus obras de Caridad, sirviendo a los demás, y dejándote servir, perdonando y pidiendo perdón, aceptando y mortificándote por la libertad de los demás, por su manera de ser.

Una manera de descansar es estar en oración a Dios; descansas y a la vez te llenas de la Palabra. Reza y dile a Dios todo lo que te preocupa, y Dios hará de Dios, haciendo tú de lo que eres: hijo de Dios.

Irte a confesar te dará el Amor de Dios Espíritu Santo, en la absolución de tus pecados, y te llenará de paz, la paz de dejar el peso que te cansaba tanto, de tus malas acciones o pensamientos o palabras.

Descansa, duerme, come sano y no en exceso, bebe agua, vive en Gracia de Dios, reza y canta de vez en cuando; todo esto te ayudará a sentirte mejor.

Quiero que te cuides bien, quiero que puedas dar lo mejor de ti mismo, quiero que descanses y goces de la vida, aun en medio de las adversidades, llevando tu cruz con la alegría de la fe.

Cuídate hijo, hija, porque Dios te necesita para propagar la fe, para que estés preparado para cumplir tu misión en la vida: dejar que Dios te haga santo y, con tu ejemplo, ayudar a Dios que haga santos a otros. La vida va de santidad; ¡ya descansarás totalmente en el Cielo Eterno!; ahora vive, cuídate y esfuérzate en descansar más para rendir mayor Gloria a Dios.

Ay hijo, hija, ¡Dios te quiere tanto! ¡Dios te quiere santo, santa! Amén.

Con afecto sincero.

P. Jesús

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19 Carta / A ti, hijo, hija, te hablaré del ahorro

Domingo, 17 de octubre de 2.010

A ti, hijo, hija, te hablaré del ahorro:

El ahorro, como medio de cuidar las cosas que posees, es un valor que te ayudará a ser mejor persona y a valorar lo que tienes, quién eres, lo que son los demás. Hay necesidades que no son necesarias, hay algunas que vienen impuestas por la sociedad de consumo y sobre todo por el “qué dirán”. Muchas cosas se usan y se cambian por otras, aún siendo útiles, pero ese afán de tener lo último es un peligro para no valorar lo que se tiene, y, a veces, se pasa de la utilidad de las cosas, a las personas. Se empieza con las cosas, y se continúa con las personas.

La base de nuestra fe cristiana católica es buscar la Verdad, saber la verdad, ser realistas; y la base de todo ahorro es igual, ser realistas; saber realmente cómo somos, quiénes somos, qué es lo que tenemos y qué es lo que necesitamos.

Te sugiero que hagas una lista de lo que tienes, otra de lo que necesitas y otra de lo que quieres, y basándote en el conocimiento, con la primera lista des gracias a Dios, con la segunda pidas a Dios y con la tercera aprendas a sacrificarte por el bien de tu economía, de tu paz y salud integral.

Ahorrar tiempo, para ello debes tener una agenda y tener en cuenta todas las cosas que debes de hacer, y posiblemente podrás sincronizar algunas cosas y actividades que puedes hacer el mismo día, siendo en la misma zona y lugar donde deberás llevarlas a cabo. Y como en esto, debes de meditar sobre todas tus cosas buscando lo más positivo para ti, para tu familia, y que será un ahorro de tiempo, y podrás vivir una calidad de vida mejor, porque la dispersión agobia, y te hace sentir como una marioneta de tus propias necesidades.

Haz las cosas meditando antes las consecuencias y ahorrarás en errores, en fallos, en pecados; que por el hecho de haber pensado en las consecuencias de tus posibles actos, tendrás una mejor calidad de vida porque vivirás en positivo, en Gracia de Dios.

Para ahorrarte disgustos debes de ser discreto-a, debes de saber bien lo que dices y a quién. Es mejor escuchar e interesarte por los demás, que ir de protagonista a todas horas. El interesarte por los demás te hace menos orgulloso y egoísta, y te ayuda a que tus cosas te salgan mejor, porque aprendes de otros y, callando tus proyectos, hablas de hechos. Los proyectos son para presentarlos en oración a Dios y a las personas que directamente pueden ayudarte en ellos, ya sea dándote información y conocimientos necesarios, como si forman parte de tu sociedad laboral o matrimonio y familia. Tú reza, infórmate, fórmate, pide ayuda directa y haz bien tu labor según tus buenas y lícitas aspiraciones. Los disgustos serán menos y te ahorrarás sufrimientos.

Te deseo una vida feliz en el ahorro, disfrutando de lo que Dios te ha dado y te irá dando. Confía en el Todopoderoso. Dios te Ama y quiere que vivas sufriendo lo mínimo; por lo menos, que no sufras por tus errores; cuantos menos hagas mejor. En esto estamos de acuerdo todos. La Virgen María lo hizo bien, se unió a Dios en su “sí” de humildad y servicio a la Divina Trinidad, por eso se ahorró muchos disgustos, y aunque sufrió mucho, su conciencia la tenía limpia, por haber seguido y cumplido la Voluntad de Dios. Haz como Ella, y ahorra en disgustos y en lujos, que siendo la Reina de Cielos y Tierra, su Hijo, Dios, nació en la pobreza de una cueva. Ten en mira la vida de la Virgen María, de San José, de Jesús, Dios y hombre verdadero, y verás que tu vida estará llena de lujos espirituales que te llenarán de gozo y paz, preparándote para la Herencia de los Hijos de Dios, ésta que está en el siempre de la Eternidad Celestial; total, en esta vida nadie vive más de 120 años. Ahorra y luego disfrutarás de los intereses. Que tu banco sea la Caridad.

Gracias por leerme, mí querido hijo e hijo de Dios: ¡hermano mío!

Con afecto sincero.

P. Jesús

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