Saltar al contenido

A

Índice A

9 de Enero / San Adrián, Abad de Canterbury

Nació en África. Era abad de Nérida, cerca de Nápoles cuando el Papa San Vitalinano lo escogió por su ciencia y virtud para instruir a la nación inglesa de Canterbury, aún joven en la fe. San Adrián trató de declinar la elección recomendando a San Teodoro para el cargo, pero se mostró dispuesto a compartir los trabajos de la misión.

El Papa accedió a su petición y lo nombró asistente y consejero del nuevo Obispo. San Teodoro lo nombró abad del monasterio de San Pedro y San Pablo de Canterbury, donde nuestro santo enseñó el griego, el latín, la ciencia de los Padres, y sobre todo la virtud. San Adrián ilustró el país con su doctrina y el ejemplo de su vida, durante treinta y nueve años. Murió el 9 de enero del año 710.

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Adrián, Abad de Canterbury

 

Enseñad la virtud, oh santos futuros, vosotros que decís ser católicos, enseñad y practicad la virtud, como hizo san Adrián, abad de Canterbury.

Y como san Adrián, por la humildad que tenía, podía enseñar y practicar la virtud, imitémosle hermanos en Cristo, el Dios Humilde que se hizo Hombre y todo lo hizo bien. Amén.

P. Jesús

© copyright

17 de Enero / San Antonio Abad

Nació en una población del alto Egipto, al sur de Menfis, el año 251. Antonio se retiró a la soledad siguiendo el ejemplo de un anciano ermitaño de los alrededores. El trabajo manual, la oración y la lectura constituyeron en adelante su principal ocupación. A los 54 años de edad, hacia el año 305, abandonó su celda en la montaña y fundó un monasterio en Fayo. El monasterio consistía originalmente en una serie de celdas aisladas, pero no podemos afirmar con certeza que todas las colonias de ascetas fundadas por san Antonio estaban concebidas de igual manera. Más tarde, fundó otro monasterio llamado Pispir, cerca del Nilo.

San Antonio exhortaba a sus hermanos a preocuparse lo menos posible por su cuerpo, pero se guardaba bien de confundir la perfección, que consiste en el amor de Dios, con la mortificación. Aconsejaba a sus monjes que pensaran cada mañana que tal vez no vivirían hasta el fin del día, y que ejecutaran cada acción, como si fuera la última de su vida. “El demonio-decía- teme al ayuno, la oración, la humildad y las buenas obras, y queda reducido a la impotencia ante la señal de la cruz”.

Hacia el año 355, hizo un viaje a Alejandría a petición de los obispos para refutar a los arrianos. Ahí predicó la consustancialidad del Hijo con el Padre, acusando a los arrianos a confundirse con los paganos “que adoran y sirven a la creatura más bien que al Creador”, ya que hacían del Hijo de Dios una creatura.

Murió en el año 356, a la edad de 105 años. Parece que en 561, sus restos fueron descubiertos y trasladados a Alejandría, después a Constantinopla, y finalmente a Vienne de Francia. Las imagenes representan generalmente a San Antonio con una cruz en forma de T, una campanita, un cerdo, y a veces un libro. La liturgia bizantina invoca el nombre de San Antonio en la preparación eucarística, y el rito copto.

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Antonio Abad

 

San Antonio, santo de santos, hombre prudente y sabio, hombre de fe basada en el amor a la bendita Madre de Dios, a la que veneraba y tenía como suya; Ella lo consolaba, ella lo cuidaba y por eso vivió tanto, porque cuando una Madre cuida de su hijo, es un consentido del Padre. Todos los que queráis vivir muchos años para servir a la humanidad, pasando por el amor total e integral a la Divinidad un sólo Dios, acudid a María, dejad que Ella os adopte legalmente; no la veáis lejos, sino cerca, muy cerca, como lo que es tu verdadera Madre.

San Antonio, abad, pudo sobrevivir en su soledad porque no estaba solo, porque en el corazón de Antonio estaba la relación de amor total y pleno a esa Madre que Dios nos dio a cada uno de nosotros, de esa Madre que siempre te ve niño, que siempre está pendiente de ti y que en todas tus cosas se implica y te ayuda para que puedas hacerlas siguiendo la voluntad de Dios Padre, como hizo con su verdadero hijo Cristo, Dios Hijo.

Fíate de la Madre de Dios, de María, como lo hizo Jesús y triunfó: Resucito; nos Salvó, ¡triunfó!

Si tú quieres triunfar en tu vida, si tú quieres tener éxito en toda ella, deja que una Mujer que te ama sea tu ayuda, tú consejera, tú intercesora delante Del que todo lo puede, del Todopoderoso Amor que es Dios.

La clave de todo éxito humano es María.

P. Jesús

© copyright

5 de Febrero / Santa Agueda, Virgen y Mártir

Perteneció a una familia rica e ilustre, y que habiendo sido consagrada a Dios desde sus primeros años, triunfó de los muchos asaltos a su pureza. Quinciano, un dignatario consular pensó que podría llevar a cabo sus perversas intenciones contra la santa a través del edicto del emperador contra los cristianos. Así, Quinciano ordeno que la entregaran a una casa de mala fama donde la santa sufrió asaltos y asechanzas contra su honra.

Luego de un mes, Quinciano trató de asustarla con sus amenazas, pero ella se mantuvo como una fiel sierva a Jesucristo. Molesto por su negativa, el cónsul mandó que fuera azotada y llevada a prisión. Al día siguiente fue interrogada de nuevo pero su firme adhesión a Cristo fue motivo de nuevas torturas y sufrimiento para la santa, quien expiró pronunciando alabanzas para nuestro Señor.

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa Agueda, Virgen y Mártir

“¡Antes de pecar, morir!”. Con su conducta, los santos van pronunciando con sus hechos esta frase que tanto agrada a Dios, nuestro Señor Jesucristo. Así lo hizo también, con sus hechos dijo tal frase santa Águeda, virgen y mártir. Es difícil ser santo. Y hoy hay tantos que quieren “bajar” el listón de la santidad; pero la santidad sigue siendo cosa de no pecar, de defender y preservar tu fe.

P. Jesús

© copyright

9 de Febrero / Santa Apolonia, Virgen y Mártir

Murió en Alexandria (Egipto) en 249 AD
Su fiesta se celebraba el 9 de febrero en el antiguo calendario litúrgico.
Vida de los Santos, Butler

Según la tradición, los padres de Apolonia no tenían decendecia a pesar de sus constantes oraciones a sus dioses. Finalmente la futura madre le pidió a la Virgen Santísima que interceda por ellos. Cuando la joven Apolonia conoció las circunstancias de su nacimiento, se hizo cristiana.

San Dionisio, obispo de Alejandría, fue testigo de la muerte de Apolonia quien era para entonces una diaconesa de edad avanzada. La describió en una carta a Fabio que fue preservada por Eusebio, obispo de Antioquía.

Estalló una persecución de los cristianos por el populacho pagano de Alejandría en el último año del reino del emperador Felipe. Los cristianos eran arrastrados fuera de sus casas y asesinados, sus propiedades saqueadas. La persecución comenzó cuando un poeta de Alejandría profetizó desastre por la presencia de los cristianos a los que consideraba impíos por no adorar a los dioses.

La primera víctima fue un anciano venerable llamado Metras o Metrius, a quien trataron de obligar a proferir blasfemias contra Dios. Cuando se negó, lo azotaron, le clavaron astillas de caña en los ojos, y lo mataron a pedradas.

La siguiente persona que aprehendieron fue a una mujer cristiana, llamada Quinta, a quien llevaron a uno de sus templos para forzarla a adorar al ídolo. Ella se dirigió al falso dios con palabras de desprecio que exasperaron tanto al pueblo que la arrastraron por los talones por encima del empedrado, la azotaron y le dieron muerte a pedradas. Por esos días, los alborotadores habían llegado al colmo de su furor. Los cristianos no ofrecían resistencia, sino que se daban a la fuga, abandonando todas sus pertenencias, sin quejarse, porque sus corazones estaban despegados de la tierra. Su constancia era tan general, que San Dionisio no supo de ninguno que hubiera renunciado a Cristo.

Se apoderaron de Apolonia y la golpearon en la cara, le tiraron todos los dientes, y después, prendiendo una gran hoguera fuera de la ciudad, la amenazaron con arrojarla dentro si no pronunciaba ciertas palabras impías. Les rogó que le dieran unos momentos de tregua, como si fuera a considerar su posición. Entonces, para dar testimonio de que su sacrificio era perfectamente voluntario, tan pronto como la dejaron libre, se lanzó dentro de las llamas.

Luego descargaron su furia sobre un santo hombre llamado Serapión y lo atormentaron en su propia casa; después lo tiraron de cabeza desde la azotea.

En la mayoría de las regiones de la Iglesia occidental se encuentran iglesias y altares dedicados en honor de Santa Apolonia, pero no se la venera en ninguna iglesia oriental, aun cuando sufrió en Alejandría.

San Agustín explica por que razón anticipó su muerte. El santo supone que obró por una dirección particular del Espíritu Santo, porque de otra manera no sería lícito hacerlo; nadie puede apresurar su propio fin.

Se la invoca contra el dolor de muelas y todas las enfermedades dentales, y se la presenta con un par de pinzas que sostienen un diente o si no, suele distinguirse por un diente de oro pendiente de su collar.

Santa Apolonia intercede por nosotros, para que no cedamos ante el paganismo actual que nos arrastra y nos quiere seducir. Que tu ejemplo y el de los otros mártires nos de fuerza para ser fieles a nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa Apolonia, Virgen y Mártir

Santa Apolonia, virgen y mártir, vivió en un tiempo de la historia de la humanidad en que faltaba humanidad y santidad. Ella fue santa, así lo declara la Santa Madre Iglesia, que tiene el don de poder decir quien es o no es santo. Si la Iglesia proclama santa a santa Apolonia, a pesar de que los historiadores dicen que ella misma se adelantó a echarse al fuego, donde ya iban a arrojarla, es porque sabe, sabe que hay santos, como santa Apolonia, que reciben por inspiración Divina mandatos quizás incomprensibles para algunos hombres, y quizás sean hombres de fe, pero Dios sabe el porqué de todo, y todos lo sabremos en el juicio universal. Sí, también sabremos de tus intenciones, y de las mías.

No juzguemos a los santos, porque ellos son santos.

P. Jesús

© copyright

19 de Febrero / San Auxibio, Obispo

Auxibio nació en Roma, de padres idólatras y tenía carácter dulce y honesto. Para asegurarle un puesto en el desempeño de los cargos públicos, su padre quiso que contrajera un matrimonio ventajoso, pero el santo tenía otros propósitos y pensaba en hacerse cristiano, huyendo de la ciudad y embarcándose en secreto hacia la isla de Chipre.

En dicho lugar, Auxibio encontró a Juan Marcos, pariente de San Bernabé quien lo bautizó, confirmó y lo instruyó sobre como predicar para luego ordenarlo sacerdote y obispo. Juan Marco le confió también la misión de predicar en la ciudad de Soles, donde fue acogido favorablemente por un sacerdote de Júpiter, a quien lo edificó con su vida santa, hasta llegar a convertirlo.

El Apóstol Pablo supo por Juan Marcos los progresos que hacía la fe en Chipre y le confió a Heracles el poder de instituir más obispo y de construir una nueva Iglesia. Auxibio empezó a predicar la fe en pleno día y luego de la construcción y consagración del nuevo edificio, comenzó su obra de apostolado a la vista de todos.

La gracia de Dios lo sostuvo y los milagros corroboraron su predicación de modo que llegó a formar en Soles una comunidad cristiana floreciente. Después de un episcopado de 50 años, Auxibio sintió que se aproximaba su fin y reunió a su clero y los exhortó a permanecer firme en la fe.

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Auxibio, Obispo

Para vivir bien la fe, necesita un santo ayuda de otras personas cristianas, como le aconteció a san Auxibio, obispo, que con la ayuda de fieles creyentes, su fe se robusteció y, por la ayuda en las enseñanzas de la predicación, pudo al final el santo salir a la luz del día a predicar y, siendo luz y ejemplo de santidad, cambió buena parte de las personas que le oían, y no le faltaba la señal y el poder de Dios, que hacía milagros a través y con él.

P. Jesús

© copyright

5 de Marzo / Santos Adrián y Eubulo, Mártires

En el sexto año de la persecución de Diocleciano, siendo Firmiliano gobernador de Palestina, Adrián y Eubulo fueron de Batenea a Cesarea para visitar a los confesores de la fe. Cuando los guardias de la ciudad les interrogaron sobre el motivo de su viaje, los mártires respondieron sin rodeos que habían ido a visitar a los cristianos. Inmediatamente fueron conducidos ante el gobernador, quien los mandó azotar y desgarrar las carnes con los garfios de hierro, para ser arrojados después a las fieras.

Dos días más tarde, durante las fiestas de la diosa Fortuna, Adrián fue decapitado, después de haber sido atacado por un león. Eubolo corrió la misma suerte, uno o dos días después. El juez le había prometido la libertad a este último, con tal de que sacrificara a los ídolos, pero el santo prefirió la muerte.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santos Adrián y Eubulo, Mártires

Otra propuesta para hoy, a ver qué te parece ésta; ¿podríamos renunciar a las cosas mundanas, a querer quedar bien con la sociedad actual y hacer como hicieron los santos Adrián y Eubulo, mártires, que fueron claros en las intenciones de su fe? Hoy en día no hay leones, aunque de diferente manera quieren cortar la cabeza, antes literalmente, hoy con las malsanas y malvadas ideas.

¿Te atreves a decir que amas a Dios sobre todas las cosas? ¿Te atreves a decir que eres católico, católica y que vas a Misa?

¿Lo hacemos? ¡Va! Te animo a ello. No temas, que no van a cortarte la cabeza literalmente y, en cuanto a las ideas, ¿puedes luchar con ellas? ¿Cómo eres? ¿Eres capaz de luchar por saber y vivir la verdad? Aprende la Biblia, aprende del Catecismo de la Iglesia Católica y sé “mártir” voluntariamente por vivir tu fe en estos tiempos de tantas infidelidades, donde la palabra dada se devuelve y “aquí no ha pasado nada”.

P. Jesús

© copyright

25 de Marzo / Solemnidad de la Anunciación

Esta gran fiesta tomó su nombre de la buena nueva anunciada por el Arcángel Gabriel a la Santísima Virgen María, referente a la Encarnación del Hijo de Dios. Era el propósito divino dar al mundo un Salvador, al pecador una víctima de propiciación, al virtuoso un modelo, a esta doncella –que debía permanecer virgen- un Hijo y al Hijo de Dios una nueva naturaleza humana capaz de sufrir el dolor y la muerte, afín de que El pudiera satisfacer la justicia de Dios por nuestras transgresiones. El mundo no iba a tener un Salvador hasta que Ella hubiese dado su consentimiento a la propuesta del ángel. Lo dio y he aquí el poder y la eficacia de su Fíat. En ese momento, el misterio de amor y misericordia prometido al género humano miles de años atrás, predicho por tantos profetas, deseado por tantos santos, se realizó sobre la tierra. En ese instante el alma de Jesucristo producida de la nada empezó a gozar de Dios y a conocer todas las cosas, pasadas, presentes y futuras; en ese momento Dios comenzó a tener un adorador infinito y el mundo un mediador omnipotente y, para la realización de este gran misterio, solamente María es acogida para cooperar con su libre consentimiento.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Solemnidad de la Anunciación

Amada Virgen María, tú eres la Historia misma; tú eres la portadora de la feliz profecía: el Mesías; tú eres Virgen María, la Madre de Dios y madre mía.

El día que se conmemora la Solemnidad de la Anunciación, es día de fiesta para el corazón cautivo y lleno de penas, fracasos, pecados y sufrimientos, porque Ella, dijo “Sí”, y la Historia se efectuó, y Dios, Amando a la Mujer, le engendró un Hijo, su Hijo; Dios mismo. Y hoy, ahora, tú eres salvado, no tienes nada que temer, pues el Cielo te es asegurado como herencia, obtenida por ser hermano de Cristo, el Hijo de María.

P. Jesús

© copyright

2 de Octubre / Fiesta de los Ángeles Custodios

En la Biblia la palabra Ángel significa “Mensajero”, un espíritu purísimo que está cerca de Dios para adorarlo, y cumplir sus órdenes y llevar sus mensajes a los seres humanos. 
En el siglo II el gran sabio Orígenes señalaba que “los cristianos creemos que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos guíe y proteja”.

En el Nuevo Testamento es tan viva la creencia de que cada uno tiene un ángel custodio, que cuando San Pedro al ser sacado de la cárcel llega a llamar a la puerta de la casa donde están reunidos los discípulos de Jesús, ellos creen al principio, que no es Pedro en persona y exclaman: “Será su ángel” (Hechos 12, 15).

En el año 800 se celebraba en Inglaterra una fiesta a los Ángeles de la Guarda y desde el año 1111 existe una oración muy famosa al Ángel de la Guarda. Dice así: “Ángel del Señor, que por orden de su piadosa providencia eres mi guardián, custodiame en este día (o en esta noche) ilumina mi entendimiento, dirige mis afectos, gobierna mis sentimientos, para que jamás ofenda a Dios Señor. Amen.

Y en el año 1608 el Sumo Pontífice extendió a toda la Iglesia universal la fiesta de los Ángeles Custodios y la colocó el día 2 de octubre.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Fiesta de los Ángeles Custodios

Hoy día, que la técnica ha avanzado tanto; hoy día, que para seguir la ruta y llegar al destino, existen los GPS, podríamos decir que son estos aparatos, semejantes a lo que son los Ángeles de la Guarda. Aquellos nos avisan de las curvas, de los desvíos, de los cambios de rasante; y les hacemos caso; entonces ¿por qué no creer y hacer caso a los Ángeles de la Guarda?

Cuando Dios expulsó a Adán y a Eva del Paraíso, y puso a un Ángel guardando el sitio, podemos pensar, que con lo mucho que nos ama, dispuso también que el hombre, para no olvidarse del camino de regreso al Paraíso, tuviera su Ángel de la Guarda que lo avisara, por la Gracia y voluntad de Dios, de todo mal que hay en su vida. Eso que algunos llaman percepción, telepatía… ¿No serán los Ángeles de la guarda que se comunican entre sí, en el caso de la telepatía; y en el caso de percibir, de saber, no será que el Ángel de la Guarda, sirviendo a Dios Espíritu Santo, hace de intérprete suyo para nuestro bien?

No estamos solos. Dios nos ama demasiado, para dejarnos circular por la tierra sin una ayuda espiritual que nos recuerde y nos guarde. Y eso hace el Ángel de la Guarda.

P. Jesús

© copyright

8 de Abril / Beato Augusto Czartoryski (1858-1893)

Sacerdote salesiano.

Augusto Czartoryski nació en París el 2 de agosto de 1858, en el exilio. Desde hacía unos treinta años su noble estirpe, ligada a la historia y los intereses dinásticos de Polonia, había emigrado a Francia, y desde el Palacio Lambert, en la rivera del Sena, dirigía una vasta acción entre los connacionales y ante las Cancillerías europeas, con el fin de restaurar la unidad de la patria, desmembrada y repartida desde el 1795 entre las grandes potencias.

El príncipe Adán Czartoryski, guerrero y hombre político, había cedido las riendas de la estirpe, así como de la actividad patriótica, al príncipe Ladislao, unido en matrimonio con la princesa María Amparo, hija de la reina de España María Cristina y del duque Rianzárez. Son éstos los padres de nuestro Augusto. Él, primogénito de la familia, fue visto como el punto de referencia de todos los que, después del tercer desmembramiento de Polonia, soñaban con su renacimiento. Pero los designios de Dios eran otros.

Cuando él tiene seis años muere su mamá, enferma de tuberculosis: una herencia que transmitirá al hijo. Cuando el mal manifestó en él sus primeros síntomas, comenzó para Augusto una larga y forzosa peregrinación en busca de la salud, que nunca recuperará: Italia, Suiza, Egipto, España fueron las principales estaciones de su vagar. Pero no era la salud el principal objetivo de su búsqueda: coexistía en su ánimo juvenil otra búsqueda mucho más preciosa, la de su vocación.

Él no había tardado mucho en darse cuenta de que no estaba hecho para la vida de la corte. A los veinte años, escribiendo a su padre, le decía entre otras cosas, aludiendo a las fiestas mundanas, a las que se veía obligado a tomar parte: “Le confieso que estoy cansado de todo esto. Son diversiones inútiles que me angustian. Me molesta estar obligado a hacer conocimientos en tantos banquetes”.

Mucho influyó sobre el joven príncipe su preceptor José Kalinowski. Éste – canonizado por Juan Pablo II en 1991 – había sufrido diez años de trabajos forzados en Siberia, y se hará después Carmelita. Fue preceptor de Czartoryski sólo por tres años (1874-1877), pero dejó en él su huella. Es él quien nos hace saber que quienes orientaron al príncipe en su búsqueda vocacional fueron sobre todo las figuras de san Luis Gonzaga y de su compatriota san Stanislao Kostka. Estaba entusiasmado del lema de este último: “Ad maiora natus sum”. “La vida de san Luis del P. Cepari que me mandaron de Italia – escribe después Kalinowski – tuvo eficacia resolutiva en el progreso espiritual de Augusto y le abrió el camino a una más fácil unión con Dios”.

Cuando Kalinowski entró entre los Carmelitas, el padre de Augusto, aceptando su propuesta, puso al lado de su hijo como nuevo preceptor a un sacerdote, don Stanislao Kubowicz. Esto fue para el joven un posterior auxilio espiritual.

Pero el acontecimiento decisivo fue el encuentro con don Bosco.

Augusto tenía 25 años, cuando lo conoció. Esto sucedió en París, precisamente en el palacio Lambert, donde el Fundador de los Salesianos celebró la Mesa en el Oratorio de la familia. Ayudaban en el altar el príncipe Ladislao y Augusto. “¡Desde hace mucho tiempo deseaba conocerlo!”, le dijo don Bosco a Augusto. Desde aquel día Augusto vio en el santo educador al padre de su alma y al árbitro de su porvenir.

En el joven la vocación a la vida religiosa se había ido aclarando cada vez más. Que él no mostrase inclinación a formarse una familia, a pesar de su calidad de primer heredero, aparecía siempre más explícitamente. Ante precisas propuestas de matrimonio, Augusto, si por una parte por respeto a su padre y según la etiqueta de la nobleza no había opuesto un neto rechazo, por otra parte sin embargo jamás había mostrado interés por las personas indicadas.

Ahora, después del encuentro con don Bosco, Augusto no sólo sintió que se reforzaba su vocación al estado religioso, sino que tuvo la clara convicción de ser llamado a ser salesiano. Y en efecto de ahora en adelante “en cuanto su padre se lo permitía – escribe don Ceria – Augusto iba a Turín para encontrarse con don Bosco y recibir sus consejos. Hizo también varios cursos de Ejercicios Espirituales bajo la dirección del Santo, tomando habitación en el Oratorio, con gran molestia para él por la falta de comodidad”.

Don Bosco había llegado a ser pues el punto de referencia para el discernimiento vocacional del joven. El Santo sin embargo tuvo siempre una actitud de gran cautela sobre la aceptación del príncipe en la Congregación. Será en cambio el Papa León XIII en persona, quien resolverá toda duda. Reconociendo la voluntad de Augusto, el Papa concluyó: “Decid a don Bosco que es voluntad del Papa que os reciba entre los Salesianos”. “Muy bien, mi amigo”, respondió inmediatamente don Bosco, “yo lo acepto. Desde este instante, usted forma parte de nuestra Sociedad y deseo que pertenezca a ella hasta la muerte”.

A finales de junio de 1887, después haber renunciado a todos sus derechos en favor de los hermanos, el joven fue mandado a San Benigno Canavese para un breve aspirantado, antes del noviciado, que comenzó en ese mismo año bajo la guía del Maestro don Giulio Barberis. Augusto debe cambiar muchas costumbres: el horario, la comida, la vida común… Debe también luchar contra los tentativos de la familia, que no se resigna a esta elección. Su padre va a visitarlo y trata de disuadirlo. Pero Augusto no se deja vencer. El 24 de noviembre de 1887 hace la vestición en la Basílica de María Auxiliadora por manos de don Bosco. “Ánimo, mi príncipe – le susurra el Santo al oído -. Hoy hemos alcanzado una magnífica victoria. Pero puedo también decirle, con gran alegría, que vendrá un día en el que usted será sacerdote y por voluntad de Dios hará mucho bien a su patria”.

Don Bosco muere después de dos meses, y sobre su tumba en Valsálice el príncipe Czartoryski llega a ser salesiano emitiendo los votos religiosos.

La enfermedad hace que él sea enviado a la costa lígure, y aquí se enfrenta a los estudios de teología. El decurso de su enfermedad hace que la familia emprenda con mayor insistencia los tentativos (de alejarlo de la vocación), acudiendo aún a la (obra persuasiva) de los médicos. Al cardenal Parocchi, a quien le ruegan que use su influencia para arrancarlo de la vida salesiana, él le escribe: “En plena libertad he querido emitir los votos, y lo hice con grande alegría de mi corazón. Desde aquel día gozo, viviendo en la Congregación, una grande paz de espíritu, y doy gracias al Señor que me ha hecho conocer la Sociedad Salesiana y me ha llamado a vivir en ella”.

Preparado por el sufrimiento, el 2 de abril de 1892 es ordenado sacerdote en San Remo por Mons. Tommaso Reggio, obispo de Ventimiglia. El príncipe Ladislao y la tía Isa no participaron a la Ordenación. Toda la familia se reunió después en Mentone el 3 de mayo. Fue una tácita reconciliación, que le imponía al príncipe Ladislao la renuncia definitiva a sueños obstinadamente acariciados.

La vida sacerdotal del padre Augusto duró apenas un año, que él pasó en Alassio, en una habitación que daba al patio de los muchachos.

El cardenal Cagliero resume así esté último período de su vida: “¡Él ya no era de este mundo! Su unión con Dios, la conformidad perfecta con el divino querer en la agravada enfermedad, el deseo de conformarse a Jesucristo en los sufrimientos y en las aflicciones, lo hacían heroico en la paciencia, calmo en el espíritu, e invencible, más que en el dolor, en el amor de Dios”.

Se apagó en Alassio la tarde del sábado 8 de abril de 1893, en la octava de Pascua, sentado en el sillón que había usado don Bosco. “¡Qué hermosa Pascua!”, había dicho el lunes al hermano que lo asistía, sin imaginar que el último día de la octava lo habría celebrado en el paraíso. Tenía treinta y cinco años de edad y cinco de vida salesiana. En su estampita de Primera Misa había escrito: “Para mí un día en tus atrios vale más que mil fuera. Bienaventurado quien vive en tu casa: siempre canta tus alabanzas” (Salmo 83).

Sus restos fueron trasportados a Polonia y sepultados en la cripta parroquial de Sieniawa, junto a las tumbas de familia, donde un día Augusto había hecho su primera comunión. Sucesivamente sus despojos fueron trasladados a la iglesia salesiana de Przemysl, donde se encuentran aún hoy.

Fue beatificado por Juan Pablo II el 25 de abril de 2004.

Biografía: Página oficial del Vaticano

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Beato Augusto Czartoryski (1858-1893)

Del Beato Augusto Czartorysky podemos decir que puede hacer suya, y bien suya, la frase “Todo lo puedo en Cristo porque me fortalece”. Luchó y se quedó con el trofeo de la victoria de una vida ofrecida a Dios, la santidad. En el Cielo está ya, y para siempre.

P. Jesús

© copyright